Las entrañas del gigante de la basura en Buenos Aires

El Clarín hizo un recorrido al interior de uno de los rellenos sanitarios más grandes de Buenos Aires.

En casi cualquier ciudad latinoamericana, vivir cerca del relleno sanitario es todo un drama. Los olores, la contaminación… la incomodidad. En Bogotá es habitual la preocupación por la vida útil del relleno Doña Juana e, incluso, ya hay propuestas para convertir la zona clausurada por haber copado su capacidad en un parque distrital. Pero en Buenos Aires, el manejo de los residuos podría ser un ejemplo para las ciudades latinoamericanas.

A la nanotecnología que usan para tratar los lixiviados hasta volverlos agua para riego de parques, se suma una gran labor en las entrañas de su principal relleno: En el predio Norte III, el principal lote del relleno sanitario Ceamse. Allí reciben al día 15.000 toneladas de residuos y a pesar de estar próximo a saturarse, reciclan, generan energía eléctrica y hasta abono orgánico. Así lo muestra un informe del diario El Clarín, que hizo un recorrido por el gigante de la basura bonaerense.

El complejo ambiental, el principal relleno sanitario de la Ceamse, es donde va a parar la basura que producen los porteños. Tiene 500 hectáreas, siendo un terreno más grande que muchos barrios de Buenos Aires, y desde 1994 (cuando lo inauguraron) ha recibido 66 millones de toneladas de basura. A diferencia de muchos rellenos sanitarios, el criterio en todo este lugar es ecológico, y por eso hay animales sueltos y mucha vegetación.

Hay una política clara: se cuenta con un proceso cuidadoso para la disposición final de los residuos. Cuando llega la basura, se excava un hueco y se le cubre con una capa de minerales especiales y una membrana para evitar que la contaminación pase a la tierra. Luego se tira la basura y se la va tapando con otra membrana para que no entre la lluvia ni salgan olores. Cuando la montaña supera los 50 metros se habilita un nuevo módulo.

Reciclaje con tecnología de punta

Sin embargo, no toda la basura se desperdicia. De 3.000 toneladas diarias que se recogen en la capital federal, al menos la tercera parte se procesa en la planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB), una moderna infraestructura que se inauguró en 2013, en la que se separa la basura orgánica de los materiales recuperables.

Primero trituran la basura, luego pasa por una cinta hacia un cilindro que actúa como colador, separando lo orgánicos de lo sólido. Estos pasan por un sector, donde operarios toman los reciclables, y luego por otra cinta con imanes para captar los metales. Lo reutilizables se vende y el resto se procesa en unas fosas especiales por 21 días, para luego tapar la basura que se entierra en los módulos. Con este sistema se logra recuperar 600 toneladas diarias.

Energía, lixiviados y abonos

De acuerdo con el informe de El Clarín, el complejo ecológico también tiene una la planta de generación de energía en base a la basura. Cuentan con la infraestructura que capta el metano y otros gases de la descomposición de la basura, para llevarlos hasta un sector con compresores. “El gas es enfriado y pasa a otra zona donde se los usa como combustible. Con este procedimiento se vuelca al sistema eléctrico público electricidad suficiente como para abastecer a 15.000 hogares”, describe el artículo.

En cuanto a la forma como tratan los lixiviados, también destacan su procedimiento, donde tratan casi dos millones de litros diarios. De los líquidos que exuda la basura mezclada con la lluvia, pasa por filtros y el 75% de esa agua es recuperada y usada para riego y lavado de equipos. El 25% restante se deposita al río Reconquista, pero sin contaminantes. “Es la planta más grande del mundo”, afirma Hugo Bilbao, director del Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible.

Finalmente hay otro aprovechamiento ecológico: la elaboración de abono. Con las ramas de las podas de los árboles en los municipios bonaerenses, que llegan al relleno, se procesan para producir fertilizantes y material de relleno para plazas y parques.

Detrás de cada actividad hay un negocio que permite sostener la actividad del relleno, que muestra cómo con tecnología se puede aprovechar mejor los residuos en una gran capital latinoamericana.

(Lea el artículo completo del diario El Clarín)

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