"La estrategia de EE.UU. debe ser no meter la pata"

Jorge Domínguez, profesor de Harvard y experto en política latina, explica el impacto de esta visita en los vínculos renovados entre EE.UU. y Cuba.

Un joven pasea con su perro junto a un cartel alusivo a la Revolución Cubana en una calle de La Habana (Cuba). EFE

Después de 56 años de embargo económico, un presidente estadounidense pisará hoy suelo cubano. Barack Obama aterrizará en La Habana para encontrarse mañana con su homólogo cubano, Raúl Castro, después de más de un año del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países: una reunión esencial para el progreso en materia económica y política. El martes, Obama ofrecerá un discurso en el Gran Teatro de La Habana y hablará con algunos presos políticos. La reunión entre ambos mandatarios significa, sobre todo, la apertura de dos mundos políticos que parecían destinados a resistirse, y ocurre justo en momentos en que la izquierda de América Latina se disgrega con el próximo término de las presidencias de Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador), y el abandono regional de la presidencia de Nicolás Maduro.

Jorge Domínguez, nacido en 1945 en Cuba, es profesor de la Universidad de Harvard y se ha especializado por años en la política latinoamericana, hasta el punto de ser considerado el “cubanólogo” por excelencia. En esta entrevista, Domínguez describe los matices de la visita de Obama y glosa algunas hipótesis sobre el futuro político de la isla.

¿Esta visita es el sello de la reconciliación entre Cuba y EE. UU.?

Diría que no es tanto un sello de consolidación, sino más bien un intento de impulsarla, a sabiendas de que hay una elección presidencial por ocurrir en Estados Unidos en noviembre, con un resultado incierto, y si se quiere llegar a una consolidación hay que darles un empujón más a cosas que faltan por hacer. Ese es el propósito de la visita y también explica por qué en vez de visitar a finales de 2016 (tendría cierta lógica, ya no habría una elección de por medio), los visita ahora: para ver al presidente Raúl Castro de cara a cara y decirle: “Oye, si vamos a lograr que esto perdure, tenemos pocos meses”. Y es una conversación que los diplomáticos que trabajan para los dos gobiernos, que han sido muy eficaces, no pueden tener. Requiere una discusión de presidente a presidente.

Los derechos humanos son un punto importante en la agenda. ¿Qué tanto ha avanzado Cuba en esto?

Han ocurrido cambios importantes en los derechos humanos en Cuba, principalmente durante la presidencia de Raúl Castro, pero algunos venían de antes. Ejemplos rápidos. Ya hace más de diez años que no se aplica la pena de muerte. Ya durante el transcurso de este siglo, el número de presos de conciencia, el tipo de personas que está en la cárcel por haber expresado sus criterios políticos, se ha reducido enormemente, y si creemos la información de Amnistía Internacional, pues ya no los hay. El debate sobre presos políticos es el tipo de personas que, por supuesto tienen criterios políticos, pero también un comportamiento que va más allá de expresar sus ideas. Y es un concepto muy debatible.

Pero aún en este criterio el número de presos (que vamos a seguir llamando políticos) se cuentan en docenas, no en miles. Cuba tuvo momentos con decenas de miles de presos políticos. Si hacemos un ejemplo de otra índole, en Cuba el mero hecho de ser un homosexual te llevaba a una prisión forzada en un campamento rural, bajo mando militar, en la década de los sesenta. En 1980, estas personas por el mero hecho de ser homosexuales los montaron en un barco y fueron deportados sin procedimientos legales que lo justificaran. Ya eso se acabó. Y se acabó en gran parte, porque una de las hijas de Raúl Castro, Mariana Castro, se ha convertido en una de las principales defensoras de los derechos de homosexuales, hombres y mujeres, con el argumento muy claro de que ser homosexual no es un crimen, bajo las leyes cubanas, ni un agravante si cometí otro crimen. Hay una serie de cosas que han venido ocurriendo y que sí son importantes.

Y hay otras cosas que de alguna manera han empeorado. Si bien se reduce el número de presos de conciencia y de presos políticos, aumenta el número de personas arrestadas: los llevan a la estación de policía por cinco o diez horas. Es un mecanismo más suave de ejercer la fuerza autoritaria y lo utilizan para intimidar. Se ha convertido en una sustitución al hecho de meterte en la cárcel diez años, que era lo que se hacía en la presidencia de Fidel. Es preocupante. Hay otras cosas en que hay combinaciones de medidas: se ha aumentado el acceso de lugares en donde se puede acceder a internet, pero no ha cambiado una política sistemática del gobierno de bloquear sitios de internet que no quiere que se vean. Eso no ha cambiado.

¿Cuando se acabe el embargo, la economía de la isla será colonizada por Washington?

La palabra colonizada es dura. Y me sorprendería si ocurre así, porque hay una presencia de empresas radicadas en otros países que ya tienen una presencia importante en Cuba. Que Cuba tenga un gran flujo de empresas de Estados Unidos no me sorprende. Es un pronóstico confiable. Pero déjeme darle un detalle. Una de las actividades que ya se está desarrollando mucho es el turismo internacional, incluso los turistas que vienen de Estados Unidos. Podemos imaginarnos el desarrollo de un sector turístico con otro tipo de empresas que provengan de Estados Unidos. En la Organización Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), que es la entidad que lleva las estadísticas del gobierno cubano, hay un informe sobre el turismo nacional del primer año después del anuncio formal del cambio de relaciones. Si ve la visita por países, una lista muy detallada, Estados Unidos no está, porque los turistas de Estados Unidos están todos incluidos en un renglón que se llama otros.

La información aparte, que viene de los académicos cubanos, es que los turistas de Estados Unidos, incluyendo los cubanoamericanos, ya están en el número dos. Canadá sigue en número uno. Y que el gobierno cubano lo siga incluyendo en el renglón otros nos dice que la invasión de empresas de Estados Unidos queda muy rezagada a la llegada de cientos de miles de turistas de Estados Unidos. Este gobierno cubano hará todo lo posible por evitar la “colonización” del sector turístico de Cuba. Por el momento, lo que sí hay es el ridículo de que Estados Unidos, en las estadísticas, es el país inmencionable. Que el gobierno oficialmente, a año y pico del cambio de las relaciones, siga temblando frente a la posibilidad de reconocer que sí han llegado casi medio millón de turistas a Estados Unidos desde entonces, me parece ridículo, pero también notable como detalle de sensibilidad política.

Usted ha escrito que Cuba podría convertirse en el Singapur del Caribe. ¿Qué quería decir con eso?

¿Cuál fue la clave de Singapur durante el pasado medio siglo? En el momento en que arranca, no era más que un puerto donde la mayoría de personas vivían en condiciones miserables, es una ciudad que carece de otro tipo de oportunidades y decidió encaminarse por ser un país bien organizado que invertía en la educación y la salud de la gente. Cuba es un país muy bien organizado que ha invertido eficazmente en la educación y la salud de su gente. Su futuro social, político y económico está en el sector de servicios, no sólo en el de servicio turístico, sino en la exportación de servicios médicos, la recepción de personas para trato de salud. Es un gran centro de investigación de ciencia aplicada en distintos campos. Eso es un comportamiento futuro, con incentivos económicos mucho más normales, que podría convertir la isla en el Singapur del Caribe.

Y en cuanto a lo político, ¿qué va a ser del socialismo cuando se acabe esta era de los Castro? Raúl es el último Castro en el poder….

Fidel ya está por cumplir noventa años. Raúl, que es un poquito más joven, pero nació en 1931, tampoco es un niñito, ya anunció que no se postulará para la reelección en 2018. De manera que ya le quedan menos de dos años como presidente. No es que sea imposible que otro miembro de la familia tenga posiciones importantes, pero dudo que el próximo presidente tenga ese apellido. Y lo que está por ocurrir, el mes que viene, es el congreso del partido. En ese congreso hay dos grandes temas: uno, obligatorio, la identificación de los nuevos miembros del comité central y, dos, de los nuevos miembros del buró político del partido.

Ya en el último congreso, hace cinco años, hubo modificaciones importantes en la membresía del comité central, pero han cambiado muy poco quiénes son los miembros del buró político, que es el grupo clave en todo el sistema político cubano.

Son 14 miembros y 10 de ellos son mayores de 70 años. Esa gente tiene que jubilarse. Si de verdad Raúl Castro quiere que el socialismo en Cuba perdure, no se puede lograr cuando 10 de los 14 miembros del equipo político máximo del país están ya en franca edad de jubilación. Que se quede alguno que otro, está bien, pero así no se construye el futuro.

Luego hay una generación política perdida. No hay ni un solo miembro del buró político nacido entre 1945 y 1958, que es el último año del gobierno de Fulgencio Batista. Y entonces hay cuatro que nacieron entre 1958 y 1964. Y se acabó. Entonces, parte de lo que hay que observar en este congreso del Partido Comunista es qué va a pasar con los miembros del buró político, quiénes van a ingresar. Una de las formas de modificarlo, la menos audaz, es simplemente aumentar el número de 14 a 20, y añadir a una media docena de personas nacidas en los sesenta o setenta. Pero lo más lógico sería una nueva formación. Es un tema obligatorio.

Lo otro que se ha anunciado como tema de discusión interna en el partido, pero no se ha presentado en público, es un cambio de la ley electoral para elección de la Asamblea Nacional y las asambleas provinciales y municipales. El cambio más simple no es gigantesco, no es una cosa que transformaría al país en un régimen democrático en el sentido normal de competencia entre partidos, pero sí sería importante en el caso cubano. Es la aplicación de la ley electoral municipal al ámbito nacional. ¿Qué quiere decir eso? Siempre todo es un sistema de partidos únicos, pero la ley electoral municipal exige que para la elección de una asamblea municipal tiene que haber por lo menos dos candidatos por escaño. Si vamos a llenar un puesto, tiene que haber por lo menos dos candidatos. Por otra parte, la ley electoral nacional dice que el número de candidatos es igual al número de puestos. Es decir: todos ganan en la Asamblea Nacional.

La modificación más simple de la ley, menos audaz pero importante, sería decir que la ley municipal tiene que también aplicarse a la Asamblea Nacional: dos candidatos por puesto a elegir en el Parlamento nacional. Si esa ley hubiera existido en la última elección para la Asamblea Nacional, que fue en 2013, la tercera parte de los miembros del buró político habrían sido derrotados. Un cambio tan simple, tan modesto, que seguiría siendo de partido único, hubiera tenido un impacto notable. Y podría tenerlo para la elección de la Asamblea en 2018.

¿Cree que el final de los gobiernos de izquierda en América Latina le abre las puertas a EE. UU.?

Estos cambios abren, en primera instancia, un espacio nuevo en la vida política de estos países porque, de pronto, personas que han gobernado al país por un período larguísimo ya no van a ejercer la presidencia. Mi impresión es que el interés general de Estados Unidos es que estas nuevas aperturas políticas avancen por su propio peso en cada país.

No veo la presidencia de Obama, pero tampoco vería la de Clinton ni la de Trump, meterse en líos innecesarios, porque de alguna manera las cosas, vistas desde lejos, marchan bien. Habrá un nuevo presidente en Bolivia, uno nuevo en Ecuador. Entonces, la mejor política de Estados Unidos es no meter la pata. No exigirle a su embajador en Bolivia que insulte a Evo Morales ni a su gobierno, que fue lo que ocurrió cuando Evo estaba en la oposición, a comienzos de este siglo. Al embajador no le quedó más remedio, bajo instrucción de Washington, que decir que sería un desastre si Morales era elegido. Fue para Morales el mejor regalo político que se le pudo hacer. No veo ni a Clinton ni a Trump metiendo la pata en esas cosas. No tienen que hacer mucho.

Las relaciones económicas entre estos países de izquierda y Estados Unidos van bien. Venezuela sigue exportando mucho más petróleo a Estados Unidos de lo que le exporta a cualquier país del mundo. Nadie se enteraría de que Nicolás Maduro es el presidente de Venezuela si sólo se ve el flujo de petróleo. Las relaciones comerciales entre Ecuador y Bolivia, por una parte, y Estados Unidos, van bien. Creo que la principal estrategia de Estados Unidos frente a estos países es evitar meter la pata. No hay que hacer mucho más.

En momentos anteriores ha metido la pata, no ha sido confiable. Pero en el manejo normal de las relaciones, no meter la pata es un objetivo importante y realizable.

Obama también va a Argentina. ¿Cómo ve esa visita?

Creo que ahí lo que se va a reconocer es una elección que permitió a la oposición llegar a la Presidencia. Eso siempre es bueno reconocerlo. Aunque no ocurriera más nada, eso ya justifica la visita de cualquier presidente democrático. Se merece reconocimiento y aplausos tanto al gobierno de Cristiana Fernández como el de Macri. Además, ya ocurrió una negociación notable para tratar de resolver las deudas internacionales pendientes de Argentina, la decisión del juez Griesa en Nueva York. También es un paso de avance importante.

Luego están las perspectivas con relación al futuro. La principal perspectiva entre Argentina y el resto del mundo es que Argentina tiene una cantidad fabulosa de recursos energéticos que explotados en el sentido técnico, no en el sentido imperialista, requieren una enorme cantidad de inversión financiera que sí es posible, pero que es mucho más posible con una cooperación de Estados Unidos que con su oposición. Ese puede ser un tercer propósito de la visita.

¿En qué cambió el escenario regional con la llegada de Macri al poder?

Parte de lo que cambió es la relación con países vecinos. Es una relación mucho más profesional tanto con Chile como con Brasil. El gobierno de Fernández, en materia económica, se caracterizaba por sobre saltos, era algo impredecible, tomaba medidas arbitrarias. Macri, en cambio, ha anunciado su estrategia económica con gran claridad, que la ha venido aplicando, y esto le permite a Brasil, en el contexto de Mercosur, y a Chile, saber qué está buscando. Estos avances con los países vecinos son de gran importancia. En el ámbito general suramericano, implica un miembro de organismos multilaterales, sea la Celac, sea la OEA, confiable, respetuoso de las normas establecidas, y ese también es un paso adelante.

Las relaciones con Estados Unidos habían caído casi a punto cero, no es que fueran conflictivas como en el caso de las relaciones con Maduro, pero no había casi nada que hacer. Las relaciones con la Unión Europea no es que fueran malas, pero no avanzaban. La relación con la China continuará, porque es de interés para todos. Hay cambios que facilitan mejorar las relaciones, lo cual es neto positivo.