Elecciones en Chile, ¿un nuevo porvenir?

Michelle Bachelet plantea una serie de reformas, entre éstas la redacción de una nueva Constitución, que podrían sentar las bases para una transformación en este país.

Los candidatos presidenciales chilenos Marcel Claude, Michelle Bachelet, Evelyn Matthei, Marco Enriquez Ominami, Alfredo Jocelyn Holtz, Ricardo Israel, Alfredo Sfeir, Franco Parisi y Roxana Miranda. /EFE

Los chilenos salieron a las calles a protestar, extenuados ante la sobrevalorización de los resultados en la macroeconomía, la imposición de las leyes, la deificación del mercado y la desnacionalización del cobre. Con la voz de Camila Vallejo, presidenta de la Confederación de Estudiantes Chilenos, emergió la "primavera" chilena. La joven de 24 años, militante del Partido Comunista, ha dado imagen y espíritu al movimiento estudiantil, que se tomó las calles de Santiago para "decir que la juventud no es apática, apolítica ni individualista", reivindicar cambios estructurales en la educación, cuestionar el modelo político y económico vigente, algo que puso en jaque al gobierno del presidente Sebastián Piñera.

En el país que apostó por las privatizaciones y uno de los primeros en firmar tratado de libre comercio con Estados Unidos, la educación ha sido una de las expresiones más evidentes de esta política y el resultado ha sido la tecnificación de la mayoría de jóvenes chilenos. La educación se ha convertido en un factor más de desigualdad en el "exitoso" modelo chileno, en el que la inclusión no aparece en el orden del día y el Estado transfirió al mercado la responsabilidad de educar funcionalmente.

Pareciera ser que el movimiento de la generación posdictadura ha indicado cuán cerca está el Chile del siglo XXI del de Augusto Pinochet y cuán lejos está el Chile democratizado de los ideales de Salvador Allende.

Segmentos significativos de la sociedad chilena reivindican el cese de las privatizaciones, la condena a los militares responsables de crímenes de lesa humanidad, una educación pública de calidad y la inclusión de los pueblos originarios mapuches. Analistas afirman que sólo con una agenda que incluyera estos temas podrían creer en la posibilidad de un nuevo Chile.

A pocos días de las elecciones presidenciales (que se realizarán el 17 de noviembre), la expresidenta Michelle Bachelet, candidata de la Nueva Mayoría (alianza conformada por varios partidos), lidera las encuestas de opinión a pesar de la posibilidad de una segunda vuelta, que le impondría ciertas negociaciones para ajustar su alianza política.

Los ejes del programa de gobierno presentados por Bachelet son una reforma Tributaria – que incrementaría los impuestos a las grandes empresas de un 20% a 25% -, lo que a su vez, según la candidata, contribuiría para la realización de una reforma educacional con vistas a la gratuidad. No obstante, la mayor novedad de sus propuestas es la elaboración de una nueva Constitución. Si así ocurriera, Bachelet estaría distanciando el mundo político de Chile de una Constitución que aún guarda las sombras de la dictadura de Augusto Pinochet.

Más allá del debate abierto y democrático sobre cuestiones domésticas, sería muy interesante ver al “nuevo Chile” más cerca de América Latina, en la construcción de una agenda positiva, que viera más allá de los objetivos comerciales planteados por la Alianza Asia Pacífico.