La gran cruzada del Tea Party

Desde que se creó en 2009, el ala conservadora de los republicanos ha querido controlar la situación política del país. Por fin lo logró con el cierre de la administración.

Marco Rubio, uno de los miembros del Tea Party. / AFP

El Tea Party, el ala ultraconservadora del Partido Republicano, celebra su victoria: la paralización del gobierno en Estados Unidos. Ellos son los promotores de esa “cruzada ideológica” que el presidente Barack Obama denunció y que fue culpable de que miles de empleados públicos estén en sus casas y varias oficinas estén cerradas, entre ellas museos y bibliotecas. “Una facción de un partido en una cámara de uno de los poderes del Estado llevó al país a esto”, señaló el mandatario.

Se refería a los cerca de 50 representantes (de 453) que lograron hacer una jugada política que sólo se había visto en el país en 1995, cuando Bill Clinton tuvo que afrontar un cierre de gobierno durante casi un mes. El resultado: la economía descendió un punto porcentual. Hoy el país no está en crisis económica y esta parálisis podría ser fatal para sus intereses financieros. Pero ahí está la gran paradoja, que un grupo tan pequeño ejerza tal influencia entre republicanos que, en principio, se negaban a aceptar el bloqueo del Tea Party.

El Tea Party, que cuenta con figuras destacadas como Michelle Bachman y Marco Rubio, entre otros, está conformado por políticos poco convencionales. Son vendedores, fontaneros o médicos que llegaron a Washington para hacer su revolución y para responderles a sus electores. Algo que nadie duda, pues muchos incluso duermen en sus despachos con tal de hacer honor al oficio que desempeñan.

Se oponen a todo lo que tenga que ver con el Estado. A diferencia de los republicanos moderados, se oponen a cualquier intervención militar (rechazaron entrar a Siria) y odian toda injerencia del Gobierno en la vida privada, como los impuestos o los planes sociales. Así, su gran objetivo fue combatir la reforma sanitaria de Obama, contra la que han votado 43 veces porque creen que atenta contra las libertades, e incluso la han llevado a la Corte Suprema, sin éxito. Faltan sólo 13 meses para las próximas elecciones legislativas y los republicanos saben lo peligroso que resulta enfrentarse a ese sector del partido, amplio dominador de las emociones de las bases. Un caso de chantajes, miedos e impotencia, unidos a la incapacidad de Obama para movilizar a la opinión pública.

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