Encuentro histórico entre dos Chinas

Desde 1949 estos dos países han vivido momentos de máxima tensión.

El ministro taiwanés responsable de las relaciones con Pekín, Wang Yu-chi, estrecha la mano del presidente de la Universidad de Nankín, Chen Jun. / EFE

Se trata de un encuentro inédito entre dos actores que desde 1949 han vivido momentos de máxima tensión, pero que en los últimos años han buscado acercamientos. La reunión de alto nivel entre los gobiernos de la República Popular China y Taiwán (o República de China como se autodenomina) pueden conducir a un cambio fundamental, en uno de las disputas más importantes en el noreste asiático desde 1949, cuando triunfó la idea de una China comunista, y surgió Taiwán como disidente del proceso.

Wang-Yo-chi (Taiwán) y Zhang Zhijun (China) se encontrarán en Nankín para conversar durante cuatro días sobre temas que aún se desconocen. Lo que sí se sabe, es que no existe una agenda previa, y que las delegaciones han decidió abstenerse de utilizar emblemas, escudos o banderas que puedan reavivar la disputa. Una muestra de pragmatismo para avanzar en temas espinosos a ambos lados del estrecho.

Se debe recordar que el gobierno comunista jamás ha renunciado a la idea de que Taiwán le pertenece, aunque en el pasado reciente ha tratado de flexibilizar su postura frente al gobierno de Taipéi. Éste, por su parte, ha venido perdiendo esperanzas de independizarse. A finales de los noventa, durante el gobierno de George W. Bush, Washington alcanzó a contemplar un apoyo a la emancipación de Taiwán mediante la venta de armas, pero tuvo más peso Beijing. Un vínculo que le significa réditos políticos a Estados Unidos y que no está dispuesto a arriesgar, y menos en momentos en que necesita del gobierno comunista. Desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y Beijing en 1979, los dos han sacado enorme provecho, puesto que han reflejado la imagen de dos potencias que tienen un margen de cambio cuando el entorno lo exige.

¿Qué motiva la reunión Beijing-Taipéi? Lo primero, es que desde hace por lo menos veinte años, las relaciones económicas entre ambos lados del estrecho se han vigorizado creando lazos de interdependencia que difícilmente se pueden entorpecer desde lo político (acuerdo marco de cooperación económica y vuelos directos a pesar de no tener relaciones diplomáticas).

A su vez, se debe recordar el renacer pacífico de la China comunista, que ha buscado acercarse a sus vecinos dejando de lado la retórica de las amenazas, y reemplazándola por una integración que la ha convertido en una oportunidad para naciones de la región con las que en el pasado la separaban disputas irreconciliables. Esto ha sido especialmente válido con algunos de los Estados del Sudeste Asiático con quien aún subsisten litigios territoriales en el Mar del Sur de China, y por supuesto con Taiwán. Valga decir que de ser necesario, la República Popular no dudaría en hacer uso de la fuerza para garantizar su unidad territorial e impedir la secesión taiwanesa.

Finalmente, la independencia de Taiwán es una posibilidad cada vez más remota, por no decir imposible. La elección de Ma Ying-jeou en 2008 como presidente taiwanés, ha marcado un período de acercamiento vigente y la idea de normalización de relación existe aunque aún esté lejos de la realidad. Las naciones que reconocen a Taipéi van en franco descenso, y aquello contrasta con una proyección de la República Popular en todos los ámbitos, que van desde lo deportivo, pasando por lo económico y terminando en la seguridad global.

Se trata de un encuentro histórico que puede cambiar el destino de una zona cuya convulsión en los últimos años ha inquietado, con justa causa, al mundo.

*(Profesor U. del Rosario)