Las guerras contra la polio

En Afganistán, Nigeria y Pakistán es endémica y, si no se erradica en 10 años, podrían existir 200.000 nuevos casos anuales en el mundo. Grupos islamistas se oponen de manera violenta a los esfuerzos por acabar con el virus.

Jornadas de vacunación impulsadas por el gobierno paquistaní para la erradicación de la polio. / Flickr: Gates Foundation

En el marco de la Semana Mundial de la Inmunización, que va del 24 al 30 de abril y busca promover la vacunación para proteger a personas de cualquier edad contra las enfermedades, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció que hasta 2020 distribuirá acceso universal a las vacunas para prevenir enfermedades como la poliomielitis, la rubéola y el sarampión, entre otras. Los esfuerzos de estas campañas, tienen un fuerte rechazo, sobre todo por parte de grupos islamistas radicales en países donde el virus de la polio es endémico.

Actualmente, hay 25 enfermedades que se pueden evitar con inmunización y se estima que las vacunas salvan entre 2 y 3 millones vidas cada año. Sin embargo, la OMS enfrenta un gran reto: 22 millones de niños (casi un quinto de los que hay en el mundo) no están inmunizados con vacunas básicas. El caso de la polio es de los más preocupantes, aunque se han registrado avances en su erradicación. Según la OMS, para 2013 la polio seguía siendo endémica sólo en tres naciones, en comparación con las 125 donde se registraba en 1988. Esas tres son Afganistán, Nigeria y Pakistán, este último calificado como “el depósito más grande de polio endémica en el mundo”. Si no se detiene la polio en estos estados, en 10 años podrían existir 200.000 nuevos casos anuales a nivel mundial.

La erradicación de la polio en estos tres países es una labor con muchos obstáculos y riesgos: en Nigeria, el único Estado africano donde se han reportado casos de la enfermedad últimamente, la violencia entre cristianos y musulmanes y el consecuente desplazamiento de la población dificultan el desarrollo de las campañas de salud. Además, la vacunación es percibida por varios opositores locales como un acto de conspiración procedente del extranjero. En Afganistán, la enfermedad apareció este año por primera vez desde 2002 y de inmediato se activaron los equipos médicos, pero el surgimiento de grupos extremistas ha traído un fuerte rechazo a las campañas, especialmente en la provincia de Nuristán.

Pakistán es el caso más preocupante, porque allá los talibanes han asesinado a quienes intentan llevar vacunas. La OMS lanzó su campaña de erradicación de la polio en este país en 1994. Desde entonces, cada dos meses miles de trabajadores, con apoyo económico y técnico de la OMS, intentan inmunizar a millones de niños. Se trata de una labor de alto riesgo porque los líderes talibanes han prohibido desde 2012 las campañas de vacunación en algunas regiones y han expandido un escepticismo frente a ellas.

¿Por qué los talibanes no quieren los programas de vacunación? La revelación en 2011 de que el médico paquistaní Shakil Afridi lideró un programa de vacunación artificial de hepatitis b, a través del cual ayudó a la CIA a encontrar a Osama Bin Laden, sembró muchas dudas sobre las verdaderas intenciones de las agencias internacionales y detonó las acciones violentas de los talibanes. Líderes del Islam radical aseguran a través de medios de comunicación que las vacunas son un complot occidental para esterilizar a los niños musulmanes.

Un informe de la BBC indica que desde diciembre de 2012, más de 40 personas vinculadas a programas de vacunación han sido asesinadas, entre ellas dos niños vacunados. Este año han ocurrido otros ataques brutales, causando una docena de muertes. Las investigaciones están en curso y las pruebas sugieren que militantes del régimen talibán son los culpables.

Uno de los últimos casos ocurrió el pasado 23 de marzo, cuando fue secuestrada una trabajadora de la campaña antipolio Sehat Ka Insaf, dedicada a promover la vacunación en Peshawar, una ciudad que, según la OMS, es el mayor reservorio mundial del virus de la polio: 90% de los casos registrados en el país se deben a una cepa procedente de esa localidad. El cuerpo de Salma Farooqui fue hallado a 4 km de su domicilio el día siguiente con señales de tortura. Aunque los asesinos no han sido identificados, la familia de la víctima está segura de que el motivo del crimen fue la participación de la mujer en las campañas de vacunación durante muchos años. El ataque brutal aumentó los temores por la seguridad de otros trabajadores que impulsan la inmunización en el país.

Farooqui era parte del Lady Health Worker Program (LHW), un grupo de 100.000 mujeres que administran gotas orales de la vacuna a los niños de menos de cinco años por todas partes de Pakistán cada fin de semana, y que son las más vulnerables a los ataques de las milicias. De las últimas 40 muertes, más de 30 fueron de trabajadoras de esta organización.