Entre la fe y el oro

Un 25% de los deportistas son musulmanes y, de acuerdo a su religión, no podrían ingerir líquidos ni alimentos en las competencias.

No fueron suficientes las protestas de los países musulmanes cuando se eligieron las fechas en que se realizarán los Juegos Olímpicos de Londres: las competencias tendrán lugar entre el 27 de julio y el 12 de agosto, período que coincide con la celebración del Ramadán (21 de julio al 20 de agosto), el mes santo en que los musulmanes no pueden ingerir líquidos ni comidas desde el amanecer hasta el ocaso. Entre 2.500 y 3.000 deportistas que profesan la fe islámica tendrían que ayunar en plenas competencias según el mandato religioso, lo que reduciría sus posibilidades de triunfo.

“Los Juegos son apolíticos, no religiosos”, ha recordado el marfileño Lassana Palenfo, miembro integrante del Comité Olímpico Internacional (COI) encargado de allanar las dificultades con los comités olímpicos nacionales más inflexibles en materia del respeto a las tradiciones religiosas. “Si cedemos, los budistas, los judíos pedirán cambios”, afirma.

Egipto, Marruecos, Túnez, Turquía y la Comisión Islámica de los Derechos del Hombre han criticado la falta de respeto que muestran las instituciones olímpicas. Para la ocasión, ninguna autoridad pertinente dictará fatwa (ley) especial alguna. La regla usual de ayunar se aplicará a todas las selecciones olímpicas, y quienes decidan eludirla tendrán que recuperar el mes de ayuno posteriormente.

También están preocupadas las mujeres saudíes, que por primera vez en la historia de su país (donde impera un islamismo radical) podrían ser enviadas a una competencia olímpica. Su participación, sin embargo, aún está en duda. El presidente del COI, Jacques Rogge, afirmó que está discutiendo los “detalles operacionales” con el gobierno de Arabia Saudita para que ponga punto final a su política de enviar sólo hombres a las olimpiadas. Lo que sí se ha confirmado es que a las competencias asistirán los primeros grupo femeninos de Qatar y Brunéi.

En Londres, donde el período de ayuno durará unas doce horas, el Comité de Organización (Locog) ha trabajado en la logística para hacerles la vida más fácil a los musulmanes. Cada sitio de competición tendrá alimentos para que los deportistas puedan romper el ayuno apenas cumplido el lapso y los restaurantes de la villa olímpica funcionarán toda la noche.

Pero la importancia del desafío deportivo en muchos casos hará que muchos deportistas dejen de lado su tradición religiosa. La judoca francesa Sofiane Milous, que respetó el ramadán durante el último Mundial en agosto pasado, en París, decidió que esta vez no ayunará durante los Juegos, “pero pienso recuperarlo días después”. “Es algo entre Dios y yo”, dice Milous.

El médico Hakim Chalabi intenta limitar los riesgos dando consejos necesarios en materia de alimentación, de hidratación y de sueño para los que ayunan, y así evitar las lesiones que se observan en deportistas que practican debilitados por falta de alimentación. Pero “sepan que, curiosamente, hay deportistas que mejoran sus resultados durante el ramadán porque el ayuno es un deseo. Es tal vez una ayuda espiritual y psicológica”, explica Chalabi.

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