Horas difíciles para Mariano Rajoy al inicio de la nueva legislatura española

Reina la incertidumbre acerca de si habrá acuerdos entre los partidos para garantizar la gobernabilidad del país o si, por el contrario, serán necesarias nuevas elecciones.

Jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy. / EFE

Hoy, 13 de enero de 2016, se debe llevar a cabo la solemne constitución de las Cortes Generales, cámaras de representación en España, que son el Congreso y Senado, tras los resultados electorales del 20 de diciembre. Tras ello, deben organizarse los grupos parlamentarios y para la próxima semana o inicios de la siguiente, proceder con la sesión que debe investir al jefe del Ejecutivo.

Los resultados electorales de las elecciones generales en España –123 diputados el PP, 90 el PSOE, 69 Podemos y 40 Ciudadanos– obliga por primera vez, desde las primeras elecciones democráticas de 1977, a que partidos con una significativa representación parlamentaria tengan que discutir, promover intercambios cooperativos y favorecer alianzas de gobierno.

Dadas las circunstancias, el PP, con Mariano Rajoy a la cabeza tiene muy difícil ser investido en una segunda legislatura. El número de representantes en el parlamento, y el posible apoyo que pudiera conferirle el segundo gran partido conservador, Ciudadanos, es insuficiente para favorecer una mayoría que gobierne.

Ello, porque el PSOE, a pesar de las importantes tensiones experimentadas en las últimas semanas, parece tener claro que no puede, y no debe, apoyar a Rajoy. Se están haciendo muchas evocaciones a un posible gran pacto de Estado entre los dos principales partidos del país, como sucediera en Alemania, pero basta recordar la relegación a un segundo plano del SPD alemán, el partido social-demócrata, para entender el coste político y electoral que tal posición podría suponerle en España. Asimismo, la actitud (re)centralizadora en el modelo territorial y la hostilidad con Catalunya imposibilita, en inicio, un apoyo de parte de los partidos nacionalistas.

Más imposible si cabe, es la posibilidad de que partidos como Podemos o Unidad Popular, en la izquierda del espectro ideológico, le puedan respaldar.

Como lo anterior es muy factible que sea lo que vaya a suceder, lo que pasaría sería que le tocaría proponer Gobierno al segundo partido, el PSOE. En este caso, las posibilidades de obtener un respaldo parlamentario pudieran ser mayores que en el ejemplo anterior. Evidentemente, el PP se opondría a esta posibilidad pero cabría la opción de buscar la abstención e incluso el respaldo de Ciudadanos, pero sobre todo, la alianza con Podemos. Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, ha marcado unas “líneas rojas” como prioritarias a efectos de poder entender un marco de convergencia. En primer lugar, una prioridad de acción frente a la situación socioeconómica de aquellos sectores de la población más afectados por la crisis, y de otro lado, la necesidad de buscar una solución conciliadora, inexistente hasta el momento, con el problema territorial que se da con Catalunya.

Una posición compartida en el primero de los casos, y que con un diálogo integrador, mutuamente satisfactorio y conciliador con el segundo, podría facilitar la materialización de esta coalición. Una coalición, a la que se sumaría Unidad Popular – antiguamente Izquierda Unida pero en alianza con otros pequeños partidos- y posiblemente, partidos nacionalistas que entienden que solo así es posible obtener una solución más integradora respecto de la cuestión territorial.

En caso que lo anterior tampoco prosperase, le correspondería al Jefe de Estado, en este caso, el monarca Felipe VI, proponer un hombre de gobierno que, en todo caso, necesitaría de apoyos parlamentarios aunque ya no por mayoría cualificada. Sin embargo, si en el plazo de dos meses desde la primera sesión de investidura, ningún candidato obtuviera los apoyos suficientes para ser nombrado presidente, se deberían disolver las Cámaras y convocar nuevamente elecciones. Ese caso es el que genera mayor incertidumbre, especialmente a Mariano Rajoy, pues habría que ver si su partido le respaldaría nuevamente para este segundo intento, y a Pedro Sánchez, que difícilmente obtendría la confianza de su partido para ir como candidato a unas nuevas elecciones generales. A su vez, muy previsiblemente, serían las opciones centrífugas, en este caso, PP y Podemos, las que capitalizarían mejores resultados, lo cual no ayudaría mucho a la consecución de un clima de estabilidad que, dada esta tesitura, solo parece resolverse con diálogo y con fórmulas políticas incluyentes.

* Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la Universidad EAN.

 

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