“Europa cerró sus puertas”

Hernán del Valle es uno de los coordinadores principales de una inédita operación de rescate que realizará Médicos Sin Fronteras en el mar Mediterráneo para evitar más muertes de migrantes.

Un grupo de migrantes rescatados en el Mediterráneo espera desembarcar en el puerto de Sicilia, Italia. /AFP

¿En qué consiste su trabajo frente a la población migrante?

El problema de la gente que llega o pretende llegar a las costas de Europa sucede desde hace más de una década. Trabajamos desde el año 2000 en Lampedusa y desde 2002 en Sicilia. Históricamente tenemos presencia en fronteras de Europa donde hay tráfico de personas. Trabajamos así desde que Europa cerró sus fronteras para hacer imposible que la gente que viene de afuera pueda llegar. Desde entonces se agotaron las vías legales para llegar y comenzó a surgir este tráfico infame de gente.

Lo nuevo ahora es involucrarnos en el rescate marítimo en el Mediterráneo. Nos lanzamos el 2 de mayo a cubrir una operación inédita para Médicos Sin Fronteras (MSF). Lo que nos impulsa es la pasividad e inacción de los gobiernos europeos. La falta de voluntad política de hacer frente a una situación que pide a gritos capacidad de rescate. Sólo el año pasado se ahogaron 3.500 personas. Los números van en aumento año tras año.

¿Qué hacen una vez rescatan a la gente?

Ofreceremos lo que necesitan: agua, comida, ropa, atención médica primaria y de emergencia. La gente llega en muy mal estado. Con un pánico atroz y deshidratados, con quemaduras por la exposición prolongada al sol, con infecciones de piel, con condiciones crónicas que no han recibido medicaciones. Hay hasta partos a bordo. Se necesita esa atención médica y es lo que brindaremos en el barco.

Es una operación independiente pero coordinada con el Centro de Rescate Marítimo, con sede en Roma. Ellos reciben las llamadas de los barcos en peligro y nos piden rescatarlos. Lo hacemos y luego desembarcamos a la gente donde indiquen las autoridades italianas. Tenemos la obligación de rescatar, porque es parte del derecho marítimo que un barco en peligro debe ser rescatado.

¿Cuál es el futuro de esa gente?

En el mejor da los casos es incierto. En el peor de los casos, bastante triste. Hoy Europa no es lo que fue hace unas décadas; después de la Segunda Guerra Mundial o durante la Guerra Fría había hospitalidad hacia los refugiados. Hoy hay hostilidad. En los electorados europeos no hay mucha simpatía por la gente que llega y las democracias europeas responden a las percepciones de su electorado.

Si vemos un conflicto como el de Siria, que lleva cinco años, en los que han huido millones de personas, tenemos que el Reino Unido ha aceptado 143 sirios como refugiados. El gobierno holandés acepta 500 personas por año. Las cuentas son mínimas. La mayor parte de los refugiados que hoy huyen de los conflictos en Siria, África subsahariana, Irak, Afganistán y demás, están albergados en países limítrofes a los del conflicto. El 80% de los refugiados sirios están en Líbano o Turquía, no llegan a Europa porque se les han cerrado las puertas.

Entonces el futuro es bastante negro o incierto. Muchos tratarán de entrar a Italia, pasarán a la clandestinidad, intentarán llegar a otros países. Así es como se ve a esta gente en Europa, sin acceso a servicios primarios y marginalizada.

¿Cuál sería la estrategia más concreta para que Europa acabe con las raíces de la migración ilegal?

Europa tiene que cuestionarse dos cosas. Primero, si la política de cerrar las puertas y cavar fosas para evitar que la gente llegue tiene sentido o si en realidad esto está generando otro problema: la gente sigue viniendo, en cantidades cada vez mayores, pero de manera cada vez más arriesgada. Se pone a la gente en peligro. Para acabar con esto se tienen que crear vías legales para que la gente pueda llegar y los que buscan asilo puedan solicitarlo. No se trata de resistirlo, sino de gestionarlo de una manera responsable que tenga como prioridad no poner a la gente en peligro.

Segundo, hay que ver que darle la espalda a la posibilidad de rescatar gente del mar, teniendo los recursos y los medios necesarios para hacerlo, es una política moralmente injustificable.

¿Y es una política que roza los límites de lo doloso?

Claro. La marina italiana, desde noviembre de 2013 a 2014, hizo la operación Mare Nostrum. En un año rescataron 150.000 personas del mar. La decisión de la Unión Europea de no continuar con esa operación, cuando se ha probado que puede salvar vidas, es injustificable. Muchos dicen que hay un “efecto llamada” de estas operaciones: si uno pone barcos y capacidad de rescate, se incentiva que la gente venga.

Este argumento es absolutamente falaz y un poco cruel. Los que rescatan no son los que crean el problema, que está ahí desde hace más de una década. Decir que para evitar el “efecto llamada” hay que dejar morir algunos miles de personas para que los que vienen detrás aprendan la lección, es utilizar a seres humanos como un medio para un fin político.

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