Hierve el caos en Venezuela

Hoy, algunas avenidas de Caracas y otras ciudades del país son un hervidero. Se respira furia, pintura, miedo, incertidumbre, caucho quemado, y también pólvora y confusión por los rumores que inundan las redes sociales.

Cientos de jóvenes salieron a protestar el viernes, dos días después de que la violencia se desbordara en las calles. Exigen la liberación de los detenidos y justicia para los tres muertos. / EFE

Cuando Robert Redman ayudó a socorrer al joven que acababa de morir asesinado con un disparo en la cabeza a pocos metros de él, no podía imaginar que horas después y en otro lugar de la ciudad le tocaría correr con el mismo fatal destino. Esa tarde, miércoles 12 de febrero, miles de estudiantes marcharon en Caracas hasta la sede de la Fiscalía General de la República para protestar contra la detención de unos universitarios que habían sido procesados días antes en San Cristóbal, capital del fronterizo estado Táchira. El gobernador de esa entidad, José Gregorio Vielma Mora, los había acusado de violentar la entrada principal de su residencia, hostigar a su familia y causar disturbios. Los llamó “tarifados”.

Los jóvenes fueron trasladados a una cárcel en el estado Falcón, en el noroeste de Venezuela, para seguir con el procedimiento lejos de sus familias. Los imputaron por la presunta comisión de seis delitos. Esa fue la primera semilla de las protestas que germinaron y se extendieron a otras ciudades como Mérida, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Maracay, Barinas, Margarita, Puerto Ordaz y Caracas.

El señalamiento de “tarifados” hecho por el gobernador de Táchira tenía como fin deslegitimar la estrategia política de Leopoldo López, dirigente del partido Voluntad Popular, y la diputada María Corina Machado, quienes desde el pasado 23 de enero estimularon las manifestaciones de calle bajo un mote que tenía nombre definido y un numeral para las redes sociales: #LaSalida.

Quería decir Vielma Mora, al igual que lo hicieran otros dirigentes del gobierno venezolano, que esas marchas contra la violencia, la corrupción y la inflación no eran espontáneas, sino dirigidas desde los laboratorios de guerra sucia de la oposición para calentar las calles y desatar el caos. Y que para ello se valían del financiamiento de organismos internacionales, en especial de intereses estadounidenses. Hoy, algunas avenidas de Caracas y otras ciudades del país son un hervidero. Se respira furia, pintura, caucho quemado, y también pólvora y confusión.

Durante la concentración del miércoles 12 de febrero algunos fotógrafos de prensa reportaron detenciones arbitrarias, golpes y decomiso de sus materiales de trabajo por parte de las fuerzas policiales. Ese mismo día asesinaron a dos personas en las adyacencias de la Fiscalía General de la República, en el centro de la capital. El primero, Juan Montoya, de 40 años, un hombre vinculado a los colectivos armados que defienden el proceso político del chavismo. El segundo, Bassil da Costa, de 24 años, que cayó en el recodo de una esquina mientras corría y algunos uniformados y otros civiles disparaban en esa dirección, como consta en algunos videos que circulan en internet.

Da Costa, precisamente, es el universitario al que intentó socorrer Robert Redman, quien, de forma paradójica, esa misma noche también conocería la muerte de un tiro, cuando un grupo de manifestantes continuó sus protestas en el Municipio Chacao, al este de la ciudad.

Uno de los últimos mensajes de Redman en su cuenta de Twitter @EscualidoReload hacía referencia a su espíritu combativo y a un hecho que viene dividiendo a los opositores en Venezuela, entre los que prefieren salidas menos violentas y los que llaman a “calentar la calle” en función de #LaSalida: “Hoy me pegaron una pedrada en la espalda, un cascazo por la nariz, tragué bomba lacrimógena, cargué al chamo que falleció, y tú que hiciste?” (sic).

Mientras Redman caía baleado producto de los disparos efectuados por asesinos infiltrados, Nicolás Maduro transmitía en cadena nacional de radio y televisión un acto de conmemoración de los 200 años de la Batalla de la Victoria, que en Venezuela da pie al llamado “Día de la Juventud”. Desde el central estado Aragua y en plena celebración oficial, con desfile militar y concierto sinfónico incluido, afirmó el presidente: “Enfrentamos un golpe de Estado”.

Horas antes había decretado la salida del aire de todas las teleoperadoras de cable en Venezuela del canal de televisión NTN24, por considerar que “pretendió transmitir la zozobra de un golpe”, como declaró en otra cadena nacional, el jueves 13: “Fue una decisión de Estado”.

Con la salida de NTN24 y ante la autocensura de algunas emisoras de radio y canales de TV, las redes sociales se saturaban de mensajes y fotografías verdaderas y falsas. Esa noche del jueves, sin embargo, usuarios de Twitter reportaron problemas para visualizar imágenes, en especial a través de la conexión que brinda el Estado venezolano. Bloomberg.com afirmó en una nota que el gobierno del vecino país fue el responsable de bloquear las fotografías. “Puedo confirmar que las imágenes de Twitter están actualmente bloqueadas en Venezuela”, le dijo a Efe Nu Wexler, portavoz de la compañía. “Creemos que es el Gobierno el que las está bloqueando”, añadió.

Minutos después, la compañía de telecomunicaciones venezolana Cantv lo negó todo. “La Compañía Anónima Teléfonos de Venezuela (Cantv) desmiente enfática y categóricamente que esté involucrada en la falla reportada por usuarios (...) que afectaba la carga de imágenes en la aplicación Twitter”, indicó la empresa en un comunicado.

Los estudiantes de San Cristóbal que estaban presos en Coro fueron liberados con régimen de presentación y prohibición de marchar y declarar a los medios, pero los tres asesinatos y las múltiples detenciones por las protestas desataron un descontento que aún reina en las calles. La cifra de heridos graves asciende a 66 y de ellos 17 son policías, según la versión oficial de la fiscal general de la República, quien agregó que hay 54 vehículos destrozados, entre estos seis patrullas que fueron incendiadas, además de otros daños materiales en edificaciones gubernamentales.

Universitarios y voceros opositores afirman que fueron grupos irregulares armados que apoyan al gobierno, llamados colectivos, quienes dispararon contra los manifestantes, y que es a ellos a quienes debe capturarse, pero no lo hacen porque son sus aliados políticos. El fotógrafo venezolano Alejandro Cegarra, quien cursó estudios en la misma universidad que el primer muerto del 12-F, Bassil da Costa, y retrató su muerte, aseguró que “hasta ese momento la policía fue pasiva, hubo algunos tiros al aire, pero de repente llegaron unos sujetos desde el norte, la mayoría vestidos de negro, y comenzaron a disparar. Llegaron en motos y camionetas pick ups, el piquete se abrió, después ellos dispararon y se fueron”.

Inti Rodríguez, un coordinador de la ONG de derechos humanos Provea, fue hostigado esa misma noche en las adyacencias de una estación de metro en el oeste de Caracas por personas que vestían chalecos y pasamontañas y que portaban armas largas: “Me retuvieron durante 40 minutos en los que me golpearon, revisaron mi teléfono y me preguntaron qué hacía en Provea. En eso escuché que uno comentó: ‘El ministro dijo que nos quedáramos quietos, que nos recogiéramos’. Unos hablaban como hampones, pero quien comandaba el grupo empleaba un lenguaje policial”, le dijo Inti al periodista Pedro Pablo Peñaloza.

Según una lista publicada por el abogado Gonzalo Himiob, del colectivo organizado Foro Penal Venezolano, los últimos días se efectuaron más de 200 detenciones. “Los datos se han obtenido a través de nuestros voluntarios y del trabajo de diputados y ONG aliadas. No existe confirmación oficial sobre la identidad o número total de detenidos. También tenemos información de varias personas de las que no se conoce su paradero desde el día 12”, afirmó Himiob.

Los dirigentes del chavismo, desde el propio presidente Maduro, señalan a la “derecha fascista y golpista” de ser la responsable del caos. Por ello, el Ministerio Público ordenó desde el miércoles pasado la detención del dirigente de Voluntad Popular Leopoldo López, a quien acusan de ser el autor intelectual de las tres muertes que se contabilizan hasta el momento de escribir esta nota. Voceros del partido, sin embargo, afirmaron a la agencia Efe que aún no se ha ejecutado formalmente la instrucción; de ahí que el exalcalde respondiera con un desafío vía Twitter: “@NicolasMaduro no tienes las agallas para meterme preso? O esperas ordenes de La Habana? Te lo digo: La verdad esta de nuestro lado” (sic).

Con esos hechos aumentan la tensión, y los rumores en redes sociales, las convocatorias a nuevas protestas, las largas colas en supermercados por compras nerviosas, las investigaciones en curso y las denuncias de tortura con electricidad a estudiantes que fueron o permanecen detenidos, se mezclan con el desenvolvimiento rutinario de las ciudades.