Horacio Cartes, el empresario presidente

Perfil del mandatario de Paraguay, empresario del tabaco, que cuenta con un célebre paso por la dirigencia de uno de los equipos de fútbol más populares del país.

Horacio Cartes, presidente electo de Paraguay. /AFP
Horacio Cartes, presidente electo de Paraguay. /AFP

Hoy podría decirse que una de las principales razones que llevaron a Horacio Cartes a la jefatura de Estado de Paraguay fue el fútbol. Su gestión como presidente del Club Libertad dese 2001 ha sido la más exitosa de este siglo: acaba de ser campeón en el último torneo de liga local en 2012 y desde 2001, cuando Cartes llegó para dirigir su rumbo administrativo, ha obtenido tres torneos Apertura y tres Clausura. Un total de seis títulos en 11 años y una hinchada feliz que se siente orgullosa de haber superado a sus rivales de patio, equipos históricos como Olimpia y Cerro Porteño.

Por eso, desde diversos frentes durante la campaña se oyó decir que la popularidad ascendente de Cartes tenía mucho que ver con sus éxitos empresariales y en el fútbol, que con la política misma. Sólo hasta el año 2009 entró en las filas del Partido Colorado –el más tradicional junto al Liberal- y sólo hasta 2010 ejerció su derecho al voto. Resultó un tanto extraño que un hombre de 56 años no hubiera votado antes de esas elecciones municipales, más aún cuando Paraguay es un país en el que el electorado -3.5 millones de personas- tiene la obligación de sufragar.

Sin embargo, ese no fue el caso de Cartes, uno hombre tal vez demasiado ocupado en atender sus negocios. Porque antes que político y dirigente de fútbol, fue empresario también, un magnate. Gran parte de su fortuna ha provenido de la industria tabacalera y una serie de inversiones en más de 25 empresas –bancos, casas de cambios, cultivos de soja, emboltelladoras de gaseosas, entre otras- que hoy lo hacen patrón de más de que 3.500 empleados. Dinero no lo faltaba al presidente electo, a pesar de que sus adversarios de campaña se empeñaran en resaltar las sombras que existen en su fortuna, no precisamente libres de fantasmas como el lavado de dinero y el narcotráfico.

Cartes logró desmarcarse de las acusaciones para llegar a ser jefe de Estado. No por eso, sus opositores han dejado de recordar que en 1989 pasó cerca de un año en la cárcel acusado de evasión de divisas, un proceso del que salió indemne tiempo después. También su nombre estuvo señalado en 2004, cuando la cámara de diputados de Brasil lo señaló de contrabando de cigarrillos y envío ilegal de remesas. Emergieron entonces aparentes vínculos con el narcotraficante Fadh Yamil, quien reconocería luego que guardaba dinero en uno de los bancos de propiedad de Cartes. La prensa paraguaya, del mismo modo, documentaría el allanamiento -en el año 2000- de 300 kilos de marihuana y 20 de cocaína en un avión que aterrizó en una hacienda del hoy presidente electo.
Ese pasado sombrío, incluso formó parte de las consideraciones del Departamento de Estado de Estados Unidos, conocidas a través de la filtración de documentos de Wikileaks: en cable fechado de enero de 2010 revelaba que Cartes fue investigado por lavado de dólares y posible venta de drogas en suelo norteamericano. Al final, el candidato sorteó las dificultadas y lideró el regreso del Partido Colorado al poder de Asunción, que había sido desplazado por la alianza de izquierda encabezada por el destituido presidente Fernando Lugo.

Horacio Cartes se establece como presidente cuando varias de las sanciones internacionales impuestas tras el golpe de Estado a Fernando Lugo, sancionado por el Congreso en un juicio político de 32 horas, prevalecen. La marginación del Unasur y del Mercosur, producto de la destitución de 2012, seguramente estarán dentro de su agenda de prioridades. Son restos para este nuevo presidente, a quien los votantes reconocieron su capacidad de administrar recursos, con la esperanza de que pueda mejorar la situación de un país en el que el 40% de su población, vive en la pobreza

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