Grecia ve posible un “acuerdo político” tras una tensa cumbre del Consejo Europeo

Atenas solo logra el apoyo de Chipre y Francia en el inicio de la negociación

Toda Europa busca un acuerdo sobre Grecia; nadie quiere un accidente. Y hay ya lentos movimientos en esa dirección, aunque la fase inicial de las negociaciones haya sido muy tensa y, en definitiva, no cabe sino esperar un acuerdo de compromiso con ciertas dosis de drama: in extremis, cerca de la fecha límite —el 28 de febrero vence el rescate actual— y tras largos y espinosos debates. Tras un Eurogrupo de lo más tenso, los líderes de la Unión recibieron este jueves al nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras, con cierta inquietud por la retórica agresiva de Grecia en los últimos días, pero también con ganas de aclarar el horizonte. El día anterior, en la reunión de ministros de Finanzas del euro, solo Francia y Chipre apoyaron —en líneas muy generales— a Grecia. Los jefes de Estado y de Gobierno insisten en que Atenas debe cumplir las normas: hay que acordar un tercer rescate, y para ello es necesario una extensión del rescate actual. Puede haber alguna concesión, pero solo sobre esa base negociadora. Tsipras no quiere esa prórroga, pero prevé que a la postre habrá fumata blanca: “La solución técnica es posible; lo importante es alcanzar también una solución política, y la cumbre demuestra que el acuerdo político es posible”.

Ese optimismo de Grecia contrasta con las declaraciones del resto de líderes, mucho más inquietos. La canciller alemana, Angela Merkel, apuntó que hay un rescate en vigor “y si Grecia quiere ampliarlo tiene que tomar decisiones pronto”. El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, apremió a Atenas a resolver las “divergencias” con los socios acerca de las reformas que Tsipras tiene previsto poner en marcha. Y el presidente francés, François Hollande, presionó también ante las dos semanas escasas que quedan para negociar.
Tras el fracaso de la reunión del miércoles, Tsipras alcanzó este jueves su primer acuerdo con el Eurogrupo para iniciar el trabajo técnico en aras a encontrar una solución al problema de la deuda. No es demasiado: apenas un guiño político tras casi dos semanas de desencuentros, gesticulaciones y una retórica de confrontación. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, consiguió pactar con Tsipras un escueto comunicado que se le resistió en la reunión con los ministros del euro. En ese Eurogrupo, sin embargo, se constató la soledad de Grecia en esta fase inicial de la negociación, y quedaron claras las tensiones que le esperan: solo Francia y Chipre apoyaron las posiciones del ministro griego, Yanis Varoufakis, según las fuentes consultadas.

Irlanda y los países bálticos, junto con España y Portugal, fueron duros con Atenas; Alemania rechazó explícitamente durante el Eurogrupo cualquier posibilidad de modificar las condiciones del rescate, tal como pide Tsipras. “Grecia está acabando con nuestra paciencia”, resumió el primer ministro finlandés, Alex Stubb. Los socios del euro, en fin, exigen a Atenas que pida una extensión del rescate si quiere alguna concesión. Grecia se niega en redondo, al menos a esta altura de la jugada: prefiere un acuerdo-puente —antes de pactar un tercer rescate— que le permita bloquear parte de las reformas y de la austeridad pactadas en su día. Ni los griegos ni los socios del euro pueden permitirse volver a jugar con fuego, y el escenario central —según media docena de fuentes consultadas en Bruselas— sigue siendo un acuerdo de compromiso, con la dosis de eufemismos imprescindible para satisfacer a ambas partes, para fin de mes.
A pesar de que lo más probable es ese pacto, Atenas comprobó en Bruselas que la negociación no va a ser sencilla. “Ustedes quieren subir las pensiones dos euros al día y nosotros, que también aplicamos recortes, tenemos problemas para subirlas cinco euros al mes”, le espetó a Varoufakis uno de los ministros del Báltico. Varias fuentes presentes en ese Eurogrupo destacan la tensión de la cita. “Grecia no quiere cumplir todas las condiciones, pero su situación es delicada, la economía ha vuelto a pararse y todo el Eurogrupo se decanta por una nueva extensión, se llame como se llame”, aseguró a este diario uno de los ministros del euro.

Atenas subraya que el problema de Grecia ya no es económico, sino político. Pero buena parte del Eurogrupo sospecha que las cosas no van tan bien. El BCE elevó ayer de 60.000 a 65.000 millones los préstamos de la línea de liquidez de emergencia a la banca griega. Buenas noticias para Atenas. O no: los analistas interpretan que ese movimiento confirma que, a falta de un acuerdo inminente que no llegará en el Eurogrupo del lunes, la salida de capitales prosigue en Grecia.