Las elecciones más complejas en la historia México se toman el pulso

Según la mayoría de las encuestas , el gran ganador de las elecciones será el Partido Revolucionario Institucional (PRI ), que actualmente tiene el mayor número de escaños en el Congreso. Una prueba para el actual gobierno.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, habla con los residentes de Ciudad Acuña, Coahuila, estado de México, golpeado por un tornado que dejó al menos 13 muertos. / AFP
México se toma el próximo domingo el pulso a sí mismo. Tras meses de convulsiones históricas, la población está llamada a las urnas para elegir la Cámara de los Diputados, nueve gobernaturas, así como los congresos y ayuntamientos de 17 estados. En total, 15.832 cargos que permitirán establecer una radiografía detallada del ánimo político del país.
 
Los sondeos, en el ámbito federal, pronostican una victoria moderada del PRI y la fractura de la izquierda. El desencanto que tanto ha calado en México se refugiará seguramente en la abstención. Será, si se cumplen los pronósticos, un triunfo amargo para el presidente Enrique Peña Nieto.
 
Peña Nieto se convertirá el 7 de junio en la demostración empírica de que el vacío no existe en política, y menos en México. Ese día será el gran protagonista de unos comicios en los que no concurre y en los que ni siquiera ha intervenido, pero que suponen la prueba más dura de su legislatura. El cuadro al que se enfrenta es complejo. El impulso con el que arrancó su mandato ha llegado a su final.
 
Tras dos años y medio, las reformas estructurales ya han sido aprobadas y ninguna ha logrado acelerar los motores económicos. Aunque México es un socio fiable y sus grandes marcadores ofrecen una estabilidad a prueba de huracanes, el crecimiento se arrastra muy por debajo del umbral del 5% del PIB que Peña Nieto puso como objetivo. Y no hay indicios de que, con la crisis del petróleo, mejore a corto plazo.
 
En este escenario hostil, los golpes no cesan. La tragedia de Iguala, los escándalos inmobiliarios y la hidra del narco, capaz de poner cerco a capitales como Guadalajara, han enfrentado a México a sus peores fantasmas.
 
Baja valoración
 
Sólo en esta campaña se han registrado 70 ataques y 19 asesinatos. La sombra de un país sangriento y convulso, sometido a unos partidos insensibles a la corrupción, ha renacido. La confianza es poca y el escepticismo profundo.
 
El resultado es que la valoración presidencial se sitúa entre las más bajas de la serie histórica. Pero teniendo todo en contra, aún nadie le gana. Del desapego y la cólera no ha surgido ningún rival. El barco, según los analistas consultados, sigue a flote. Las encuestas dan como primera fuerza al PRI e indican que mantendrá con pocas variaciones la mayoría simple en el Congreso. Para aplicar el rodillo le bastaría, apuntan los expertos, pactar con su socio, el polémico Partido Verde, y algún grupo satélite. “Si el PRI logra la mayoría absoluta con alguna alianza, no habrá castigo a la gestión del presidente”, afirma María Amparo Casar, catedrática del Centro de Investigación y Docencia Económica.
 
La alta abstención, refugio de los desencantados, y la debilidad de la oposición pueden facilitar este desenlace. El PAN, la formación de derecha que en 2000 logró poner fin a 70 años de hegemonía priísta, sigue sin recuperarse del salto sin paracaídas que representó el mandato de Felipe Calderón (2006-2012).
 
Los 80.000 muertos y 20.000 desaparecidos que dejó su legislatura espantan demasiados votantes. Consciente de ello, su estrategia busca el avance moderado: superar el 25% de voto que obtuvo la formación en las presidenciales y recuperar el segundo puesto nacional, con miras a la gran batalla de 2018.
 
Más confusa es la situación de la izquierda. La salida del PRD tanto de su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, como del carismático Andrés Manuel López Obrador, su líder en las dos últimas presidenciales, ha descabezado a la segunda fuerza mexicana. Un debilitamiento que ha acrecentado su errática política de pactos y alianzas, pero, sobre todo, su desastrosa gestión en la tragedia de los normalistas. Muy pocos olvidan que fue esta formación la que aceptó en sus filas al alcalde de Iguala y a su esposa, los dos supuestos autores intelectuales de la matanza.
 
La pérdida de perfil ideológico se completa con la fractura que supone enfrentarse en las urnas a Morena, el partido creado por López Obrador. Aunque los sondeos dan como vencedor a un PRD disminuido, el voto que reciba Morena mostrará el tamaño de sus posibilidades en las presidenciales, su verdadero objetivo. “Si toda la izquierda estuviera unida, podría ser competitiva y sumar hasta un 30%, pero no es el caso”, dice  el analista Francisco Abundis.
 
Con este horizonte, las elecciones marcarán el inicio del segundo ciclo de Peña Nieto. Y también de su ocaso. En un sistema donde no existe la reelección, en los tres próximos años el electorado asistirá a la lucha por la sucesión. De momento nadie despunta y, excepto en el caso de López Obrador, ningún candidato ha salido a dar la cara. La batalla empezará después de este domingo.

 

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