Feliz arribo a un nuevo hogar

Mediterráneo. Esta es la historia de cuatro familias que se salvaron de un naufragio y de la llegada a Italia para reiniciar su vida.

Una niña rescatada el 6 de junio por la Marina alemana en el Mediterráneo. De allí fue llevada a Sicilia, Italia. /EFE

Durante una tarde de noviembre cargada de emociones, los miembros de cuatro familias se reunieron en una remota comunidad siciliana alejada de los múltiples problemas de su país natal. Los unía una tragedia terrible.

Los 13 sirios refugiados en el ayuntamiento de Sant’Angelo Muxaro habían sido pasajeros de un barco de traficantes de personas con destino a Europa que naufragó el pasado 11 de octubre aproximadamente a 95 kilómetros de la isla de Lampedusa, el territorio italiano más meridional. La Guardia Costera italiana y la Marina Maltesa lograron salvar a 211 personas, pero se han recuperado 27 cuerpos y se estima que más de 250 personas continúan desaparecidas en el Mediterráneo.

En medio de la confusión, muchos miembros de las familias que habían sobrevivido se separaron. A los niños no acompañados los llevaron a Sicilia, mientras que a los adultos los llevaron a Malta. La espera hasta recibir noticias de sus seres queridos fue una dura experiencia, pero las familias que se encuentran en Sant’Angelo Muxaro recibieron información sobre la situación de sus parientes desaparecidos con la mayor celeridad posible.

Esto hizo que la reunificación resultase agridulce para algunos de los refugiados y una experiencia angustiosa para todos tras el largo viaje hacia el pueblo que ahora se convertirá en su hogar temporal bajo un programa del gobierno italiano. Farah* estuvo al borde del desmayo cuando vio a su hija desde la ventanilla del bus luego del viaje de tres horas hasta Sant’Angelo Muxaro.

Hashim lloraba de alegría y dolor mientras tenía en brazos a Dawud, de dos años. La madre del niño se ahogó en el barco que debía ponerlos a salvo tras escapar de la violencia de su país de origen que ha obligado a más de 2 millones de personas a huir hacia otros países de la región.

Farah, su marido, Jaber, y Hashim estaban incluidos en el grupo de seis adultos y un niño trasladados desde Malta a Sicilia aproximadamente tres semanas y media después de la tragedia en alta mar gracias a un esfuerzo humanitario conjunto por parte de Acnur y sus socios, entre los que figuran los gobiernos de Malta e Italia, la Cruz Roja italiana, la Organización Internacional para las Migraciones, Save the Children y el Servicio Jesuita a Refugiados.

Los procedimientos burocráticos habituales se aceleraron, pero el grupo de Malta (Farah, Jaber, Hashim, Rashid, Ilham, Issam y su hijo Labib) tuvo que presentar cierta documentación y someterse a pruebas de ADN solicitadas por un juzgado de menores siciliano.

“Los procedimientos eran muy complejos dado que había niños involucrados”, apuntó el representante regional de Acnur, Laurens Jolles, durante su agradecimiento a todas las personas que hicieron posible que la reunificación se realizase en tan poco tiempo. “Estamos satisfechos al ver que esta reunificación familiar por fin se ha llevado a cabo”, declaró.

Tras realizar los trámites burocráticos, el grupo de Malta voló desde La Valeta con un funcionario de Acnur. El nerviosismo se palpaba en el ambiente mientras se preparaban para abandonar Malta. “No me importa que sea en Italia o en Malta, sólo quiero reunirme con Amira”, repetía Farah una y otra vez en el aeropuerto.

En el avión hacia Catania, al este de Sicilia, Labib, de cuatro años, se quedó dormido, probablemente sin ser consciente de la importancia de la inmediata reunión con su hermano Abdel. Sin embargo, su padre, Issam, no podía parar de preguntar por su mujer y sus otros dos hijos, a los que siguen dando por desaparecidos. El nerviosismo y la tensión aumentaron durante el viaje por carretera hacia Sant’Angelo Muxaro. “¿Está muy lejos? ¿Cuándo vamos a llegar?”, preguntaban una y otra vez Rashid e Ilham, quienes finalmente se reunieron con sus tres hijos pequeños, entre los que hay un bebé de 10 meses.

Las cuatro familias entrarán en un programa de recepción del sistema italiano de protección para los solicitantes de asilo y refugiados. Mientras se tramitan sus solicitudes de asilo pueden vivir en la zona de Italia que elijan. Se les proporcionarán alojamiento, comida, ropa, un subsidio y clases de idioma, así como acceso gratuito a la educación y servicios de salud durante más de un año.

Mientras tanto algunos de los niños ya han comenzado a adaptarse a Italia y a su lengua y cultura. “Macchinina, macchinina”, le decía Abdel a su hermano señalando un coche de juguete mientras jugaban. Incluso Issam, su padre, está decidido a integrarse. “Voy a aprender italiano”, ha prometido.

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