Fin de la división palestina

El acuerdo entre las fuerzas políticas del país deterioró el proceso de paz con Israel.

En la Franja de Gaza, una palestina celebra el acuerdo alcanzado entre Fatah y Hamás. / AFP

Palestina busca poner fin a siete años de división entre sus dos principales fuerzas políticas. El acuerdo pactado entre Fatah y Hamás incluye la formación de un gobierno de unidad, que deberá ser presentado el próximo 1º de julio, y la convocatoria a elecciones en enero de 2015.

Hamás es una fuerza política islamista con un brazo armado que declara la resistencia a la ocupación israelí y que es considerado terrorista por Israel, EE.UU. y la Unión Europea, entre otros. Su reclamo histórico ha sido recuperar la totalidad de la Palestina histórica, es decir, del territorio que fue entregado a Israel para que creara su Estado en 1948, y establecer allí un Estado islámico con Jerusalén como capital. Fatah, principal partido de la Organización para la Liberación Palestina (OLP), reconoce a Israel como Estado y se conformaría con un territorio que comprende alrededor del 22% de la Palestina histórica.

La división entre ambos tiene, además de sus diferencias ideológicas y políticas, causas relacionadas con el conflicto palestino-israelí. Cuando Hamás ganó las elecciones en 2006, Israel suspendió la transferencia de los fondos recaudados a través de impuestos a la Autoridad Palestina y la comunidad internacional boicoteó al nuevo gobierno, suspendiendo toda la ayuda económica para un país dependiente de la cooperación internacional. El boicot incrementó la polarización de Fatah y Hamás y éste terminó por tomarse el poder en la Franja de Gaza en 2007, expulsando a Fatah y agudizando aún más la división.

¿Qué territorio controla Hamás? Gaza tiene 40 km de largo y 10 de ancho; es uno de los lugares más densamente poblados del planeta. Más de un millón de los 1,6 millones de palestinos que lo habitan son refugiados que fueron expulsados de sus tierras cuando se estableció el Estado de Israel en 1948. Desde que Hamás se tomó el poder allí, Israel ha impuesto un bloqueo total que ha aniquilado la economía y asfixiado a la población gazatí. La ONU ha calificado esto como un castigo colectivo a la población civil, prohibido por el derecho internacional.

Las fronteras de Gaza con Israel están cerradas y controladas por el ejército israelí, los habitantes no pueden salir del territorio para visitar ni ser visitados por sus parientes en Cisjordania. Según la ONU y otros organismos internacionales, el 80% de la población gazatí depende de ayuda humanitaria, 44% de los habitantes sufre de inseguridad alimentaria, más del 90% del agua de Gaza está contaminada y es insegura para el consumo humano y más del 50% de los niños necesita tratamiento psicológico por el trastorno de estrés postraumático, generado por las operaciones militares israelíes.

Desde que se impuso el bloqueo a Gaza, esas operaciones militares han matado allí a más de 2.300 palestinos, y según DCI-Palestine, al menos 500 de los muertos han sido niños. Estos ataques sólo han logrado radicalizar la ideología y las acciones militares de Hamás.

Mientras Hamás ha controlado Gaza —calificada en 2010 por el primer ministro británico, David Cameron, como una “cárcel al aire libre”—, Fatah ha controlado Cisjordania, un territorio fragmentado por la construcción de colonias, muros y caminos israelíes que han crecido exponencialmente desde la guerra de 1967, una ocupación militar y civil en flagrante violación a la ley internacional. Actualmente viven allí al menos medio millón de colonos. Así como en Gaza, la economía y las fronteras cisjordanas son controladas por Israel, aunque la Autoridad Nacional Palestina (ANP) es la organización “autónoma” que gobierna bajo ocupación.

No es la primera vez que ambas fuerzas políticas intentan reconciliarse. El último entre varios acuerdos que han firmado fue en 2011, pero nunca se aplicó. Sin embargo, el pacto actual se da bajo una coyuntura particular: a menos de una semana de que se cumpla el plazo para lograr un acuerdo macro en el proceso de paz palestino-israelí y mientras el gobierno palestino retoma su búsqueda de reconocimiento y justicia ante la ONU.

El pacto de reconciliación no cayó bien en Israel, que no negociará con un gobierno que incluya a partidos considerados terroristas. El acuerdo sirvió más bien para deteriorar el proceso de paz que ya parecía condenado al fracaso. Una de las principales exigencias del lado israelí en ese proceso es que se garantice su seguridad, amenazada en parte por las milicias vinculadas a Hamás que con cierta frecuencia lanzan cohetes hacia Israel, aunque la mayoría de ellos caen en áreas deshabitadas del desierto.

La respuesta israelí fue clara: “¿Quieren la paz con Hamás o con Israel? Se puede tener una, pero no la otra”, dijo el primer ministro Benjamín Netanyahu. El gobierno israelí canceló una reunión con la ANP para intentar avanzar en los diálogos. El Ejército israelí bombardeó la Franja de Gaza dejando un número indeterminado de heridos.

El presidente palestino, Mahmud Abás, aseguró por su parte que el acuerdo con Hamás es plenamente “coherente” con las resoluciones internacionales y las iniciativas de paz con Israel, y que sigue comprometido con la solución de dos estados.

El fracaso del objetivo de lograr un acuerdo macro en las negociaciones para el próximo 29 de abril está cantado. Los avances han sido nulos desde que Israel se negó a liberar la segunda tanda de un grupo de presos palestinos que se había comprometido a entregar. A esta negativa se sumó la exigencia israelí de que la ANP le haga un reconocimiento público como Estado judío, a lo cual se han negado los palestinos con el apoyo de la Liga Árabe. A menos que el secretario de Estado de EE.UU., principal impulsor de los diálogos, logre convencer a alguna de las partes de hacer concesiones que ahora parecen imposibles, este enésimo intento por firmar la paz quedará enterrado.

 

 

 

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@DanielSalgar1

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