Francia y las dudas existenciales de occidente

Lo que sorprende a quienes escuchan a los comentaristas y a los políticos franceses desde el fin de las primarias de la derecha francesa es el grado de polarización ideológica. Sin embargo, esta división en el discurso no sólo se enuncia sino que se explica de manera extremadamente pedagógica.

François Hollande, presidente de Francia.

A diferencia de períodos recientes de la historia política de Francia, los diferentes candidatos en los diferentes partidos franceses parecían dispuestos a reconocer, pero también a acentuar, sus diferencias ideológicas. En un momento de inicio de campaña electoral para el cargo supremo es lógico ver las líneas divisorias formarse, pero desde la mitad de los años noventa nos habíamos acostumbrado a una retórica política tímida y consensual, en una palabra, de centro. Más allá de saber si este desliz discursivo será benéfico para Francia, es interesante darse cuenta de que las divisiones reveladas por estas primarias entre los principales partidos de oposición muestran que las corrientes de pensamiento político francesas no han cambiado mucho desde los años cincuenta del siglo pasado. En Francia, a pesar de las apariencias, el bipartidismo no es para ya.

El mapa electoral de las primarias muestra una población de derecha dividida entre una oferta tradicionalista y reformista. En el este del país (Alsacia) y en el oeste (Vendea), dos territorios tradicionalistas, el candidato electo François Fillon marcó sus mejores puntajes. Por su parte, el candidato más reformista, Alain Juppé, ha logrado sobresalir más en el sur del país. El discurso del candidato victorioso nos permite entender que la división tradicional de la derecha francesa, tal como está expuesta por el historiador, politólogo y sociólogo René Rémond en 1954, sigue siendo de actualidad. Rémond no habla de una derecha francesa sino de una pluralidad y de una continuidad de las derechas y eso desde el siglo XIX. Según él, tres familias de derecha se pelean: una derecha absoluta, también llamada legitimista, contrarrevolucionaria o extrema (actualmente representada por los miembros del Frente Nacional de Marine Le Pen, quien no participó en las primarias), más dos derechas nacidas a la izquierda y empujadas a la derecha por las ideologías marxistas a finales del siglo XIX: la derecha opuesta a la centralización del Estado, económicamente liberal y burguesa (François Fillon), y la derecha centralizadora, intervencionista y nacionalista (Alain Juppé). En las primarias, son estas dos corrientes de la derecha las que se enfrentaron y fue la primera la que ganó.

Esta división es, sin embargo, superficial. Las primarias permitieron recaudar un poco más de 9 millones de euros y el tono cordial de los debates no ha puesto en peligro la unidad del partido de oposición. Lo interesante es que este ejercicio democrático relevó también las divisiones en las corrientes tradicionales de pensamiento en la izquierda. A la partición interna del partido socialista entre una corriente social demócrata (representada por el actual gobierno) y la tendencia socialista (representada por Arnaud Montebourg), se agregan viejas fracturas. Los radicales de izquierda han decidido, una vez más, romper con el partido socialista. Los comunistas y la izquierda más radical se agruparon durante la semana pasada bajo la candidatura de Jean-Luc Mélenchon. Y, finalmente, las feministas (grupo ampliado a la comunidad LGBT), los sindicalistas (quienes se opusieron al Gobierno de mayo a julio) y los “cooperatistas” (incluyendo los verdes), todos, han mostrado sus discrepancias ideológicas con el Gobierno y se preparan para las elecciones presidenciales de manera separada del resto de la izquierda. Última prueba de estas fracturas fue la renuncia de François Hollande a presentarse como leader de la izquierda.

En Francia, esta demostración de que la política de hoy se hace construyendo sobre las fracturas del pasado es revelador del ambiente retrógrado que reina en el país galo. También, por cuestiones de aritmética, nos enseña que la izquierda no podrá ganar sin reagruparse. Pero, más importante aún, como en Estados Unidos, estas primarias son un indicio suplementario de que Occidente está buscando su “salvación” en ideologías del pasado y no en la formulación de nuevas.

* Docente investigador, Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

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