La guerra entre carteles que desangra a Brasil

La masacre en el penal de Manaos hace parte de una guerra entre las dos mayores bandas criminales de Brasil: el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV). Un conflicto al que se ha sumado, como aliado del CV, la Familia Do Norte (FDN).

Uniformados a las afueras de la cárcel de Manaos. AFP

Hay una guerra en Brasil. En las calles y en las cárceles, las dos mayores bandas criminales de ese país, el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), se enfrentan salvajemente. La masacre de 60 personas en la prisión Anísio Jobim, en Manaos, hace parte de este conflicto, al que se ha sumado, recientemente, un nuevo protagonista: la Familia Do Norte. Pero quiénes son estos carteles del narcotráfico que azotan a Brasil y que han cometido atrocidades como descuartizamientos y decapitaciones en las prisiones brasileñas.

El Comando Vermelho fue la primera de ambas bandas. Surgió de una alianza entre dirigentes de izquierda, perseguidos por la dictadura, y delincuentes comunes, que se encontraban recluidos en la cárcel Cándido Méndes, en Río de Janeiro, y que se unieron para hacerle frente a los excesos de la Fuerza Pública. Sin embargo, a finales de los 70, conforme se fue involucrando con actividades delincuenciales, fue perdiendo su ideología, hasta convertirse en una poderosa estructura criminal con presencia más allá de los barrotes. 

Pronto se fue haciendo con el control del narcotráfico en ese país, entre otras, gracias a sus vínculos con carteles colombianos. Uno de sus jefes, Luiz Fernando da Costa, alias Fernandinho Beira-Mar, fue capturado en Colombia en 2001.  Y, entonces, se expandió desde Río de Janeiro hacia otras regiones. Pero a mediados de los 90, varios de sus integrantes armaron rancho aparte y fundaron dos estructuras, hoy enemigas del CV: Amigos dos Amigos y el Tercer Comando. Ambas entraron a disputarle al CV el control de Río de Janeiro. En ese momento, el PCC y el CV eran aliados. 

El PCC, surgido en 1993, fue al principio como una copia del CV. Al igual que este, nació en una prisión, la de Taubaté, en Sao Paulo. Y surgió como un grupo de autodefensa tras la masacre de Carandiru, en la que miembros de la Policía Militar acabaron con la vida de 111 reclusos de este centro penitenciario, ya clausurado. En 2001 dio el salto a la fama al protagonizar una protesta sin precedentes con motines en 29 prisiones. En 2006 se superó a sí misma y ese año fueron 70 los centros penitenciarios afectados.

Durante estos años, el PCC se fue expandiendo, siempre a la sombra del CV, pero este año decidió romper con este y entrar a pelear con él por la codiciada Río. Una movida atrevida que dio inicio a una guerra sin precedentes y a la que se ha unido, en apoyo al CV, un protagonista inesperado pero tan peligroso como ambas bandas, la Familia Do Norte (FDN), un cartel que ha adquirido notoriedad al convertirse en el amo y señor del tráfico de drogas en Amazonas, una región clave debido a su condición de frontera con Colombia y Venezuela. 

Esta guerra ha llevado a masacres en varios centros penitenciarios, como la de octubre pasado, cuando 25 personas murieron durante motines en Roraima y Rondonia. Y ahora la FDN es protagonista del asesinato de 60 personas en Manaos. Una masacre sin precedentes. Pero que, lastimosamente, puede volver a ocurrir. 

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