Ganadores y perdedores de la destitución de Dilma Rousseff

En un juicio legal pero no legítimo se terminan la era del Partido de los Trabajadores y el gobierno de la primera presidenta que tuvo ese país. La democracia queda en riesgo.

Dilma Rousseff durante el proceso en su contra. / AFP

Dilma Rousseff, alejada de la Presidencia de Brasil desde el 12 de mayo, compareció ante el Senado para hacer su propia defensa, acompañada de 35 invitados, entre ellos el expresidente Lula da Silva. La sesión, así como las que se iniciaron la semana pasada, fue presidida por el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandowski.

El momento histórico puso fin a la era del Partido de los Trabajadores liderado por Luiz Inácio Lula da Silva y al proceso de juicio político en contra de Rousseff, iniciado en diciembre de 2015. En cambio dejó intacto el guion del impeachment y la votación en el Senado, que pone en riesgo la democracia en el país.

La presidenta habló durante el tiempo reglamentario. Más de 40 senadores la interrogaron con el pretexto de que este proceso iniciado el 25 de agosto pareciera perfecto a los ojos del pueblo brasileño y ante el mundo, con la justificación de que las instituciones brasileñas salieron fortalecidas y que la lucha en contra de la corrupción por medio de la operación Lava-Jato fue ejemplar.

Los argumentos para la condena de la presidenta son que irrespetó la Ley de Responsabilidad Fiscal al firmar decretos de crédito suplementario sin autorización del Congreso, y el atraso de la transferencia de 3.500 millones de reales del Tesoro Nacional al Banco de Brasil, con el objeto de pagar un programa de crédito agrícola denominado Plan Safra. A partir de ahí, las “pedaladas fiscales” —créditos puentes— se legitimaron como la principal justificación para la salida de una presidenta con bajo índice de gobernabilidad y popularidad, lo que despejó el camino para la interrupción del orden democrático por vía parlamentaria.

La defensa de Rousseff afirmó “que los decretos no incrementaron los gastos públicos y tampoco provocaron pérdidas”. En el Senado, el abogado de Dilma, José Eduardo Cardozo, reiteró que se necesita la comprobación de un crimen de responsabilidad para amparar el impeachment. “Esto es un pretexto para alejarla por razones políticas y la Constitución no acepta pretextos. Cuando se dice que el impedimento es un golpe, se afirma con convicción, porque la Constitución está siendo irrespetada”. Ver más en: (http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/brasil-sigue-crisis-politica-video-649978)

Para que el impedimento definitivo ocurra es necesario que 54 de los 81 senadores afirmen mediante votación abierta que Dilma cometió crimen de responsabilidad. ¿Cuál es la composición de la Cámara de Diputados y del Senado que sellan el destino de Brasil en los próximos 20 años?

Según la ONG Transparencia Brasil, más del 60 % de los 513 diputados que votaron en la Cámara están siendo investigados, y entre los 81 senadores que votaron el impeachment, 47 (58 %) tienen procesos en la justicia o en tribunales de cuentas por delitos que incluyen improbidad administrativa, corrupción pasiva, lavado de dinero y formación de bandas.

Justo en la recta final de este proceso, se conoce que Lula da Silva fue sindicado por la Policía Federal. El exmandatario, su esposa, Marisa Leticia, y Paulo Okamoto, vinculado al Instituto Lula, fueron acusados de crímenes de corrupción, lavado de dinero y falsedad ideológica. Lo extraño es que el presidente interino, Michel Temer, y el ministro de Relaciones Exteriores, José Serra, mencionados en las declaraciones del presidente de la Empresa Odebrecht en el marco de la operación Lava Jato, no fueron sindicados como Lula.

Seguros de sus escoltas políticos y de los acuerdos concertados con los partidos oligárquicos, Michel Temer se prepara para la marcha de la victoria. Representará al país en la reunión del G-20 en China, lugar en el que con seguridad se sentirá tan incómodo como en el Maracaná, ya que el discurso de los países en desarrollo dista del suyo y el canciller José Serra acaba de descalificar los argumentos de la OEA, que le pidió explicaciones sobre el proceso en contra de la presidenta e intenta con eficiencia cambiar las bases del Mercosur para retroceder al tiempo que Brasil estaba de espaldas a América Latina.

El último capítulo de esta película maquiavélica terminó hace rato, pero será difundido en un tono de absoluta legalidad. Temer asumirá la Presidencia por medio de una ceremonia en el Congreso Nacional. Dilma deberá dejar el Palácio da Alvorada en 30 días y perderá sus derechos políticos por ocho años a partir de 2018, cuando terminaría su mandato.

Temer tendrá que demostrar su habilidad de equilibrista para mantenerse en el poder. Citado en varias ocasiones en la operación Lava Jato, deberá esperar el desarrollo de una acción judicial vigente en el Tribunal Superior Electoral, imputada por la Social Democracia Brasileña (PSDB), que argumenta la irregularidad de la victoria de las elecciones de 2014. Si la fórmula Dilma/Temer es impugnada en el transcurso de 2016, una nueva elección será convocada. Lo que no conviene a los pro impeachment, porque perderían en las urnas. En caso de que esta impugnación ocurriera en 2017, habría elección indirecta, decidida por el Congreso.

Desde las esquinas nacionales sólo nos resta decir: ganó la corrupción, porque los que sacaron a la presidenta son más corruptos que ella. Ganó el oportunismo de los partidos políticos tradicionales, que a partir de ahora manejarán el país a su antojo. Ganó Sérgio Moro, juez de primera instancia, quien condujo los destinos del país en los últimos tiempos y concedió al sistema judicial un papel protagónico antes jamás visto. Ganaron Michel Temer y Eduardo Cunha, artífices de esta destitución parlamentaria.

Perdió la democracia brasileña y Brasil hoy carece de credibilidad. Perdió América Latina y sobre todo la integración suramericana. Perdió África porque la van a borrar gradualmente de la política exterior de Brasil. Perdieron los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), porque sentado junto a ellos estará un Brasil dispuesto a un orden internacional hegemónico.

Perdió la cooperación Sur-Sur, porque ya no contará con un vocero comprometido. Perdió el Partido de los Trabajadores por haber abusado de su oportunidad histórica y de la confianza de los brasileños. Perdió Lula por hacer alianzas indebidas. Perdió la primera mujer en llegar a la Presidencia por haber sido ingenua y por no haber escuchado la voz de las calles. Perdió el pueblo brasileño, que había esperado siglos para vivir en un país menos desigual.

* Profesora U. Externado.

 

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