Hollande y Merkel responsabilizan a Putin de crímenes de guerra en Siria

Los dos líderes presionan para alargar la tregua en el momento más bajo de las relaciones entre Moscú y Occidente.

La canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente de Francia, François Hollande. / AFP

Merkel y Hollande comparecieron juntos pasada la una de la madrugada sin el presidente ruso. Reconocieron que lo logrado no era mucho. Ambos ya habían rebajado las expectativas en las horas anteriores y la rueda de prensa posterior a la reunión confirmó que estaban en lo cierto.

Respecto a Ucrania, los dos líderes presentaron un principio de acuerdo para desarrollar una hoja de ruta en noviembre y retirar tropas de cuatro zonas conflictivas. Poco más. Y sobre Siria —el conflicto más sangrante y sobre el que Berlín exigía hablar como requisito sine qua non para celebrar este encuentro— tan solo una ligera esperanza de que la tregua de unas horas que entra el jueves en vigor pueda alargarse. "He entendido que Putin podría ir más allá de las ocho horas que había anunciado, pero es él quien debe mostrar esa disposición", respondió Hollande a un periodista.

El presidente ruso confirmó tras la reunión su predisposición a prolongar el cese de los bombardeos. Antes de la reunión, Moscú había enviado un timidísimo gesto de apaciguamiento: la minitregua "humanitaria" anunciada para el jueves en Siria, que ya había sido muy criticada por su mínima escala, no durará ocho horas, como estaba previsto, sino once.

La líder alemana atribuyó a Rusia "una gran responsabilidad" del desastre humano que se vive en la ciudad siria de Alepo. Hollande pidió el cese de unos bombardeos que calificó como "crímenes de guerra". Las duras críticas al Kremlin no son nuevas. Los dos líderes llevan tiempo haciéndolas. Pero ahora subieron el tono. Y se lo dijeron directamente a Putin.

El primero en abandonar la cita fue el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko. En otra reunión maratoniana de febrero del año pasado que se alargó toda una noche, los cuatro líderes pactaron los llamados acuerdos de Minsk. Un año y medio después, el conflicto se ha enquistado como una guerra de baja intensidad en la que los intercambios de disparos son habituales. Un total de 173 soldados ucranios han muerto este año, según el Gobierno de Kiev. Merkel y Hollande convocaron ahora a los presidentes ruso y ucranio para abordar los incumplimientos por ambas partes de lo acordado.

Intento de presión

La recepción a Putin en Berlín fue tibia. Además del poco caluroso apretón de manos que le dio Merkel a las puertas de la Cancillería, un centenar de sirios y ucranios protestaban en la calle contra la política del Kremlin. La reunión a cuatro bandas nació como un intento casi a la desesperada de la canciller por presionar a Putin para rebajar las tensiones en los dos conflictos en los que el Kremlin tiene un papel protagonista. Estas dos crisis han llevado las relaciones entre Moscú y Occidente a su punto más bajo desde el final de la Guerra Fría. Las tensiones volvieron a quedar en evidencia la semana pasada, cuando Putin canceló una visita a París después de que Hollande le criticase por su apoyo al régimen de Bachar el Asad.

Para que se produjera el encuentro, el Gobierno alemán había puesto una condición previa: no se hablaría solo de Ucrania. No era posible reunirse con Putin y no abordar también la crisis de Alepo, de cuya situación Occidente culpa a los bombardeos del régimen sirio y de su estrecho aliado ruso. "Son ataques sobre personas desprotegidas, hospitales y médicos. Por supuesto que vamos a hablar de ello", había dicho Merkel el martes. El cónclave se dividió en dos partes: en la primera, con la participación de los cuatro líderes, en torno a Ucrania, y la segunda, ya sin Poroshenko, sobre Siria.

Tras su cita de Berlín, Merkel y Hollande se verán con el resto de líderes de la UE en la cumbre que comienza el jueves. Allí discutirán un posible endurecimiento de las sanciones a Moscú.