Heroína de la libertad de prensa

Tras las rejas de una cárcel africana, la periodista recibirá el 3 de mayo el premio Unesco-Guillermo Cano de Libertad de Prensa.

Reeyot Alemu fue detenida en junio de 2011 y acusada de terrorismo. / IWMF
Reeyot Alemu fue detenida en junio de 2011 y acusada de terrorismo. / IWMF

El Comité para la Protección de los Periodistas envió el pasado 10 de abril una carta al ministro de Justicia etíope, Berhan Hailu, solicitando que se le proporcionara a la periodista Reeyot Alemu atención médica urgente y se le perdonara el castigo con el que la habían amenazado los guardias de la prisión de Meles Zenawi, ubicada a las afueras de la capital Adis Abeba: someterla a confinamiento solitario por haber dicho que publicaría información sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas en ese centro penitenciario.

La lucha por la libertad de expresión por parte de esta periodista de 32 años sigue en pie después de cumplir dos años de encierro. Alemu fue arrestada en junio de 2011, acusada de conspirar en planes terroristas y participar en organizaciones de ese tipo.

De acuerdo con el Comité para la Protección de Periodistas, Etiopía es el segundo país africano con más reporteros encarcelados, después de Eritrea. Las leyes etíopes permiten la detención de cualquier sospechoso de “alentar” actos de terror, categoría en la que están incluidos los reporteros que se atreven a hacer denuncias y los políticos de oposición. Amnistía Internacional (AI) indica que a finales del año en que Alemu fue encarcelada “se habían presentado cargos de delitos relacionados con el terrorismo contra 107 periodistas y miembros de la oposición”. Un número considerable de los detenidos denunció tortura y otros malos tratos: golpizas con cables, suspensión por las muñecas, privación del sueño, reclusión en régimen de aislamiento y en total oscuridad.

Atreverse a criticar la gestión del Gobierno en uno de los países que más reprime la libertad de prensa en el mundo es toda una hazaña. En sus informes, publicados en el semanario Feteh y otras agencias, Alemu exploraba las causas profundas de la pobreza, la falta de equilibrio en la política nacional y la igualdad de género. En 2010 fundó su propia editorial y una revista mensual llamada Change. Cuatro días antes de su detención había escrito una crítica mordaz de los métodos de recaudación de fondos del partido político gobernante, y había trazado paralelos entre el exdictador libio Muamar Gadafi y el entonces primer ministro de Etiopía, Meles Zenawi, quien ordenó la detención de la “terrorista”.

Según el Etiopian Review, Alemu estuvo detenida durante tres meses y sin acceso a un abogado después de ser arrestada. Durante el interrogatorio tampoco tuvo abogado. En el juicio, la Corte se negó a investigar sus denuncias de tortura, malos tratos y negación de la atención médica en la prisión preventiva. En principio fue condenada a 14 años. Su revista y al menos cuatro agencias para las que escribió fueron clausuradas por el Gobierno.

La sentencia despertó la indignación mundial y las principales organizaciones defensoras de los derechos humanos exigieron la liberación de la prisionera. Alemu se convirtió en una heroína de la lucha por la libertad de prensa en su país. En agosto de 2012 su condena se redujo a cinco años.

Para cuando el ministro de Justicia recibía la misiva del Centro para la Protección de Periodistas, hace dos semanas, Alemu ya sabía que era la ganadora del premio Unesco-Guillermo Cano de Libertad de Prensa 2013. Un galardón de US$25.000 que recibirá el próximo 3 de mayo desde la cárcel y en delicado estado de salud, porque se recupera de una cirugía por un tumor en el pecho.

No es el primer reconocimiento internacional que recibe. Hace un año le llegó el Premio al Coraje Periodístico de la International Women’s Media Foundation, por su compromiso de trabajar por los medios de comunicación independientes cuando hacerlo se convertía cada vez más en un peligro, por su rechazo a la autocensura en un lugar en que dicha práctica es estándar y por su falta de voluntad para disculparse por decir la verdad, a pesar de que con la contrición podría ganar su libertad.

En efecto, cuando llevaba un año detenida, a Alemu se le ofreció clemencia si testificaba contra sus colegas periodistas. Se negó y fue enviada a confinamiento solitario durante 13 días como castigo por no cooperar. Ahora, próxima a recibir un galardón por su defensa de la libertad de prensa, enfrenta de nuevo la amenaza de ser recluida en soledad.

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@DanielSalgar1

 

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