Fukushima, una continua pesadilla

Dos nuevos incidentes en la planta permitieron la liberación de más agua contaminada con radiación, que podría haber alcanzado el océano Pacífico.

Autoridades japonesas inspeccionan las instalaciones de la central nuclear de Fukushima. / AFP

Fukushima es un nombre que, tristemente, es un sinónimo de desastre: un referente de fatalidad en varios niveles: el tsunami que devastó las instalaciones de la planta nuclear y los intentos fallidos por contener los elementos radioactivos que quedaron expuestos luego del golpe del océano Pacífico.

Esta semana dos nuevas malas noticias emergieron de la planta. Ambas están relacionadas con el manejo del agua, el peor problema que enfrenta la empresa que operaba la planta (TEPCO) y el gobierno japonés.

Por un lado, una tormenta de inusual fuerza desbordó el sistema de recolección de agua lluvia diseñado por TEPCO y, como resultado, terminó formando una suerte de pozos plenos de radioactividad (hasta 70 veces los límites permitidos) que podrían haberse desbordado en parte en el Pacífico.

Por el otro, trabajadores encargados de supervisar las labores de estabilización de la planta desconectaron por error un tubo encargado de transportar agua contaminada con radiación, lo que causó el vertimiento de al menos 10 toneladas de ésta en el suelo, además de presentar un cierto riesgo para la salud de los trabajadores; las autoridades aseguraron que el personal no se encuentra en peligro alguno después de haber estado expuesto a este material.

Las filtraciones de agua son una pesadilla para TEPCO, el gobierno japonés y para el medio ambiente (sin mencionar los posibles riesgos para la salud humana). Hace unos meses, la empresa operadora anunció que al menos 300 toneladas de agua contaminada se habían filtrado al subsuelo provenientes de una serie de tanques de almacenamiento que han ido poblando poco a poco los alrededores de la planta nuclear; algunas mediciones dieron como resultado que la radiación en estos tanques podría matar a un adulto en cuatro horas.

La situación en Fukushima puede ser considerada crítica, pues el agua es un elemento necesario para mantener estables (y en paulatino proceso de enfriamiento) los tres reactores que quedaron seriamente averiados después del tsunami. Después de circular a través de éstos, el agua es almacenada en tanques y una nueva cantidad entra a estas instalaciones. Las cifras oficiales aseguran que, bajo este escenario, se producen 400 toneladas de agua contaminada cada día.

Las filtraciones en los tanques de almacenamiento representan un peligro doble porque no sólo afectan el suelo de Fukushima, sino pueden alcanzar una corriente de agua subterránea que corre en dirección al Pacífico.

Parte del plan del gobierno japonés es instalar una especie de muro de hielo subterráneo que impediría que esta corriente entre en contacto con el agua utilizada para enfriar los reactores. Aunque es un técnica que se utiliza para estabilizar el terreno en obras de ingeniería civil que requieren grandes excavaciones, parece que este método no ha sido utilizado a esta escala (debería formar un sarcófago de contención de hielo con un perímetros de 1.500 metros alrededor de los tres reactores) y nunca con la presencia de material radioactivo.

Esta megaobra podría estar completa en 2015 (con una inversión estimada de US$500 millones) y, mientras tanto, la fuga de radioactividad parece inminente. Aunque, al parecer, este hecho podría no representar un riesgo inmediato para la salud de los japoneses, los efectos en el medio ambiente son otra historia, una que podría tener un desenlace menos positivo.