Falso shaolín español mató a la colombiana porque "era agresiva"

Dos mujeres declararon que Juan Carlos Aguilar tenía conductas extrañas y violentas cuando tenían relaciones sexuales.

El falso monje shaolín, Juan Carlos Aguilar, que asesinó a la colombiana Jenny Sofía Rebollo declaró que la habría asesinado por su conducta agresiva.

Así lo reveló el diario ABC de España que además recoge las declaraciones de dos mujeres con quienes el asesino mantenía esporádicas relaciones sexuales.

Según el diario, Juan Carlos Aguilar relató que él iba en su carro cuando vio en la calle vio a Jenny discutiendo con otra persona; decidió llevarla al gimnasio. “Una vez allí, según asegura, ésta se puso agresiva, por lo que la mató”.

El mismo diario recoge versiones de dos mujeres que tuvieron relaciones con el shaolín y que señalaron que éste últimamente tenía algunas conductas sexuales extrañas. Por ejemplo una de ellas relató que le vendaba los ojos, la ataba a la pared y luego le lanzaba cuchillos.

La otra mujer aseguró que había mostrado cierta obsesión por buscar prostitutas para drogarlas, dejarlas inconscientes y luego someterlas.

Durante los allanamientos al gimnasio de Aguilar, se encontraron fotos y videos en los que se revelan sus poco comunes prácticas sexuales.

Los restos de Jenny Rebollo fueron encontrados la semana pasada repartidos en la vivienda y el gimnasio de Aguilar cuando la Policía registró esos lugares después de ser alertada por vecinos de que estaba agrediendo a otra mujer, la nigeriana Maureen Ada Otuya, de 29 años, quien falleció días después a causa de las lesiones sufridas.

Jenny Rebollo tenía dos hijos, uno de 3 años, que vivía con ella en Bilbao (norte de España), y otro de 6 años, que reside en Montería (Colombia), con su abuela.
En Bilbao, Aiber Ribera, el camarero de un bar al que solía acudir Jenny explicó que la mujer "pasaba por una mala racha".

"Tenía una peluquería, tenía dos niños y estaba casada con un chico de aquí, pero de un momento a otro se separó y comenzó a andar en cuestiones de tomar una cervecita; últimamente se veía muy sola, hace quince días estuvo aquí y le dije que no podíamos atender, que estaba cerrando".

Aiber Ribera agregó que la mujer "era una chica que no le hacía daño a nadie, se tomaba una cervecita, seguía en otro bar y nada más; a veces no le podía atender porque venía un poquito colocada, pasaba una mala racha, le han quitado a los dos niños...".

Recordó que "cuando perdió el matrimonio tenía una peluquería, una vida muy estable, pero a partir de ahí (de la separación) comenzó con ese camino".
 

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