¿Espionaje en Brasil?: yo espío, tú espías, todos espiamos

Brasil vigiló a diplomáticos de Rusia, Irán e Irak, así como a agentes del servicio secreto francés, sospechosos de haber saboteado una base lanzamientos espaciales.

En 2003, un accidente destruyó la base de lanzamientos espaciales de Alcántara, operada por Brasil en una zona entre el océano Atlántico y el Amazonas. En el incidente murieron 21 personas. Los daños, no hace falta decirlo, fueron millonarios.

La base tiene una ubicación privilegiada por su cercanía con la línea del Ecuador, lo que facilita la salida del planeta de los cohetes (su posición en el globo permite ahorrar 30% en el combustible de cada misión); la instalación se convirtió en la mayor competencia del Centro Espacial de Kouru, un lugar de lanzamientos operado por Francia en la Guyana Francesa.

En ese entonces, la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) emprendió una labor de contraespionaje de agentes del servicio secreto francés para averiguar si este país estuvo detrás del accidente en la base de Alcántara.

Esta es una de las revelaciones que público el diario brasileño Folha de Sao Paulo en una investigación que, sustentada en documentos obtenidos de la ABIN, habla de varias operaciones de espionaje en contra de gobiernos extranjeros, así como de empresas foráneas.

La publicación del diario llega en un momento especialmente sensible en lo que tiene que ver con actividades de inteligencia por cuenta de la postura asumida por Brasil, bajo la presidencia de Dilma Rousseff, que encabeza un grupo de países que se opone duramente al espionaje en masa emprendido por Estados Unidos en contra de países aliados.

El gobierno se refirió escuetamente a las revelaciones del diario en un comunicado en el que aseguró que “Las operaciones citadas (...) obedecieron a la legislación brasileña de protección de los intereses nacionales”.

De acuerdo con los documentos publicados, la ABIN vigilaba desde 2002 a una red del servicio francés de espionaje que se encontraba activa en Maranhao y Sao Paulo y de la cual formaba parte un hombre identificado como “Olivier”, que posaba como instructor de kitesurf mientras reclutaba informantes en la base de lanzamientos. El accidente de 2003 en Alcántara se debió a un problema eléctrico; la instalación actualmente está siendo reconstruida.

Además de las operaciones en contra de la inteligencia francesa, la ABIN también vigiló las comunicaciones de diplomáticos de Rusia, Irán e Irak, tanto en sus sedes diplomáticas, como en sus residencias privadas.

La agencia también estuvo vigilando un piso comercial rentado por la embajada de Estados Unidos en Brasilia, la capital brasileña, en el que sospechaba que había equipos de interceptación electrónica, pues en el lugar no se registraba ninguna actividad en particular.

Brasil se encuentra actualmente en una suerte de cruzada en contra del espionaje a gran escala emprendido durante años por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, cuyos métodos de vigilancia electrónica le han permitido capturar un vasto volumen de información de ciudadanos en todo el mundo, así como interceptar las comunicaciones de líderes mundiales como Rousseff oÁngela Merkel, canciller alemana.

El gobierno de Rousseff ha propuesto la creación de una especie de internet seguro para todo el aparato estatal brasileño, así como se encuentra impulsando una discusión en las Naciones Unidas acerca de la importancia de la privacidad en la red. “Consideramos que la privacidad en internet forma parte de los derechos humanos y su defensa tiene que recibir un tratamiento prioritario en las discusiones de la ONU”, escribió recientemente la mandataria en su cuenta de Twitter.

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