Fidel Castro, el comandante solidario

Luego de la Revolución cubana, Castro impulsó procesos sociales en África y América Latina. Apostó por misiones médicas y militares incluso en tiempos de escasez (y que a su vez le permitieron sortear el bloque de EE.UU.). Esa fue su mejor diplomacia.

Evo Morales y Nicolás Maduro, dos de los aliados de Cuba, asistieron al homenaje a Castro en La Habana. / EFE
Evo Morales y Nicolás Maduro, dos de los aliados de Cuba, asistieron al homenaje a Castro en La Habana. / EFE

Durante 57 años, en una isla caribeña de 100 mil kilómetros cuadrados, 11 millones de habitantes, a solamente 90 millas de Estados Unidos, Fidel Castro, el líder de la Revolución Cubana, despertó la simpatía de los movimientos de izquierda latinoamericanos y de los países no alineados alrededor del mundo y el odio de sus opositores, que con frecuencia lo clasificaron como tirano y dictador. Cuba, en los años de Fidel, se convirtió en el refugio de la intelectualidad latinoamericana, expulsada por las distintas dictaduras militares y civiles del continente.

Con o sin Fidel, Cuba, con sus increíbles logros y complejidades, seguirá siendo la tierra simbólica de la resistencia latinoamericana. Fidel y el Che Guevara hicieron parte de una generación de líderes que lucharon por un mundo con justicia social y humanismo, en un momento marcado por las contradicciones y asimetrías de la Guerra Fría. Entre estos se destacan Nelson Mandela (Sudáfrica), Amílcar Cabral (Guinea Bissau), Camilo Torres (Colombia), Turcios Lima (Guatemala), Ahmed Ben Barka (Marruecos) y Agostinho Neto (Angola).

Fidel tuvo mucho más que siete vidas. Enfrentó a 10 presidentes de Estados Unidos; se escapó de más de 600 atentados; sobrevivió a la crisis de los misiles en 1961, al bloqueo político y económico más largo de la historia continental; al período especial después de la caída del de Muro de Berlín en 1989; y a la crisis de los balseros; a la larga, rica y financiada oposición de los cubanos de Miami. Entre tanto, expandió sus lazos diplomáticos a través de servicios humanitarios y militares, que impulsaron procesos sociales en la vecindad y en otros continentes. Una de sus uniones más destacadas fue aquella que tuvo con Hugo Chávez, su aliado incondicional en los últimos tiempos, con quien hizo un intercambio solidario de médicos por petróleo, solucionando temporalmente el problema energético de la isla. En la isla nunca interpretaron la cooperación con Venezuela —100.000 barriles de crudo diarios— como ayuda, sino como intercambio. Solamente se entendió esta perspectiva después de la muerte del presidente Chávez: la mayoría de los cubanos conocía la cifra de 32.000 médicos, más deportistas y maestros que aportaban a las misiones (programas sociales) implementadas por Chávez. Según ellos, bastaba cruzar las cuentas para deducir que más que ayuda era cooperación e intercambio de bienes por servicios.

Fidel desafió la política exterior estadounidense a lo largo de la historia, puso en marcha una política exterior de “gran potencia” y puso a Cuba en el centro de la geopolítica mundial durante la vigencia del sistema bipolar y después de él, echando por tierra todas las previsiones de que con la caída de la Unión Soviética, al otro día Cuba se derrumbaría. Lo que hace recordar las palabras de un diplomático cubano, que posteriormente desertó hacia México a mediados de la década de los 90: “Mi decepción con el socialismo empezó el día en que muy joven llegué a la Unión Soviética para estudiar Derecho Internacional y poco a poco descubrí que los cubanos eran más comunistas que los soviéticos”.

A partir de 1989, el país perdió prácticamente todos los vínculos establecidos con la antigua Unión Soviética. A pesar del dramático “período especial”, Cuba siguió altiva y convencida de sus principios revolucionarios. El Estado garantizó con dificultad vivienda, salud, educación y alimentación básica y afrontó las consecuencias del recrudecimiento del bloqueo del gobierno de Estados Unidos, lo que a la larga se ha convertido en una propaganda a favor del gobierno y no ha sido suficiente para derrotarlo y alejarlo de la comunidad internacional.

En términos de solidaridad internacional, Fidel fue mucho más allá de Cuba y América Latina. Ofreció apoyo a muchos movimientos revolucionarios y a muchas luchas independentistas. Un buen ejemplo de esto es Argelia, que en su lucha contra el colonialismo francés recibió ayuda cubana en 1961, cuando la isla envió armas y asistencia médica a los independentistas. El gobierno cubano también estuvo presente en el proceso de liberación del Sahara Occidental.

Tampoco se puede desconocer el papel de Cuba en la lucha contra el Apartheid en África del Sur. Cuba envió soldados a Angola entre 1977 y 1988, lo que contribuyó para la derrota del ejército sudafricano en Cuito Cuanavale, en el sureste de Angola, en 1988. Nelson Mandela lo reconoció en su visita a Cuba: “¿Qué otro país puede demostrar una historia de mayor desinterés de lo que Cuba demostró en sus relaciones con África? ¡Sin la derrota en Cuito Cuanavale, nuestras organizaciones no habrían sido legalizadas! La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale me dio la oportunidad de estar hoy acá con ustedes. Cuito Cuanavale es un referente en la historia de la lucha por liberación de África Austral”.

Hay que mencionar el papel de Fidel en el sureste asiático. El 2 de diciembre de 1960, Cuba y Vietnam firmaron varios convenios diplomáticos, comerciales y de cooperación cultural y científico-técnica. En julio de 1961, se inauguró en La Habana la embajada de la República Democrática de Vietnam. En julio de 1962, el gobierno cubano fue el primero en reconocer al Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Sur. En 1973, Fidel Castro fue el primer estadista extranjero en visitar a la provincia liberada de Quang Tri. En innumerables ocasiones, Fidel repitió la frase: por Vietnam estamos dispuestos a dar hasta nuestra propia sangre.

Cuba sigue teniendo una de las diplomacias más activas del mundo. Hoy se conoce aún más este país por medio del trabajo de sus incansables médicos. Es bueno reiterar que cuando se dio la revolución en 1959, 3.000 médicos emigraron hacia Estados Unidos. A pesar de esto, el gobierno de Fidel ayudó a Argelia a sobrellevar la grave crisis sanitaria luego de su independencia con el envío de más de 50 médicos.

A principios del siglo XXI, un Fidel Castro cada vez más analítico y coherente con sus principios empieza a ofrecer al mundo la marca de una Cuba solidaria, no más por medio de revoluciones armadas, sino de misiones humanitarias, lo que pasará a ser un sello de Cuba en América Latina, África y Asia. Según una publicación de Cuba Debate, “actualmente 51.000 profesionales (cubanos) de la salud, entre ellos 25.500 médicos, de los cuales 65 % son mujeres, trabajan en 66 países. Desde el triunfo de la Revolución, Cuba realizó cerca de 600 misiones en 158 países, con la participación de 326.000 cubanos”.

Es importante resaltar que además Cuba formó miles de médicos provenientes de todo el mundo: alrededor de 38.920 profesionales de salud oriundos de países latinoamericanos, africanos y asiáticos. Ante la afirmación de la Organización Mundial de Salud de que existían “cerca de 285 millones de personas víctimas de deficiencia visual y que 90% de ellas se encontraban en países subdesarrollados”, Fidel Castro, con el apoyo de Venezuela, lanzó la Operación Milagro en 2004, la cual se extendió a varios países latinoamericanos, entre ellos Bolivia, Ecuador, Haití, Honduras y Guyana.

Esta operación posibilitó miles de cirugías gratuitas, destinadas a población de bajos recursos, que de otra forma no podían pagar sus costos. Desde 2004, cerca de tres millones de personas de 35 países recuperaron la visión. El programa de alfabetización cubano “Yo sí puedo” (2003), cuyo objetivo es erradicar el analfabetismo en el mundo, ampliamente reconocido por la Unesco, fue llevado a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Panamá y Venezuela y adoptado en ciertas regiones de Australia, Nueva Zelanda y España bajo la coordinación de profesores cubanos.

En estos días difíciles de América Latina y del mundo, la solidaridad de Fidel Castro hará falta a los que están al margen del mundo globalizado, pero como dijo el expresidente de Uruguay Pepe Mujica al despedirse de su gran amigo: “A vos te queda Cuba, que seguirá ahí, sin analfabetismo, con el mejor sistema de salud pública, con la mejor educación del continente” y posiblemente la isla resistirá y simultáneamente actualizará la Revolución de acuerdo a sus necesidades y a su propio modelo, a la cubana, sin perder uno de los elementos más significativos de su identidad: la internacionalización de la solidaridad.

*Profesora de la Universidad Externado.