"La guerra contra el terrorismo es un eufemismo"

Juan Méndez, relator especial de la ONU sobre la tortura, hace una radiografía de la situación de derechos humanos de los reclusos en la cárcel estadounidense.

“Detenidos en los alrededores. Mantenga silencio”. Es uno de los mensajes en la Base Naval de EE.UU. en Guantánamo, donde está el penal que alberga a presuntos terroristas. /AFP

Juan Méndez era presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cuando llegaban los primeros presos a Guantánamo, hace más de una década. Desde entonces, reiteró la solicitud de la Comisión por visitar el centro de detención, lo cual ha sido imposible hasta hoy. La CIDH ha hecho audiencias, ha emitido medidas cautelares y ha llamado a Estados Unidos directamente a cerrar Guantánamo, a definir el estatus legal de los detenidos y, más recientemente, a evitar la alimentación forzada de los mismos durante las huelgas de hambre. Innumerables organizaciones se han sumado a estos llamados. Mañana, para Guantánamo, se marcará el inicio del período de audiencias de la Comisión, con una dedicada a la situación de los derechos humanos de los allí detenidos. Méndez, quien ahora es relator especial de la ONU sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, será el protagonista en calidad de testigo y relator. En su oficina en la Escuela de Leyes de American University, Méndez habló con El Espectador sobre el contenido de la audiencia.

Usted estaba en la CIDH cuando Guantánamo empezó a funcionar. ¿Qué se ha hecho desde entonces para verificar la situación del centro de detención?

En el año 2002 yo era el presidente de la Comisión. Hicimos una audiencia sobre la relación entre las obligaciones de derechos humanos y la guerra contra el terrorismo. Sacamos un informe e hicimos las primeras medidas cautelares sobre Guantánamo. Casi simultáneamente, mi predecesor en el cargo de relator, Manfred Novak, pidió permiso para visitar Guantánamo a la Administración Bush. En 2004 lo invitaron, pero en condiciones que no podía aceptar. Cuando me hice cargo de la Relatoría en 2010, una de las primeras cosas que hice fue renovar el pedido de visita, porque habían ocurrido grandes cambios: había menos presos y Obama había anunciado que quería cerrarlo. Luego me invitaron, pero con exactamente las mismas condiciones que a Novak. Las condiciones que pone EE.UU. son ir a hablar con las autoridades y que nos muestren parte del establecimiento, no todo, sin permitirme entrevistas privadas con ningún detenido. Nosotros tenemos que poder visitar todas las partes del establecimiento, llegar a la hora que queramos y tener visitas sin testigos con internos de nuestra elección.

¿Cómo obtiene información sobre Guantánamo? ¿Qué organismos internacionales saben con certeza lo que sucede adentro del penal?

Sólo la Cruz Roja hizo visitas bajo su procedimiento, que es confidencial. Sin embargo, terminaron haciendo declaraciones públicas en la época de Bush, que tenían que ver con el estatus legal de los prisioneros y también con el tratamiento que reciben. Pero nunca vamos a saber en detalle qué fue lo que vieron, porque cuando hacen declaraciones públicas también son selectivos, no revelan todo. Es muy preocupante, especialmente porque si EE.UU., que tiene el ejercito más poderoso del mundo, no puede tener un poco más de transparencia respecto a sus procedimientos, es un muy mal ejemplo para el resto del mundo.

En febrero se inició una huelga de hambre que fue muy mediática. Ahora pocos le prestan atención, pero la huelga parece que continúa…

Hay algunos en huelga todavía. El gobierno anuncia que hay algunos, pero que su salud no se está deteriorando. Han conseguido controlar la crisis a través de la alimentación forzada, lo cual es muy problemático. Unos cuantos levantaron la huelga porque consiguieron ciertos beneficios, como que no les revisarán el Corán. Lo que hacen las autoridades del penal es que les imponen la alimentación forzada, a menos que el interno acceda a tomar un líquido que se llama ensure, que lo mantiene vivo. 

¿Cómo es el dilema de la alimentación forzada?

El argumento de EE.UU. es que está obligado a cuidar la salud de los internos y no puede permitir que se mueran de inanición. Es un argumento importante. Yo también creo que ellos son responsables por la salud de los detenidos. Pero la posición que tomé es que la alimentación forzada viola la autonomía decisoria de los individuos y es contraria a los principios del tratamiento en las cárceles. Si llega un momento en que no están en condiciones de decidir porque su estado de salud es muy grave, por supuesto que hay que recuperarles la salud aunque sea con inyecciones. El problema es que Al Jazeera publicó un documento que no ha sido negado por el gobierno, en el cual se dan instrucciones para practicar la alimentación forzada. Es un procedimiento muy doloroso. Implica por lo menos dos horas de tener catéteres forzados a través de los orificios nasales y la boca, y con el preso restringido en sus movimientos. Son ejercicios bastante brutales. En Guantánamo, los presos protestaban porque la mayoría están designados para ser liberados hace más de cinco años. Esa es la reivindicación original de la huelga. Recurrir a la alimentación forzada es una manera de esquivar otras soluciones más humanas, como acelerar el trámite para dejar en libertad a quienes no tienen por qué estar presos.

Usted, la CIDH y otros organismos, han llamado a EE.UU. a definir el estatus legal de los prisioneros….

Hay un estatus legal, que es el de ‘ilegal’. Ilegal bajo el derecho internacional. EE.UU. clasifica a los que están en Guantánamo en tres categorías: los sometidos a la competencia de las comisiones militares, los que van a ser juzgados eventualmente por tribunales federales, y los que están detenidos pero no van a ser juzgados. En los últimos hay a tres subcategorías: algunos que ya se ha determinado que pueden salir, otros a los que periódicamente se les revisará su estatus y luego están algunos que, según el gobierno, nunca saldrán. Esta última categoría, con tres subcategorías termina siendo detención arbitraria prolongada, que es una muy grave violación de los derechos humanos. El Derecho Internacional Humanitario (DIH), que es el derecho de la guerra, le permite al gobierno detener a los enemigos hasta el fin de las hostilidades. Esta idea de aplicar los principios de las convenciones de Ginebra a una supuesta guerra contra el terror, que no tiene limites ni en el tiempo ni en el espacio, porque nunca se va a terminar con el terrorismo, es una aberración.

El concepto de ‘guerra contra el terror’ complica demasiado las cosas…

La guerra contra el terrorismo es un eufemismo, un recurso retórico. Pero asumamos que parte de la campaña contra Al Qaeda y otros grupos terroristas tiene aspectos de derecho penal normal y de DIH, porque efectivamente algunas operaciones son bélicas. Yo diría que si ellos tienen presos que fueron detenidos porque se rindieron después de un combate en un campo de batalla en Afganistán, primero tienen que determinar su estatus y, si efectivamente son combatientes adversarios, EE.UU. puede detenerlos hasta el fin de las hostilidades. ¿Pero de qué hostilidades? No de la guerra contra el terrorismo, sino de la guerra en Afganistán, que en algún momento terminará. Pero además, no puede extenderse ese principio a gente que fue detenida en la antigua Yugoslavia, en Bosnia, y cuando iban a ser liberados se los entregaron a los estadounidenses. O gente que está detenida por haber sido financistas o prestar alguna colaboración a Al Qaeda.

¿Y dónde quedan los derechos humanos en medio de esa guerra?

Lamentablemente en este momento sólo Estados Unidos e Israel dicen que una vez se está en guerra, el derecho internacional de los derechos humanos está completamente desplazado y se aplica solamente el Derecho Internacional Humanitario. Aún así, el DIH tiene reglas fijas que también están siendo violadas por EE.UU. en Guantánamo y en otros lugares. Pero dejando eso de lado, la posición mayoritaria no sólo de la Cruz Roja Internacional, sino de muchos países que son signatarios de las convenciones de Ginebra y de la Corte Internacional de Justicia, es que en un contexto de guerra se aplican coextensivamente los derechos humanos y el DIH.

Una de las grandes promesas de Obama era cerrar Guantánamo. ¿Cree que tiene suficiente voluntad?

Aún insiste en que va a cerrarlo. Es cierto que ha habido obstáculos de la política interna, pero son obstáculos directamente relacionados con la voluntad política. No son jurídicos. Parte de los obstáculos jurídicos puede ser cuando el Congreso, dominado por republicanos, prohíbe utilizar fondos para traer a los presos al territorio norteamericano, que era una de las primeras soluciones que se pensaron. Según entiendo, como comandante en jefe de las fuerzas armadas, el presidente tiene facultades constitucionales para cerrar el penal. No dudo de que Obama quiera cerrar Guantánamo, pero dudo de si está dispuesto a hacerlo usando las atribuciones y poderes que le corresponden.

Guerra global contra el terror

En el marco de la guerra contra el terrorismo, lanzada luego de los ataques contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos abrió dos centros de detención en la base de Guantánamo (Cuba) en 2002. Allí llegaron varios de los detenidos en las guerras de Irak y Afganistán. También ciudadanos de países como Yemen, Bahrein, Libia, Egipto, Uganda y Sudán. Todos bajo cargos de terrorismo.

El cierre de la prisión

Durante su primera campaña presidencial, el presidente Barack Obama prometió cerrar el centro de detención. La orden del cierre de Guantánamo en el plazo de un año fue la primera que firmó Obama al llegar al despacho oval. Pero en el camino surgieron tantos obstáculos, que no sólo transcurrió ese año sin resultados, sino que al día de hoy no ha logrado cerrar la herencia de George W. Bush.

Huelga de hambre

En febrero de este año y hasta septiembre, los presos de Guantánamo se fueron a una huelga de hambre en reacción a los abusos cometidos en su contra y las condiciones precarias de su detención durante más de una década sin que se les impute acusación oficial alguna a la mayoría de ellos. De acuerdo con datos del Pentágono, de los 166 detenidos, unos 100 participan en la huelga de hambre.

2 millones de dólares al año les cuesta a los contribuyentes estadounidenses cada preso de Guantánamo.

166 detenidos son los que quedan en esta prisión, que alcanzó a albergar a 800 prisioneros de 42 países.

12 de las personas recluidas en Guantánamo eran menores de 18 años cuando las detuvieron. Sólo 7 han sido declarados culpables.

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