Embargo de facto en Yemen

Teresa Sancristóval, oficial de Médicos Sin Fronteras, dice que esta medida impuesta por la coalición amenaza la vida de miles de yemeníes.

La población en el distrito de Khamer busca agua debido a que la escasez de combustible no permite que los camiones de reparto puedan proveerla en esa área. / Malak Shaher/MSF

Los bombardeos de la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen, dirigidos contra posiciones de las milicias hutíes que amenazan con tomarse el país, han afectado enormemente a la población civil. Por lo menos 1.068 personas han muerto y otras 2.551 han resultado heridas desde que comenzó esta campaña militar el pasado 19 de marzo, según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Pero hay otra cara de la tragedia. Además de esos ataques se impuso un embargo de facto en el país, que ha generado escasez de combustible e insumos médicos necesarios para la supervivencia de miles de yemeníes. Según la ONU, cerca de doce millones de personas necesitan ayuda urgente, pero los bloqueos fronterizos impiden el transporte de productos básicos. Teresa Sancristóval, oficial de Médicos Sin Fronteras (MSF), habla desde el terreno sobre la situación.

Usted lleva años trabajando en Yemen. ¿Cómo ve la situación actual?

Llevo siete años entrando y saliendo de Yemen y no todos los conflictos han sido iguales. En general estaban focalizados en un área. Durante las guerras hutíes en Sadaa vimos un gran número de desplazados en determinadas zonas. La Primavera Árabe afectó más las ciudades, pero aun así la gente tenía a dónde ir y estar tranquila. El conflicto tiene dos características que lo hacen muy diferente: primero, que ocurre en una grandísima parte del país; segundo, que hay un embargo de facto, lo cual está afectando mucho a la población civil.

No es un embargo oficial y no es sólo de armas. En realidad se ha parado todo el tráfico comercial. La mayor parte de productos en Yemen llega a través de Arabia Saudita. Esa frontera se ha bloqueado por las vías terrestres, marítimas y aéreas.

¿Qué impacto tiene ese embargo?

Lo más preocupante es la falta de petróleo, de combustible. Eso está afectando enormemente a la población. Yemen es el país con menos agua por habitante en el mundo. El agua está muy profunda y necesitan bombearla para poder beber. Para eso necesitan combustible y no hay. Para distribuir la comida, el transporte necesita combustible. En vista de la escasez, cada provincia consume lo que se produce allí; hay provincias que son más fértiles y la comida todavía es abundante, pero en general están empezando a notar que no llegan cosas de afuera y faltan productos básicos. El oxígeno se produce en factorías que necesitan combustible. Hace unas semanas se paró la factoría más importante de Yemen; conseguimos combustible y pudo volver a funcionar. Sin el oxígeno se complican muchas actividades esenciales en los hospitales. El petróleo es absolutamente necesario.

¿Hay muertes debido al embargo?

Hay una tipología de pacientes muy afectados. Hay 1.900 pacientes de diálisis, cuyos equipos están muy cerca de la ruptura de stock. Los pacientes son tan dependientes que si se acaban las reservas habrá una mortandad muy alta. Otros que tienen problemas son los diabéticos, porque la insulina tiene que estar en un refrigerador. Casi no hay refrigeradores, los pacientes no pueden guardarla en casa porque no hay electricidad, entonces este es otro grupo que se ve afectado. Otros son los posoperatorios, con los problemas ya mencionados sobre la falta de oxígeno.

¿Cómo hacen para ingresar la ayuda humanitaria?

Es un proceso complicado. Ahora tenemos toda la base logística en Yibuti y estamos consiguiendo esa ayuda. Pedimos permisos a la coalición y a los hutíes y los conseguimos, fuimos capaces de importar algo de material médico y logístico. Hemos podido, pero no es suficiente.

¿Cómo ha afectado la intervención militar a la población civil?

Estuve en Sadaa, que es probablemente la provincia más castigada, donde el bombardeo ha sido contra todo tipo de infraestructuras. Todos los depósitos de agua, carreteras, puentes. Aunque los ataques de la coalición hayan sido efectivos, también hay casos muy fuertes, como que lanzaron tres misiles contra una casa donde había 31 civiles y 27 de ellos fallecieron. El nivel de destrucción es muy alto. La mayor parte de las vías están cerradas. Sadaa fue el sitio donde se anunció que la población tenía que dejar la ciudad; se supone que hoy es medio fantasma, pero en realidad hay gente. Lo sabemos porque hay partos. Lo que pasa es que la gente está escondida, no ese atreve a salir.

¿Qué llamado hacen a las partes?

Lo más importante es que, por un lado, se retire el embargo de facto, se permita que la población tenga acceso a productos y servicios básicos. Por otro, que se haga más fácil la acción humanitaria, que haya más actores humanitarios y se les permita trabajar.

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