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hace 2 horas

Fukushima, ¿hasta cuándo?

El terremoto y maremoto que golpearon a Japón el 11 de marzo de 2011 desencadenaron una catástrofe atómica que aún hoy no termina. Nuevas fugas en la central nuclear y protestas en Tokio

Las cuentas ya se perdieron. Desde el día de la tragedia nuclear, la Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco), la empresa encargada del manejo de la planta nuclear de Fukushima, al noroeste de Japón, ha reportado frecuentes fugas radiactivas. El accidente nuclear, consecuencia del terremoto y tsunami, ha sido calificado como el segundo peor de la historia, tras Chernóbil (Ucrania 1986).

Todavía se recuerdan las imágenes de operarios de Tepco, días después de la tragedia natural, tratando de enfriar la central nuclear bombeando agua hacia sus instalaciones y depurándola después con sistemas especiales para garantizar la seguridad ambiental. Cómo olvidar a los héroes de Fukushima, diez operarios que ingresaron a la planta tratando de evitar que la tragedia nuclear fuera peor. Entonces, tras un trabajo de días enteros Tepco reportó que la emergencia había sido superada y que se trabajaba en paliar los daños del accidente.

El agua contaminada se acumuló en siete tanques que se instalaron en los alrededores de la central, cada uno con capacidad de hasta 14.000 toneladas. Entonces, expertos internacionales dijeron que la medida era insuficiente.
El tiempo les dio la razón. Meses después comenzaron a registrarse las primeras fugas y agua con altos niveles de contaminación. Tepco explicó que eran casos aislados porque la situación estaba controlada, que los rumores de aguas contaminadas eran falsos porque los niveles de radiación eran muy bajos. Sin embargo, las noticias sobre fugas no cesaron. En apenas una semana en mayo de este año, por ejemplo, se registraron cuatro fugas. Tepco detectó tritio (un isótopo radiativo del hidrógeno muy tóxico) en el agua contenida en uno de los pozos subterráneos que se encuentran alrededor de la planta, según informa la prensa japonesa. Resulta que los pozos subterráneos en donde se almacena el agua contaminada presentan fugas, aunque la empresa aclaró que solo han encontrado 3,8 becquerelios de tritio, muy por debajo del límite legal. Luego se habló de problemas en los sistemas de refrigeración de la planta, que según informes oficiales, fueron solucionados pronto.

El cinco de abril de este año, se produjo otro incidente, esta vez relacionado con fallos en el suministro de energía que llevó a desactivar los sistemas de refrigeración de las piscinas de combustible gastado de las unidades 1, 3 y 4, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad de la planta, que el gobierno decretó en estado de “parada fría” en diciembre de 2011.
Las piscinas, que almacenan centenares de barras de combustible nuclear gastado a altísimas temperaturas, deben mantenerse refrigeradas con sistemas de circulación de agua para evitar que el líquido en su interior se evapore y que las barras puedan emitir radiación a la atmósfera.

Este miércoles se detectó radiación en aguas subterráneas del complejo, lo grave es que la compañía quiere verter al mar estas aguas ya que amenazan con inundar la planta. En un primer análisis, Tepco desechó que el líquido fuera tóxico, aunque un segundo muestreo realizado fuera de la planta reveló que el líquido contenía 0,22 becquereles de cesio-134 y 0,39 becquereles de cesio-137 por litro, informó hoy el rotativo Nikkei. Ese nivel está muy por debajo del límite de 90 bequereles por litro que establece la ley nipona para permitir verter el agua al mar. Cada día unas 400 toneladas de aguas subterráneas adicionales se acumulan en los sótanos de los edificios que albergan los reactores.

Además del riesgo de que el agua se desborde al exterior, la acumulación del líquido está haciendo que los técnicos no puedan entrar en los edificios para comenzar a asesorar sobre el desmantelamiento de las unidades de fusión.

Para ralentizar esta acumulación de líquido, Tepco ha creado un sistema para redirigir, antes de que desemboque en los edificios de los reactores, parte de ese agua subterránea al océano mediante un sistema de bombeo. De momento, la empresa ha almacenado esa agua subterránea que ha logrado desviar en unos tanques mientras intenta lograr la aprobación de los pescadores para verterla en el mar. Miles de personas vecinas de la planta vieron gravemente afectada la agricultura y ganadería.

Por estas razones es que el domingo pasado al menos 7.500 personas asistieron a la manifestación anti-nuclear en Tokio, luego del anuncio del primer ministro de Japón, Shinzo Abe, sobre el reactivación de algunos reactores nucleares.

 

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