Hace 10 años Fidel Castro entregó el poder en Cuba

Desde entonces, Raúl Castro dirige los hilos en la isla. En este tiempo ha tenido que lidiar con la crisis en Venezuela, su gran aliado, y con el restablecimiento de las relaciones con EE. UU.

Fidel Castro y su hermano Raúl, durante un evento en 2011. El primero le entregó el poder al segundo en julio de 2006, debido a quebrantos de salud.  / AFP
Fidel Castro y su hermano Raúl, durante un evento en 2011. El primero le entregó el poder al segundo en julio de 2006, debido a quebrantos de salud. / AFP

El 31 de julio de 2006, hace exactamente 10 años, Fidel Castro trasladó sus poderes a su hermano Raúl, comandante de las Fuerzas Armadas. La razón fue una seria dolencia que lo afectó, cuyos detalles se mantuvieron en reserva por varios meses, hasta que en febrero del 2008 Fidel anunció su retiro. Todo tipo de especulaciones se hicieron, desde que el líder cubano había muerto, hasta que se había dado un golpe de Estado por parte de militares y dirigentes del Partido Comunista cubano. Los Estados Unidos, la Unión Europea y otros estados entraron en alerta.

Fidel mostraba desde un tiempo atrás algunos quebrantos de salud. En una de sus larguísimas intervenciones públicas sufrió una isquemia que lo hizo caer sobre el atril que estaba utilizando; a los pocos minutos reapareció para tranquilizar a la multitud.

El comandante Fidel Castro a la única misión diplomática a la que iba era a la de Colombia, donde hablaba de la situación económica y política mundial y analizaba con fluidez y propiedad la situación de nuestro país. Desde allí conversaba telefónicamente con el presidente Uribe, quien le pedía que lo ayudara en el proceso de paz.

La presencia de Raúl en la dirección del Estado dio lugar a que algunos temieran el endurecimiento del régimen y otros vaticinaran la liquidación del Partido Comunista cubano. No sabían que el nuevo jefe de Estado siempre ha profesado una inquebrantable lealtad a su hermano, que siguió siendo consultado puntualmente.

Hubo un episodio que conmocionó a Cuba. Dos de las personas más cercanas a Fidel, su vicepresidente, Carlos Lage Dávila, que se avizoraba como una de las figuras para la eventual transición del sistema a la democracia, y su canciller y secretario privado durante siete años, Felipe Pérez Roque, además del director de relaciones internacionales del partido, Fernando Remírez, su viceministro y representante en Washington, fueron destituidos sorpresiva y fulminantemente por Raúl Castro. Al parecer, en una reunión íntima de “amigos”, los afectados habrían comentado que era conveniente la renovación de la “geriátrica” dirigencia cubana.

La intempestiva purga afianzó la posición de Raúl Castro, que demostró que “sí mandaba” y que no sería una figura decorativa durante la enfermedad de Fidel. Con esa decisión envió también el “mensaje subliminal” de que, ante la eventual desaparición de Fidel Castro, las Fuerzas Armadas tendrían el control del país.

Los estrechos vínculos entre Fidel Castro y Hugo Chávez continuaron con Raúl (lea aquí sobre lo que pasa hoy en Venezuela). Es más, la cooperación se incrementó y millares de asesores militares y políticos cubanos, además de trabajadores de la salud y educadores, llegaron a Venezuela. Se dice que Raúl y Fidel fueron los que recomendaron a Chávez que su sucesor fuera Maduro. La gran influencia de Raúl Castro sobre el mandatario venezolano es bien conocida.

Al mismo tiempo, el nuevo jefe de Estado cubano avanzó en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, algo que poco tiempo atrás parecía imposible. Los que pensaron que, con ese paso y la adopción de algunas medidas de apertura, el socialismo desaparecería, incurrieron en un error.

La subsistencia del régimen cubano debe explicarse por su habilidad para adaptarse a las circunstancias. De ser marxista-leninista y satélite soviético durante la Guerra Fría, a someterse al “período especial”, marcado por el hambre y la carestía generalizada; de ser el primer productor mundial de azúcar, a sobrevivir con el turismo europeo y canadiense; de promover la lucha armada, a ser el gestor de acuerdos de paz con los grupos guerrilleros colombianos.

Raúl Castro ha insistido públicamente que sólo podrá llegarse a la normalización completa de las relaciones con los Estados Unidos cuando se borren todas las señales del bloqueo y Washington devuelva a Cuba la base de Guantánamo. Esto sí parece muy remoto, especialmente si Trump llega a ser el presidente. Entre tanto, Cuba seguirá siendo socialista.

*Excanciller y exembajador de Colombia en Cuba.

 

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