Fidel Castro visto por quien fotografió su decadencia

Dos imágenes del dictador, una desmayado y otra caído y fracturado, le valieron el exilio.

Cristóbal Herrera tiene hoy 45 años y sueña con una Cuba libre, sin Raúl Castro ni dictador alguno. / Cortesía
Cristóbal Herrera tiene hoy 45 años y sueña con una Cuba libre, sin Raúl Castro ni dictador alguno. / Cortesía

La historia del fotógrafo Cristóbal Herrera Ulashkevich empezó cuando tenía 20 años y encontró una cámara al borde de una piscina en un hotel de La Habana. Como el dueño no apareció, se dijo: “este es un regalo del destino”. Su forma de ver el mundo lo llevó a la revista Bohemia y sus fotografías de la Cuba cotidiana permitieron que la organización World Press Photo lo invitara en 1999 a Holanda a un taller de formación. En enero del 2000, la agencia Associated Press lo contrató. Fue el primero en registrar la historia de Elián, el niño balsero del pueblo de Cárdenas. Después le encargaron no perder de vista a Fidel Castro. Y lo hizo con tal rigor que lo echaron de su amada isla.

Lo conocí en 2010 en Buenos Aires, Argentina, durante un encuentro latinoamericano de periodismo de investigación convocado por el Instituto Prensa y Sociedad (Ipys). Charlamos sobre su experiencia, vimos sus fotos y ahora su historia recobra interés tras la muerte de Fidel Castro.

¿Cómo es la historia de las dos fotos que le tomó a Castro y por las cuales terminó en el exilio?

La primera fue (el 23 de junio del 2001) en La Habana, sector de El Cotorro. Cubríamos uno de demasiados discursos semanales. Discursos que se pronunciaban dentro del marco de una actividad que se llamaba “Tribuna Abierta”, que había surgido para que cualquier cubano se parara en ellas y denunciara al imperialismo norteamericano. Bueno, nunca fue una tribuna realmente abierta, porque los que intervenían eran personas elegidas por el gobierno. Fidel hablaba en casi todas y por eso “un Fidel más” era como algo del día a día. En esa ocasión, Castro habló muchas horas... más de 3 o 4, el sol estaba ardiente y... bueno, empezó a ponerse rojo y comenzaron a salirle venas en la cara. Yo me enteré porque había pedido permiso a los de la seguridad personal para hacer unas tomas desde atrás (Cristóbal estrenó cámara ese día y estaba especialmente atento). Los demás fotógrafos estaban escondiéndose del sol y esperando a que el discurso acabara para hacer la despedida. Le aviso, en secreto, a mi jefe (José Goitía) y nos dispusimos, sin llamar la atención del resto de la prensa, a tomar la caída: “oye, el hombre se nos va del aire”, le comenté. Fidel comenzó a desafinarse y poco a poco a caer sobre el micrófono y... clic... luego un codazo de un escolta y más tarde a transmitir la foto (publicada en los más importantes medios de comunicación del mundo, a pesar de que un colega de AFP le sugirió no hacerlo “por el bien de tu familia”. Pero Herrera es sensible, profesional, atrevido y orgulloso. Reveló a un dictador débil y vulnerable. Desde entonces, todas las agencias empezaron a seguir la salud del comandante y los controles de seguridad se extremaron).

La segunda fue algo más rápido e inesperado (20 de octubre de 2004). Fidel estaba en Santa Clara, al este de La Habana. Terminó bien su discurso (todos los fotógrafos corrieron a enviar imágenes y Herrera esperó por “una más”). Comenzó a bajar las escaleras del podio y, de pronto... ¡puf!, se desapareció del visor de mi cámara! Lo busqué con la mirada y ahí estaba, tirado en el suelo, sobre el costado derecho, de espaldas a mí. Apreté el disparador aun sin tener tiempo de girar el cuerpo de la cámara para pasar de una foto vertical a otra horizontal pero... no me dio tiempo porque la seguridad se interpuso entre él y yo.

(Le reclamaron por si había tomado el momento y él dijo que no, que sólo tenía algo muy borroso. Disimuló unos minutos y corrió a un matorral entre el monumento del Che Guevara y el parqueadero y allí la archivó, por si le pedían borrarla, para enviarla más tarde desde La Habana, a través del correo electrónico. El líder de la Revolución cubana derrumbado, con fracturas de rodilla izquierda y brazo derecho).

¿Cuál fue la reacción de AP?

La AP, en ambos casos, me apoyó. Me pidieron que transmitiera las fotos y les pedí que si me botaban de Cuba me dieran trabajo en otro país (Serbia o Afganistán, sugirió en broma y en serio).

¿Y cuál la del gobierno cubano?

El gobierno no se pronunció directamente en ninguno de los dos casos... en el primero, dejaron de darme acceso a eventos de “primer nivel”, pero luego aquello cesó. En el segundo fue más o menos igual, pero a finales del 2004 me atajaron dos oficiales vestidos de civil y me “aconsejaron” que me fuera de vacaciones y ¡no regresara!

(Él se había convertido en crítico de la dictadura. El 23 de diciembre de 2004, víspera de Navidad, tuvo que irse con su esposa Isabel. Estuvieron en Costa Rica, luego en México. Seguía enviando material de esos países a AP, esperando regresar a su país y no pudieron. Con su hija Victoria, entonces con apenas dos años, terminaron en mayo de 2007 en la capital de la Florida, donde el Nuevo Herald publicó su denuncia tras pedir asilo político: “el gobierno cubano me impidió regresar al país sin ofrecer explicaciones. No nos quedaba otra opción. Es el precio de hacer fotoperiodismo en Cuba”).

¿Quién es Cristóbal Herrera como fotógrafo?

Es un hombre que ama la aventura y las causas buenas. Es un ser humano que escogió la fotografía porque el mundo se le escapa y quiere atraparlo.

(En Miami se consolidó como freelance porque tenía experiencia en publicidad y moda –es graduado del Instituto de Diseño Industrial de La Habana en 1996–. Expone en galerías de América y Europa, hizo parte de los libros Cuba, cien años de fotografía y Cuba, Sí! 50 años de fotografía cubana y se siente orgulloso, no sólo de sus imágenes de noticias -ha publicado en los más importantes diarios estadounidenses y británicos, y ahora las vende a la agencia EFE-, sino de bodas y retratos familiares que parecen obras de arte).

¿Cuál era la rutina de un fotógrafo encargado de captar la vida de Fidel Castro?

De captar la vida de Fidel Castro se encargaban fotógrafos y camarógrafos del Consejo de Estado de Cuba (estudió la obra de Alberto Korda, 1928-2001, el fotógrafo personal de Fidel). Yo era un reportero de prensa que cubría, entre otras muchas cosas, las apariciones en público de los Castro.

¿Qué le decían los asesores de Castro sobre las fotos que usted tomaba?

A los asesores de Castro no los conozco... de hecho, no creo que un personaje como él pudiera tener asesores... más bien él es quien asesoraba a todos. Asesoraba a toda Cuba. A él no se le decía qué hacer o qué no hacer, ¡él era quien mandaba y decidía! Quienes “decían” sobre nuestro trabajo eran los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores que se encargaban de la prensa extranjera. Ellos casi nunca hablaban directamente con los fotógrafos o camarógrafos, a no ser que pasara algo grave como, por ejemplo, cuando Fidel se desmayó (la primera foto) y me dijeron: “sabemos que tomaste la foto, ¡no la vayas a mandar!”.

¿Qué ha significado para usted vivir en el exilio?

Vivir en el exilio, un exilio forzoso, significa que todos los días extraño a mi tierra, a mi ciudad, a mis amigos y, sobre todo, a mis familiares. Significa que siempre me siento extranjero.

¿Cómo evalúa la libertad de prensa hoy en Cuba?

No creo que haya libertad de prensa en Cuba, por la sencilla razón de que toda la prensa que circula en Cuba (impresa y televisiva) es oficialista. No hay prensa independiente ni extranjera al alcance de la población, por tanto sólo se publica lo que el gobierno quiere publicar y eso, como es natural, neutraliza la libertad de prensa.

¿Qué diferencias había entre Fidel y su hermano Raúl Castro?

Fidel era romántico y Raúl es pragmático. Creo que el primero subordinaba todo a sus ideales, logrando, muchas veces, estar totalmente ajeno a la realidad. El segundo solucionaría muchos problemas para que “el sistema” funcione. Creo que Raúl adoptaría el sistema chino de política comunista con economía capitalista.

¿Qué cree que va a pasar cuando Raúl Castro deje el poder?

No dejará el poder... se morirá y luego... no tengo la menor idea. Sólo espero que haya paz y prosperidad en mi isla, que los rencores desaparezcan y que nos unamos todos los cubanos para reconstruir el país.

¿Qué foto de ellos no publicó?

Ninguna. Siempre enviaba todas las fotos que hacía. De hecho, me considero afortunado porque muchas veces enviaba fotos realmente desagradables a los ojos del gobierno y... bueno, ¡salí con vida!

¿De qué y cómo vive hoy en día?

Vivo de lo que amo: de hacer fotos. (Y da consejos como este: “Tome fotos para su propia satisfacción, siga sus instintos, rompa las reglas, y cuando se quejan, ignore a los editores... si usted sobrevive, entonces usted tiene mucho potencial”).

¿Cuál era su sentimiento por Fidel Castro?

De lástima... era un pobre anciano que pudo haberse retirado hace tiempo, en la cima de su gloria, pero que se aferró al mandato y se fue opacando y perdiendo su imagen de héroe (héroe negativo, pero héroe al fin). Creo que lo que más sufrió él fue el anonimato, el “no ser el número uno”.

¿Cuándo cree que pueda volver a la isla?

No sé... quizás cuando Raúl se haya muerto... o quizás me encarguen algún reportaje excitante y decida a volver a tentar a mi suerte y viaje...

(Si a Cristóbal Herrera le preguntan cuál es su carta de presentación profesional, habla de la exposición “Cuba Dura”-enfatiza en el doble sentido del título-, que cuenta con más de 600 fotos empezando por su abuelo muerto en su cama, rodeado de la familia. Al lado, “la omnipresente imagen de Castro”. “Es una propuesta visual que pretende demostrar el carácter surrealista del comunismo en Cuba. No es sólo una ambición profesional, sino también un intento personal por entender mis raíces y la actitud de mis padres, un cubano y una rusa, que viven en Cuba y ambos siguen defendiendo las ideas comunistas, aunque con diferentes matices”).

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