Entre amigos, un poco de franqueza

Temas que el vicepresidente de EE.UU. y el mandatario colombiano deberían discutir: el papel de Washington frente al proceso de paz, el fuero militar y el Plan de Acción Laboral.

El vicepresidente de EE.UU., Joe Biden (der.), fue recibido ayer por la canciller María Ángela Holguín (izq.) ayer en Bogotá.    / AFP
El vicepresidente de EE.UU., Joe Biden (der.), fue recibido ayer por la canciller María Ángela Holguín (izq.) ayer en Bogotá. / AFP

La visita del vicepresidente Joe Biden a Colombia, Brasil y Trinidad y Tobago es parte de una serie de eventos diplomáticos para decirle a América Latina que no la hemos olvidado. Sigue a la visita del presidente Barack Obama a México y Costa Rica, y están planeadas visitas de los líderes de Perú y Chile a la Casa Blanca. A pesar de la torpe referencia del secretario de Estado, John Kerry, quien habló de Latinoamérica como “el patio trasero de EE.UU.”, estos esfuerzos diplomáticos son un tardío reconocimiento del poder económico y político y del espíritu independiente de América Latina.

En Colombia se discutirán temas económicos, comerciales y de seguridad, pero también se espera que Joe Biden subraye que Estados Unidos apoya plenamente el proceso de paz. “Igual que hemos apoyado a los líderes de Colombia en la guerra, vamos a apoyar sus esfuerzos de poner fin al conflicto en la mesa de negociaciones”, dijo Biden antes a su visita.

La Casa Blanca ha apoyado el proceso de paz desde sus inicios, pero lo ha hecho con bajo perfil. Ya es hora de enfatizar que el gobierno estadounidense quiere ver negociaciones exitosas y está dispuesto a apoyar con cooperación y diplomacia la implementación de un acuerdo y, aún más difícil, de una paz justa y duradera. Esto va a requerir de una forma distinta de cooperación, una cooperación por la paz y no por la guerra.

A pesar del apoyo de Bush y Obama al presidente Uribe, al final de la presidencia de Uribe y después de las revelaciones de la terrible realidad de los falsos positivos y el escándalo del DAS, el gobierno estadounidense miró con alivio la llegada de Juan Manuel Santos, con su discurso más incluyente, su apertura a negociaciones y su enfoque en la Ley de Víctimas. El Departamento de Estado sigue preocupado por el impacto de la reforma constitucional que abre la puerta a que violaciones de derechos humanos cometidas por militares puedan ser investigadas y juzgadas en la jurisdicción penal militar, pese a las promesas del gobierno colombiano de que no será así. En una realidad contradictoria, Washington mira a la vez a Colombia como un gran éxito de seguridad, un modelo que se debe “exportar” a Centroamérica y África.

Si hay franqueza en las discusiones entre Santos y Biden, sería bueno que compartieran algunas verdades. Biden debe decir a Santos que es sumamente importante asegurar que los soldados y oficiales que han cometido violaciones graves de derechos humanos deben ser investigados y juzgados por la justicia ordinaria. También debe recordarle que los dos gobiernos firmaron el Plan de Acción Laboral para lograr la aprobación del TLC y que los compromisos del plan para proteger los derechos laborales de los colombianos están muy lejos de cumplirse.

Y Santos debe decirle a Biden que EE.UU. tiene que escuchar bien las críticas sobre la guerra contra las drogas. Como expresaron varios presidentes, incluyendo a Santos, esta guerra no se va a ganar y los países productores y de tránsito pagan enormes costos en violencia y vidas perdidas. Después de décadas de la misma política fracasada, es la hora de escuchar.

Entre amigos cercanos, se puede decir la verdad.

 

 

Lisa Haugaard** Directora del Latin America Working Group en Washington, D. C. 

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