Gambia: ¿se acerca una confrontación por el cambio de gobierno?

El Tribunal Supremo de ese país examinará el próximo lunes un recurso que presentó el presidente, Yahya Jammeh, para repetir las elecciones. Jammeh, que lleva 22 años en el poder, se niega a entregar el puesto a Adama Barrow, el opositor que ganó el balotaje en diciembre.

El presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari (derecha), saluda durante una reunión para discutir sobre la situación de Gambia. Buhari es uno de los líderes encargados de convencer a Jammeh de que entregue el poder.AFP

El día funerario en que entierren o cremen a Yahya Jammeh, presidente por 22 años de Gambia —es lo que da la suma hasta ahora—, sus feligreses y sus enemigos recordarán en comunión la rebatiña inusual que pergeñó en los primeros días de 2017: Jammeh —recordarán— se negó a entregar el poder a Adama Barrow, arguyó que las elecciones habían sido irregulares y que Alá, el Todopoderoso, era el único capaz de privarlo de la silla presidencial. El recuento de cuanto siguió a su terquedad depende hoy de varios hechos. Dado que para Jammeh las elecciones en las que Barrow ganó en diciembre son inválidas, el Tribunal Supremo deberá ahora examinar un recurso formulado por el presidente. Lo hará el 16 de enero. Tres días después, según establece el calendario político, Jammeh debería ceder el poder. Y aún dice: no lo haré, no lo haré.

¿Por qué Yahya Jammeh no quiere entregar el poder?

En sus dos décadas en el poder, Jammeh —51 años, que recibió entrenamiento militar en Alabama, Estados Unidos, y fue líder indiscutible del golpe de Estado en 1994— se ha vuelto célebre por su tratamiento personalizado de la política: encarceló a sus opositores políticos, cerró o censuró a emisoras y diarios que lo contradecían o refutaban, persiguió a los homosexuales y sugirió, con el Corán en mano, que Gambia debía ser una república islámica. También es célebre por su metamorfosis más reciente, puesto que de demócrata ejemplar pasó a político intrigante en una semana: a principios de diciembre aceptó su derrota —le dijo a Barrow en una llamada telefónica: “le aseguró que estaré a su lado durante la transición”— y pocos días después la negó. La negó y dijo que era un absurdo que a cientos de gambianos se les hubiera prohibido votar —según reportes que obtuvo— y reclamaba nuevas elecciones. Su carácter pertinaz lo ha llevado hasta el punto de sugerir una rebatiña militar contra la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) —conformada, entre otros, por Ghana y Nigeria—, que ha formulado la posibilidad de introducir tropas en Gambia para “restablecer el orden constitucional”.

Lea un recorrido por el gobierno de Jammeh

La oposición insiste en que el único órgano habilitado para decir quién es el presidente es la Comisión Electoral Independiente. Tras dar los resultados numéricos en diciembre, su presidente, Alieu Momar Njie, dio el parte definitivo en tono neutro: Barrow era el presidente. Hace unos días, se fugó del país por amenazas. Sheriff Bojang, ministro de Información del gobierno de Jammeh, también huyó esta semana antes de hacer una recomendación amigable a su presidente: que se fuera del poder. Cuatro emisoras privadas de radio han cerrado sus puertas, animadas sobre todo por invasiones militares. Barrow le ha pedido al gobierno que la transición sea pacífica y les ha dicho a los electores que deben vivir su vida como siempre la han vivido. Banjul, la capital, está en calma a pesar del evidente jaleo entre ambos presidentes.

Este miércoles, los representantes de la Cedeao volverán a Gambia para hablar con Jammeh, que está en una posición favorable: su derrota fue por una diferencia de 50.000 votos, de modo que aún tiene el apoyo de parte de la población, y comandantes del Ejército como Ousman Bargie le han extendido su lealtad. La Cedeao primero utilizó un tono duro y aun virulento; en los últimos días, ha buscado la salida diplomática. Jammeh les respondió que defenderá “con los patriotas gambianos su independencia, su dignidad y su soberanía”.