Qué esperar de la Cumbre

El foro regional que comienza hoy no dará muchas sorpresas. Además de apretones de manos, regaños, y símbolos, casi todos centrados en la influencia de Estados Unidos, hay poco más que podamos esperar.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el invitado principal de la Cumbre. /AFP
En términos mediáticos, la VII Cumbre de las Américas saldrá bien para Estados Unidos, un cambio significativo frente a lo que sucedió en las reuniones de Mar de Plata (2005) o Cartagena (2012), cuando la sensación que quedó fue la de una región desafiante regañando a un presidente estadounidense. Esta vez se van a ver elogios a Barack Obama por haber escuchado el reclamo de abandonar la anticuada política de Washington hacia Cuba. Todo el mundo estará esperando un apretón de manos entre el mandatario estadounidense y Raúl Castro.
 
Sin embargo, los regaños no cesarán. Se escucharán algunos bastante merecidos, por la declaración de la Casa Blanca, el 9 de marzo, que nombró a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional” de los Estados Unidos. Aunque esas palabras son un formalismo cuyo uso es requerido por la ley estadounidense para aplicar algunas sanciones merecidas a siete oficiales venezolanos, usarlas en este contexto fue una pura estupidez que terminó dándole un enorme regalo político al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Un representante de la Casa Blanca tuvo que salir en una posición ridícula a aclarar que “los Estados Unidos no creen que Venezuela supone alguna amenaza a nuestra seguridad nacional”, contradiciendo así la misma orden ejecutiva presidencial.
 
Por supuesto, podemos esperar que el presidente Maduro saque provecho de este paso en falso de Washington, colocándolo en el centro de su propia declaración ante la Cumbre. Pero falta ver cuántos otros líderes regionales decidan dedicar palabras al tema en sus discursos. Cuba no querrá perder su primera aparición ante una Cumbre enfocándose en el diferendo Washington-Caracas. Brasil, ahora planeando una visita de Estado a la Casa Blanca, tampoco enfatizará el tema. Y de hecho, aunque todos discrepan con los métodos de Washington, casi todos comparten la misma preocupación por la situación política y económica de Venezuela.
 
Claro, escucharemos regaños fuertes de los líderes de Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Pero de los demás, solo algunas expresiones moderadas de desacuerdo y llamadas (muy sabias) al diálogo entre Washington y Caracas. En Panamá, Venezuela se arriesga a parecer aislado en un momento frágil para el gobierno de Maduro.
Además de este juego de apretones, regaños y símbolos, casi todos centrados en la influencia de Estados Unidos, hay poco más que podamos esperar de esta Cumbre. Su agenda habla en términos generales de mejorar la cooperación en temas como educación, salud, energía, medio ambiente y seguridad ciudadana. Pero hay muy poco interés en mejorar la cooperación hasta un nivel que traspase la celosamente guardada soberanía de los estados.
 
Serán dos días de discusiones bastante ligeras. Un lástima, porque hay temas que merecen discutirse. Sería lindo si hubiera un espacio permanente donde se pudiera discutir cómo mejorar los sistemas de justicia, para que no sigan debilitados por la corrupción, la politización, la ineficiencia, la lentitud y el poco financiamiento.
 
Tendría que hablarse de cómo proteger a la prensa y la libertad de expresión cuando están amenazadas por acción de criminales violentos que se benefician de la corrupción de instituciones estatales (Colombia, México, Honduras) o por acciones jurídicas y discursos presidenciales (Venezuela, Ecuador, Argentina). Discutir cómo diseñar un acompañamiento internacional para el posconflicto colombiano, que implicaría monitoreo y verificación, protección y reintegración de excombatientes, y aportes a la verdad y la justicia penal.
 
La Cumbre sería un espacio ideal para mapear vías hasta controlar y despolitizar a las agencias de inteligencia de la región —la NSA estadounidense, el SI argentino, el Sebin venezolano, el CIME colombiano, entre otros— y ponerlas al servicio del esfuerzo de desmontar las poderosas redes regionales de crimen organizado. Un lugar dónde discutir cómo mejor medir el éxito en la lucha regional contra el narcotráfico.
 
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¿Qué busca Colombia?
 
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, llevará a Panamá la bandera de un nuevo sistema interamericano de educación. Esta idea viene avanzando desde 2014, surgió en la reunión de cancilleres de la OEA en Paraguay, en la cual los estados determinaron la creación de una institucionalidad para promover la educación para superar la inequidad en el continente. Se espera que en Panamá, el Banco Interamericano, el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) hagan un estudio del diseño institucional necesario para poner en marcha esta iniciativa colombiana y definan algunos detalles sobre el diseño de la medida así como su financiación.
 
Otro punto será la búsqueda de una declaración conjunta de respaldo al proceso de paz entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Aunque Santos ya ha recibido el respaldo continental, buscará profundizar el apoyo al avance de los diálogos y una eventual etapa de posconflicto. Además, como Cuba es protagonista en la Cumbre, el jefe de Estado aprovechará para enfatizar en que es allí donde se realiza el proceso de paz. Como lo ha anticipado, expresará su apoyo a la histórica presencia de Cuba y a cualquier paso que produzca mayor bienestar y tranquilidad a su pueblo. Del mismo modo, el presidente   expondrá su intención  de impulsar el proyecto de interconexión eléctrica no sólo con Panamá, sino con varios países del sur del continente.
 
En la mañana de hoy, Santos pronunciará su primer discurso en la cumbre, en el que no dejará de lado temas como  la lucha contra la pobreza   y el cambio climático.
 
Narcotráfico, un tema que suele aparecer
 
Como lo sugiere la expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla, el narcotráfico es uno de esos temas que Estados Unidos no desaprovechará para tratar con la región latinoamericana. El aumento del consumo de heroína, por ejemplo, que hoy se calcula en un mercado que alcanza un valor desde US$60.000 hasta US$90.000 millones, ha llevado a que en países como México, los recaudos económicos derivados de la exportación ilegal se aproximen a la cifra de una renta petrolera afectada por la caída de los precios del barril.
 
Durante la Cumbre de 2012, en Cartagena, la postura de varios gobiernos, como los de Guatemala, Colombia y Bolivia, se inclinó en la víspera del encuentro hacia una posición menos prohibicionista en materia de producción controlada y consumo personal. Todo esto abordado desde una perspectiva de costo-beneficio relacionada con los golpes a las organizaciones criminales que podían efectuar las autoridades y la espiral de violencia que se desprende del negocio. Hoy Uruguay, por ejemplo, por iniciativa y apoyo del gobierno del expresidente José Mujica, tiene regulado el mercado de la marihuana a nivel interno y en Estados Unidos, en Washington, se legalizó el uso recreativo de la planta.  
 
 Los mandatarios que hace tres años hablaron de la posibilidad de un nuevo enfoque en la política de drogas —Otto Pérez Molina (Guatemala), Juan Manuel Santos (Colombia) y Evo Morales (Bolivia), entre otros— continúan en sus cargos y aunque la agenda hoy deje poco espacio para encuentros exclusivos al respecto es posible que el tema salga a flote durante los diálogos políticos.
 
Cuba, fuera de lista negra de terrorismo
 
Más allá de la foto de los presidentes de EE.UU., Barack Obama, y Cuba, Raúl Castro, todo parece indicar que el gran anuncio que hará Washington en Panamá frente a la isla tiene que ver con el retiro de ésta de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Obama afirmó que el trámite para el retiro oficial de La Habana de esa lista está terminado.
 
La “revisión ha sido completada” por el Departamento de Estado, dijo el presidente estadounidense a los periodistas en Kingston, Jamaica, escala previa a su viaje a la Cumbre de las Américas, que se celebra este viernes y sábado en Panamá. Los expertos aseguran que la salida sería sobre todo “un gesto simbólico” en el proceso para normalizar las relaciones entre Washington y La Habana, iniciado hace casi cuatro meses.
 
Cuba está en la lista desde 1982, al lado de países como Irán, Siria y Sudán. Ante el inminente retiro de la lista, el senador estadounidense Marco Rubio aseguró que “las cosas en la Cumbre de las Américas han ido de mal en peor y está claro que el régimen cubano siente que no hay consecuencias ante sus abusos contra los derechos humanos, incluso en suelo extranjero”. Agregó que “es un grave error” sacar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, porque esto solo “envalentonará al régimen”.
 
 
* (Oficial Principal del Programa de Seguridad, WOLA - Oficina en Washington de Asuntos Latinoamericanos).