Europa: ¿una ola de cambio político?

La Unión Europea mira con preocupación las elecciones en Grecia, en las que el triunfo de los izquierdistas de Syriza se da por descontado. Esta victoria política se replicaría en otros países.

Alexis Tspiras (i), líder de Syriza, y Pablo Iglesias (d), cabeza de Podemos, provocan temores en Europa. El primero puede ganar hoy en Grecia y empezar una ola de partidos antiausteridad. / AFP / AFP

El pasado lunes, en el auditorio del gimnasio Japy del norte de París se reunieron el excandidato presidencial y líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Melenchon; la exministra y figura del Partido Verde, Cécile Duflot; y el secretario del Partido Comunista Francés, Pierre Laurent. La cita, a la que también llegaron centenares de simpatizantes y activistas, era para apoyar al partido griego Syriza para las elecciones parlamentarias en Grecia hoy.

La victoria de la formación encabezada por Alexis Tspiras, un ingeniero civil de cuarenta años, sería la primera de un partido que se opone a la austeridad como eje de las políticas públicas en Europa. En ella, ecologistas, comunistas, altermundialistas e izquierdistas radicales ven la oportunidad de recuperar peso político frente a la izquierda-centrista de los partidos socialistas y sobre todo frente a los populismos de extrema derecha. “Hoy comienza la liberación de Europa”, afirmó Melenchon en su discurso.

De Atenas a Madrid

La “fiebre Syriza” inspiró durante la última semana concentraciones de apoyo en Francia, Italia y Portugal, pero sin duda el país más atento a los resultados de este domingo es España. Pablo Iglesias, el líder de Podemos, viajó el pasado jueves para acompañar a Tspiras en el cierre de campaña en la plaza Omonia de Atenas. Una victoria de Syriza, que recíprocamente ha manifestado apoyar a Podemos, sólo podría consolidar el avance de este movimiento, que en menos de un año ha logrado establecerse como favorito para destronar al Partido Popular y al PSOE en las elecciones españolas de diciembre.

“En Grecia no vemos mucha diferencia entre la derecha de Nueva Democracia y Pasok, el partido socialista que gobierna con ellos. Las mismas dos familias políticas que causaron la crisis han traicionado durante años las esperanzas del pueblo para gobernar obedeciendo las directivas de los acreedores del país. En Europa el socialismo ya no tiene nada que ver con la izquierda”, dice Anastassia Politi, miembro de la delegación de Syriza en Francia.

El ascenso

Syriza, sigla de Coalición de la Izquierda Radical, nació en 2001 como un espacio de encuentro de opositores a las políticas del gobierno y adoptó su nombre actual para las elecciones de 2004, alrededor de un núcleo de representantes de movimientos ecologistas, comunistas y sindicalistas. El rechazo a las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea permitió la consolidación del movimiento bajo la dirección de Yannis Banias y a partir de 2011 alrededor del joven Alexis Tspiras.

El código electoral griego estipula que el partido que obtenga un mayor número de votos recibe cincuenta escaños adicionales para así evitar el sabotaje de la oposición en un contexto que exige una acción legislativa rápida. La medida, sin embargo, no es válida para las coaliciones, lo que obligó en 2013 a que Tspiras convirtiera a Syriza en un partido unitario. “No por ser partido tenemos una ideología uniforme”, explica Politi.

Con los cincuenta escaños de bonificación, a un partido le basta un 40% de los votos para obtener la mayoría absoluta. Según todas las encuestas, Syriza superará ese porcentaje y no tendrá mayor problema para replantear a su gusto las políticas internas y externas de Grecia en los próximos años. Uno de los elementos centrales del programa del partido da tanta esperanza a los asfixiados ciudadanos griegos como dolores de cabeza a los gobiernos europeos: la política de austeridad no puede continuar como se viene llevando.

La deuda impagable

Las promesas de Syriza incluyen la restitución de la seguridad social gratuita y el servicio de electricidad para cerca de 300.000 familias que no pueden pagar sus facturas y el aumento del salario mínimo. Ninguna de ellas es realizable sin renegociar la deuda griega que, a pesar de las políticas de austeridad, sigue siendo de casi el 180% de un PIB que no ha aumentado y sin que esa renegociación no incluya la supresión de una parte de la suma. En sus columnas de opinión, republicadas en los principales diarios de Europa, Tsipras no ha perdido la oportunidad de recordar que en febrero de 1953, ante la situación catastrófica de Alemania, sus grandes acreedores, entre los que se encontraba Grecia, tomaron la decisión de perdonar el 60% de su deuda y refinanciar el resto a treinta años.

Tsipras insiste en que Grecia no dejará de pagar, pero al mismo tiempo mantendrá una parte fija del presupuesto estatal para los mínimos sociales y otra para sostener el crecimiento del país. Esa es en su opinión la única manera de evitar que en unos años, Grecia vuelva a repetir la historia. Si Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, ha hecho saber que la renegociación de la deuda griega no está en la agenda, la troika de acreedores (el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) no pueden declarar sanciones contra un miembro de la zona euro sin arriesgar la estabilidad de la moneda.
Esa puede ser una de las razones por las que la salida del euro, en un tiempo evocada por Syriza y que produjo una reacción de pánico en los mercados europeos, ha desaparecido del programa de la formación griega.

¿Los extremos se juntan?

La decisión de mantenerse tanto en la Unión Europea como en la zona euro, no sólo ayuda a calmar a las autoridades económicas, sino que entierra el argumento según el cuál la única diferencia mayor entre los partidos de extrema izquierda y extrema derecha en Europa sería el discurso sobre la inmigración.

Aunque las declaraciones de Marine LePen de que “vería con buenos ojos la victoria de Syriza” encontraron un gran eco en los medios europeos, un portavoz de la formación griega se apresuro a señalar que “no les interesan” ese tipo de apoyos y a recordar que el partido “hermano” del Frente Nacional en Grecia o Laos hace parte de la actual coalición de Gobierno y nunca ha tomado distancias con las políticas de austeridad y con el sistema de ayudas de la troika, aunque estas se hayan destinado en buena parte como colchón para garantizar la sostenibilidad futura del sistema financiero.

“Frente al ascenso de Syriza los dirigentes europeos han atizado el miedo, cuando lo cierto es que no hay ningún acercamiento posible entre las intenciones y valores de este movimiento y aquellos defendidos por la extrema derecha”, opina Jean-Marie Harribey, profesor de economía de la Universidad de Burdeos y copresidente del consejo científico de ATAC.

Con una depreciación del 90% en los salarios, un cuarto de la población sin trabajo, la desaparición de las prestaciones sociales y el cierre masivo de empresas familiares, las necesidades de vivienda y alimentación no están garantizadas, Grecia se encuentra en este momento al borde de una crisis humanitaria, un caso único en la Europa de la posguerra.

“Hay tres posibilidades: una nueva crisis, una sacudida que venga de la izquierda o un sacudida política que venga de la derecha. Los políticos deberían tener la inteligencia de reconocer que la segunda posibilidad es de lejos la mejor”, afirmaba el economista Tomas Piketty en su columna del diario L'Humanité, refiriéndose a los comentarios realizados por diferentes partidos centristas y de centro izquierda sobre el riesgo que implicaría una victoria de Syriza, la previsible consecuencia de una victoria de Podemos en España y la consolidación de un frente izquierdista en Francia.

Esta última posibilidad parece lejana para Lillian Allemagna, encargado de los movimientos de izquierda del diario Libération: “Grecia no es Francia y la unidad de toda la izquierda no gubernamental es ilusa, pues los verdes y el Frente de Izquierda no logran ponerse de acuerdo en temas como la energía y las cuestiones europeas”.

Para Harribey, sin embargo, el “efecto dominó es posible y no sólo se debe a los resultados electorales de este domingo, sino a que la victoria de Syriza permitirá debatir sobre ciertos puntos que hasta este momento se han considerado intocables”. Se refiere, entre ellos, a la visión del empleo exclusivamente en términos del costo del trabajo y el hecho de que los proyectos de desarrollo ecológico dependan exclusivamente de inversores privados que buscan rentabilidad a corto plazo. 

[email protected]

@r_abdahllah

Temas relacionados

 

últimas noticias