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hace 1 hora

El sueño truncado de un futbolista sirio

Esta es la historia de Mohamed, un joven sirio que tuvo que huir de la guerra y cruzar el mar Mediterráneo para llegar a las costas europeas.

Mohamed huyó con su familia de la guerra en Siria y después de arriesgar su vida arribó al puerto de Sicilia. / Alessandro Penso

Mohamed siempre había soñado con una carrera en el fútbol internacional. A los 17 años de edad era el capitán de la selección juvenil de Siria, a pesar de ser el jugador más joven del combinado. Delantero y con el número 10 a la espalda, había marcado 64 goles en 52 partidos. Sin embargo, el 15 de abril dejó todo atrás y escapó de Siria arriesgando su vida en una frágil embarcación con la que cruzó el Mediterráneo.

“¿Dónde está nuestra estrella?”. “Nuestro mejor jugador no debería habernos dejado”. “Se ha ido a Alemania”: son algunos de los mensajes que aparecen en el muro de Facebook de Mohamed, junto con fotos y videos que muestran sus habilidades en el terreno de juego.

Cuando comenzó el conflicto, Mohamed estaba tan absorto en el fútbol que no prestó mucha atención a las noticias sobre la guerra. Pero pronto el conflicto comenzó a invadir su vida cotidiana. Al tomar el autobús para acudir a los entrenamientos, las explosiones se hicieron más y más frecuentes. Cuando escuchaban las bombas, Mohamed y el resto de compañeros se echaban al suelo y se cubrían entre los asientos. Hasta que llegó el día en el que, en medio de un partido, una bomba impactó en el campo y mató a uno de sus compañeros de equipo. Ese día Mohamed se dio cuenta de que no quería continuar.

Además, se avecinaba el decimoctavo cumpleaños de Mohamed, trayendo consigo la perspectiva de un reclutamiento forzoso para el ejército sirio. “Decidimos salir de Siria para proteger su futuro”, relata su padre.

Acompañado por su padre y su tío, Mohamed cruzó la frontera de Turquía hasta la ciudad portuaria de Mersin. Tenía por delante cientos de kilómetros en un viaje repleto de peligros. Tuvieron que atravesar a pie montañas, negociar el transporte y evitar a los traficantes, todo en un entorno en guerra.

En Mersin encontraron un barco que los llevaría a Europa. Se trataba de un buque mercante ya viejo, en el que viajaron hacinados junto a cientos de compatriotas. El segundo día el barco comenzó a hacer agua. Cuando fueron rescatados, la embarcación apenas se mantenía a flote. Cinco días más tarde desembarcaban en Sicilia.

Mohamed se sienta ahora en una cama plegable en el centro de recepción de migrantes en Pozzallo. Está rodeado de familias sirias y, tras él, en la pared se suceden dibujos, mensajes en árabe, banderas sirias y una foto de un barco con vías de agua con la leyenda “el barco de la muerte”.

Mohamed tiene una mirada seria y decidida. Nos transmite la sensación de ser una persona que, a pesar de todas las dificultades, no va a renunciar fácilmente a sus aspiraciones

“Espero que los clubes europeos lean mi historia y me ayuden a perseguir mi sueño: jugar al fútbol”, dice Mohamed. “Me gustaría llegar a Alemania y jugar en el Borussia Dortmund, o a España y formar parte del Real Madrid. No puedo volver a Siria; me siento como un desertor”.

Alguien trae un balón. Mohamed lo bota antes de empezar a darle toques con la cabeza. Juega con él con pericia, se lo pasa desde la cabeza al pie, del hombro a la rodilla. Los compañeros de habitación forman un círculo a su alrededor, aplauden y animan los malabarismos de Mohamed con la pelota. Por primera vez en mucho tiempo, Mohamed sonríe.

Migración masiva

Más de 35.000 personas han cruzado el Mediterráneo para llegar a Italia entre enero y la primera mitad de mayo de 2015. El año pasado, más de 170.000 migrantes, refugiados y solicitantes de asilo alcanzaron las costas italianas. Muchas de las personas rescatadas de embarcaciones hacinadas y que carecen de las condiciones para realizar una travesía como la del Mediterráneo centro son trasladadas a Sicilia. En el puerto de Pozzallo, en la provincia meridional de Ragusa, los migrantes son recibidos en el muelle por un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF), junto al personal del Ministerio de Sanidad de Italia.
 

*Colaboración entre Médicos Sin Fronteras y El Espectador.

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