Hartos de la violencia y pobreza, hondureños eligen nuevo gobierno

Los dos favoritos a la presidencia son radicalmente opuestos: Juan Orlando Hernández (derecha) y Xiomara Castro (izquierda).

De luto permanente por la violencia criminal y asfixiados por la pobreza, los hondureños eligen el domingo un nuevo gobierno con dos favoritos a la presidencia radicalmente opuestos: Juan Orlando Hernández (derecha) y Xiomara Castro (izquierda).

Fuertemente armados, militares y policías patrullan las calles, mientras los soldados custodian el reparto de material electoral en los centros de votación, en un ambiente enrarecido por temores de fraude y crispación, acrecentados por los pronósticos de un resultado reñido.

Hernández, presidente del Congreso y candidato del gobernante Partido Nacional (PN), y Castro, esposa del derrocado presidente Manuel Zelaya y aspirante del partido Libertad y Refundación (Libre), figuran en empate técnico en la última encuesta independiente.

Ambos ofrecen dos modelos contrarios para un país fracturado tras el golpe de Estado del 28 de junio de 2009: Hernández, un abogado de 45 años que encarna el continuismo del modelo neoliberal, y Castro, la exprimera dama de 54 años que promete un "socialismo democrático a la hondureña".

"Vamos al poder, vamos a la victoria, a recuperar nuestra patria", dijo Castro en vísperas de la votación. De su lado, Hernández aseguró que obtendrá una victoria holgada para hacer de Honduras un país "próspero y seguro".

La elección tiene lugar en un escenario inédito: está en jaque el bipartidismo -PN y Partido Liberal (derecha)- que gobernó por más de un siglo; hay un récord de nueve partidos políticos -cuatro surgidos tras el golpe-; y una mujer pelea la presidencia con posibilidad de triunfo.

Castro aspira a ser la primera presidenta de Honduras con una popularidad ganada a pulso en las protestas callejeras luego de que Zelaya fuera derrocado por una alianza militar, empresarial y política de derecha cuando su gobierno liberal giró a la izquierda.

A estos comicios, sin segunda vuelta, están convocados unos 5,4 millones de hondureños para elegir al sustituto del presidente Porfirio Lobo, 128 diputados y 298 alcaldes para los próximos cuatro años.

¡Peor ya no se puede!

Sea quien sea, el ganador de los comicios recibirá un país con el récord mundial de homicidios -85,5 por cada 100.000 habitantes-, comido por la corrupción y en una crisis económica sin precedentes, altamente endeudado y con un déficit fiscal de más del 6% del PIB.

"Queremos que haya trabajo y menos delincuencia, el peor problema que tenemos es el impuesto de guerra. Ya no aguantamos la corrupción del gobierno. No hay ni medicinas en los hospitales", declaró a la AFP Sandy Rivera, de 31 años, quien vende ropa usada en el barrio San Miguel.

En el país más violento del mundo, los narcotraficantes pasean enseñoreados, tienen decenas de pistas aéreas clandestinas -sobre todo en la caribeña región de Mosquitia-, las pandillas controlan barrios enteros, donde cobran el impuesto de guerra (extorsión) a conductores de buses y taxis, comerciantes, empresas y hasta a las vendedoras de tortilla.

Hernández, que hizo de la seguridad su bandera de campaña, promete acabar la violencia con la Policía Militar, de 5.000 efectivos; Castro propone enviar a los militares a las fronteras para frenar el tráfico de drogas y combatir las pandillas con policía comunitaria.

No menos grave, el futuro presidente recibirá un país con un 71% de sus 8,5 millones de habitantes en pobreza -una de las cifras más altas de América Latina, cerca de Haití-, y un 40% de subempleo.

Castro culpa a las políticas de libre mercado y ofrece impulsar la microempresa, la agricultura y promover un cambio en la Constitución para fundar un sistema menos excluyente. Hernández sostiene que atraerá inversiones, creará más de 100.000 empleos y promoverá proyectos como el de las "ciudades modelo" al estilo Hong Kong.

Tensión creciente

La acción criminal en los barrios y la polarización política que dejó el golpe de Estado prendió las alarmas ante eventuales brotes de violencia.

"Tenemos un plan de contingencia para los lugares más conflictivos", anunció este sábado René Osorio, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. La policía hasta creó una comisión de "crisis".

El partido Libre, creado por Zelaya con liberales y grupos sociales que lo apoyaron tras la asonada, había expresado desconfianza en el Tribunal Supremo Electoral (TSE), por considerarlo "parcializado" en favor del oficialista.

Pero este sábado, Zelaya, candidato a diputado y coordinador de Libre, se reunió con el TSE y dijo haber logrado un compromiso que les hace esperar un proceso con "transparencia y confianza para que todos asistamos a esta fiesta cívica".

La fragilidad institucional que prima en el país tras el golpe atrajo a unos 800 observadores internacionales, que se desplazarán por los 18 departamentos del país.

Los 5.437 centros de votación, que albergan a 16.000 mesas electorales, abrirán a las 07H00 locales (13H00 GMT) y cerrarán a las 16H00 (22H00) -podrán recibir por una hora más a electores en fila-.

El TSE, que multiplicó los llamados a votar para bajar el habitual 50% de abstencionismo, espera dar una primera proyección hacia las 19H00 locales (01H00 GMT del lunes).