Elecciones en EE.UU.: ¿qué es una convención y por qué debería importarle?

Este lunes comienza la convención republicana, donde se elige al candidato presidencial y se sienta la línea de partido. Los demócratas la harán la próxima semana.

Una delegada de Florida sostiene un muñeco de Donald Trump en la convención republicana, que comenzó hoy. / EFE

En esencia, las convenciones de los dos partidos principales de EE.UU. (Republicano y Demócrata) tienen tres objetivos: nombrar al candidato presidencial del partido, definir una dirección política (bautizada como plataforma) y unir al partido. Los candidatos llegan a las convenciones, que se desarrollarán entre esta y la próxima semana en Cleveland y Filadelfia, con cierto apoyo dispuesto de antemano: la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump tienen su candidatura casi ganada, de modo que en esta ocasión —como en muchas convenciones previas— las cartas están jugadas.

“En la era moderna —escribe Russell Berman en The Atlantic—, las convenciones se tratan más de los candidatos y su plataforma de muestra que de los partidos”. Berman tiene razón: desde los años 70 no ha habido, en realidad, una convención con mayores sorpresas. Salvo en la elección republicana entre Ronald Reagan y Gerald Ford, los partidos han tenido desde entonces un líder predominante que terminó en la convención como el candidato.

Y en esta ocasión la historia vuelve a sus bases: tanto Clinton como Trump tienen el apoyo necesario para ser candidatos de sus partidos. Pese a que las convenciones sólo convertirán sus candidaturas en una formalidad, su existencia es importante porque cristaliza el pensamiento del partido con respecto a la actualidad de su país y del resto del mundo y actualiza los cimientos de sus miembros.

Primero se vota la plataforma del partido

Durante los cuatro días que durarán ambas convenciones, asistirán delegados, superdelegados y conferencistas de distintas alas de los partidos. Los delegados son representantes de cada Estado, escogidos según sistemas propios, que serán los encargados de votar y de debatir en los comités de estudio. Ambos partidos tienen comités dedicados a la reglamentación de las convenciones y la evaluación de las ideas para la plataforma, que es un conjunto de estipulaciones, una suerte de decálogo, que representa el pensamiento del partido.

Días antes de la convención, un comité se ha reunido para definir un borrador de tal plataforma. En los primeros días del evento, deciden por voto cuál será la plataforma final.

Pese a que es un programa general, el candidato del partido no está obligado a cumplir con todos los puntos. De hecho, con ninguno. Es más una descripción de un momento del partido, de sus objetivos globales, que de una lista de tareas políticas con acción legal. Sin embargo, da muchas claves de qué quieren. En el caso del Partido Republicano, su plataforma se opone al aborto en todos sus aspectos y formas, declara la pornografía como un problema de salud pública, pide que la Biblia sea estudiada en los colegios, que se detenga el matrimonio homosexual con una enmienda en la Constitución y que los padres tengan derecho a enviar a sus hijos gays a una “terapia de conversión”.

Después se vota por quién será candidato presidencial

Tras el voto sobre la plataforma, los delegados se concentran en el voto sobre el candidato. En la primera ronda, los votos de cada delegado deben estar dirigidos al mismo candidato por el que votaron en las elecciones primarias (que se llevaron a cabo desde febrero hasta junio). Por eso, es posible decir que Trump y Clinton tienen la partida ganada. El primero consiguió 1.441 delegados y necesita 1.237 para ganar la candidatura; la segunda consiguió 2.764 delegados y necesita 2.383. Dado que el primer voto está amarrado —bounded, como lo llaman en Estados Unidos— al candidato por el que ya habían votado, es predecible que estos dos sean los candidatos que se enfrentarán en la elección de diciembre.

Un grupo de delegados querían aprobar, en los días previos a la convención en que se reunió el comité de reglas, una enmienda para permitir que el voto de la primera ronda fuera libre. Es decir, para que quienes votaron por Trump, votaran por otro candidato. Sin embargo, la enmienda nunca fue aprobada, de modo que el método se preserva. Trump, es muy probable, será el candidato republicano.

De no existir un candidato definido —poco probable—, las votaciones se extienden en lo que se llama brokered convention: una convención abierta. Entonces los votos ya no estarían amarrados.

Los delegados pasan ante los micrófonos, con un representante encargado de hacer de vocero, y entre bombos y platillos, mientras destacan las riquezas de su territorio, anuncian su voto. Al final se suman los delegados y, por tradición, los representantes del Estado del candidato escogido (en el caso de Trump sería el estado de Nueva York) son los últimos que revelan su número para darle la victoria.

Si ya hay candidatos, ¿entonces de qué sirve?

Tras las votaciones por el candidato, éste sube a tarima y da un discurso. Ese discurso es su bautizo general, pese a que ya existe una certeza casi completa de que va a ser la cara del partido en esas elecciones. Para muchos, la fiesta de la convención —en la que se ven entusiasmados miembros de los partidos en plena congregación— se desdibuja por su predictibilidad: si ya se sabe quiénes serán los candidatos, es un esfuerzo inútil.

Sin embargo, de manera interna, las convenciones señalan el camino de los partidos en los próximos cuatro años. Esta ocasión ha sido perfecta para entender dicha metamorfosis: en paralelo a un candidato como Trump, considerado de derecha, su partido ha decidido ir aún más hacia la derecha y presentarlo, en comparación, como un moderado. En momentos en que Europa trata de solucionar la crisis migrante y se ve abocado a reforzar su seguridad general a causa de los ataques exteriores e internos, el Partido Republicano ha decidido fomentar un programa acorde con una Europa en pleno proceso de cierre.

Entre otras cosas, además, la plataforma republicana no alienta un control en la venta de armas, a pesar de los recientes casos de tiroteos, policías muertos y terrorismo interno. Ese impulso externo, recogido en la plataforma, aunque no obliga a los candidatos a cambiar su programa político, puede ser un factor que los impulse en otra vía en materia social y de defensa nacional.

En el otro costado, en el Partido Demócrata, ha sucedido algo similar. El otro candidato, Bernie Sanders, aunque ha decidido apoyar a Clinton —lo que por descontado su candidatura—, ha impulsado cambios severos en la plataforma del partido. Uno de ellos, además de declarar que la pena de muerte está prohibida —por primera vez en una plataforma demócrata—, fue poner en el papel que cada estadounidense debe recibir mínimo US$15 por hora de trabajo.

No es una ley, no es un compromiso que Clinton deba cumplir, pero la presión política del costado de Sanders —que obtuvo 1.894 delegados, no poco— puede obligar a un cambio general de su programa político. Sanders aboga también por la educación gratuita, para terminar con la situación de cientos de miles estudiantes endeudados con sus créditos universitarios.

 

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