España: violencia contra las mujeres

Las estadísticas alarman por tratarse de un país que cuenta con numerosas leyes y programas de protección a las mujeres: van cerca de 50 víctimas en 2011.

S.G.C. pidió ayuda a gritos desde su balcón, pero su marido la agarró del brazo y la metió a la casa de un tirón el 27 de septiembre, pasadas las 8 de la mañana. Luego, al parecer, la golpeó hasta matarla. Ocurrió en Vícar, un minúsculo pueblo de casitas blancas del sur de España. Este es el asesinato número 47 en lo corrido del año, producto de la violencia machista. La mujer fue hallada poco después de las 9 de la mañana —lo que tardó la policía en responder la llamada de alerta de los vecinos— con un trauma craneoencefálico.

¿La golpeó con un objeto en la cabeza? ¿Optaría, más bien, por golpear su cabeza contra un muro? ¿La agarraría a patadas? Es pronto para decirlo. Lo claro es que la mujer estaba en proceso de separación, tenía con su marido una niña de 13 años y éste fue el último verano que vivió antes de que el padre de su hija decidiera que ya no merecía vivir.

Desde 2007 hasta agosto de este año, 1'141.110 mujeres han acudido a las autoridades porque sus parejas las maltratan, de una población total de 20'486.895 mujeres mayores de 15 años que viven en España. Solo de enero a marzo de 2011, 32.492 mujeres buscaron ayuda legal temiendo por sus vidas.

Como bien lo analizó el periodista sueco Stieg Larsson en sus investigaciones sobre el crimen de honor, en cualquier país del mundo —no sólo en el tercero, como se suele creer— las mujeres están en riesgo de morir a manos de su pareja. El término que utiliza es “crimen de honor” y ocurre cuando el hombre, herido en su dignidad ante la inminencia de un divorcio o de un cortejo no correspondido, decide que “si no es para mí, no es para nadie” y decide asesinar a la mujer que lo “desprecia”.

En los últimos cuatro años, 271.032 mujeres han llamado a la línea destinada a asesorar a mujeres víctimas de agresiones machistas (016). Esto es, 185 mujeres al día. Y dentro de las que buscan ayuda desesperada, ya han muerto casi 50 este año. En Irak les tiran ácido en la cara, en Colombia las golpean hasta matarlas, en España suelen apuñalarlas, aunque la modalidad varía según las herramientas que haya a mano y el nivel de premeditación.

Esta primavera, por ejemplo, a Dorel Marai le bastaron sus manos para apagar la vida de su joven novia, Violeta: la ahorcó, sin más. Ella y el bebé de cinco meses que llevaba en su vientre murieron. Eran rumanos y ella es parte de las 14 mujeres extranjeras víctimas de la ira de sus compañeros en territorio español sólo en lo corrido de 2011.

Y el rango de edad indica, por desgracia, que casi cualquier mujer que esté en una relación de pareja es susceptible de morir a manos de su novio, compañero o esposo: de 21 a 50 años. 32 de las 47 víctimas de este año se encontraban en ese grupo. Se “salvan” las mujeres adolescentes y las que ya entran a la tercera edad.

Las estadísticas alarman por tratarse de un país que cuenta con numerosas leyes y programas de protección a la mujer. Aún así, ellas siguen cayendo, y no a manos de un atracador, sino en su propio hogar. Por no hablar de las extranjeras sin papeles. Algunas estaban forzadas a aguantar golpizas e insultos de sus esposos, temerosas de una deportación al momento de denunciarlos. La atroz sin salida se abolió al incluir en la Ley de Extranjería un apartado gracias al cual se les daría un permiso de residencia de cinco años a las mujeres que denuncien el maltrato y —claro— que pueda comprobarse.

Aún así, buena parte de este drama sigue por mujeres que retiran las denuncias y confían en su futuro verdugo. La campaña del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad es clara: “Es clave que las mujeres que sufren violencia de género no bajen la guardia, no minimicen nunca el riesgo y no den segundas oportunidades, porque su vida depende de ello”. Las mujeres y las autoridades deben estar alerta, pero son los hombres los que deben dejar de saldar desaires amorosos con la muerte.

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