‘Hubo 200 mil víctimas y se les juzga por 5 mil’

La premio Nobel de Paz y líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú habla del juicio contra el general y expresidente Efraín Ríos Montt.

Rigoberta Menchú obtuvo el Premio Nobel de Paz en 1992, en reconocimiento a su lucha por los derechos humanos y la justicia en Guatemala.  / EFE
Rigoberta Menchú obtuvo el Premio Nobel de Paz en 1992, en reconocimiento a su lucha por los derechos humanos y la justicia en Guatemala. / EFE

Han pasado casi 30 años desde que la desgracia visitó a la región de Ixil, en el departamento de El Quiché. Allí llegaron los militares enviados por el general Efraín Ríos Montt a arrasar con ‘la insurgencia’. No lo lograron por completo y sí dejaron en el camino una larga estela de sangre, casi un sexto de los ixiles —civiles e indígenas mayas— muertos entre el espantoso marzo de 1982 y el terrible agosto de 1983.

Los testimonios de la semana difícilmente podrían ser más crueles. Mujeres y hombres que tuvieron la suerte de no estar o que entonces eran niñas y niños y lograron esconderse detrás de algún arbusto. Venían los militares y las llamadas PAC (Patrullas de Autodefensa Civil), que patrocinaba el Estado, con sus armas tronando. Chozas incendiadas con sus residentes adentro, aldeas exterminadas, mujeres violadas, gente desmembrada, militares que comían partes de niños muertos. Todos estos recuerdos de la guerra y su barbarie han sido oídos en el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo de Guatemala, mientras Ríos Montt permanecía sentado en la silla del acusado por genocidio y lesa humanidad. Un juicio histórico que por fin pudo ser, como dice la líder indígena y premio Nobel de Paz Rigoberta Menchú. Y pudo ser porque las argucias de la defensa no pudieron detener las acusaciones y porque las inmunidades de las que gozó el general quedaron atrás por cuenta de los reclamos de miles de personas que nunca se cansaron de exigir. Entre esas voces estuvo Menchú, quien es maya quiché oriunda de Uspatán, también en El Quiché, y quien para este caso solía repetir que “todos somos Ixil”.

En su caso, la historia con Ríos Montt era la continuidad de una serie de políticas militaristas que habían comenzado desde finales de los años 60 y que formaron parte de un conflicto que se extendió por tres décadas. La dureza militar se llevó a su padre, Vicente Menchú, y a varios de sus familiares, ligados a asociaciones campesinas, defensores de sus tierras y tradiciones. El señor Vicente falleció en la embajada de España el 31 de enero de 1980, cuando varios líderes se tomaron las instalaciones para protestar por las que denunciaban como matanzas en El Quiché, de las que responsabilizaban al entonces presidente, Fernando Romeo Lucas, quien luego sería derrocado por Ríos Montt. Los ligaron con el Ejército Guerrillero de los Pobres, que era como hablar del diablo, y la policía recuperó la embajada a la fuerza con granadas de fósforo blanco: 37 muertos. Ese día, Rigoberta Menchú prometió luchar para que algún día llegara la justicia.

La líder conversó con El Espectador sobre el juicio contra Ríos Montt que se reanudará mañana, cuando se termine el receso concedido por los días de Semana Santa.

¿Qué hace “histórico” el juicio contra Efraín Ríos Montt?

Este es un juicio que ha sido esperado por muchos años. El señor Ríos Montt siempre gozó de la inmunidad del Congreso, siempre gozó de la protección del Estado y nunca fue posible. Hoy se ha iniciado un juicio, yo diría, por muchas presiones, porque desafortunadamente estamos abordando un tema que es muy doloroso en Guatemala, dónde hay más de 200.000 víctimas de un conflicto, dentro de los que tenemos más de 50.000 desaparecidos. Las víctimas por primera vez están sentadas en igualdad de condiciones en un tribunal, frente a los victimarios. En el año 1979, Naciones Unidas abordó por primera vez, en la Asamblea General, el tema con una resolución condenatoria por la violación de derechos humanos en Guatemala. Desde entonces, hasta que se firmó la paz, en el año 1996, la ONU emitió un promedio de cuatro a cinco resoluciones anuales en las que se vinculaban nombres como el de Ríos Montt, el general Fernando Lucas García, que ya falleció, y el general Mauricio Rodríguez Sánchez, que está ligado al proceso actualmente. Yo no tengo duda de que ellos, los acusados, gozan de un debido proceso, de un juicio justo. Algo que no pasó con las víctimas.

En una guerra que duró 30 años, ¿por qué la figura de Ríos Montt es tan visible dentro de las víctimas? ¿Acaso no hay más culpables?

Aquí no se está juzgando el conflicto armado, sino la criminalidad con la que se mató a ciudadanos guatemaltecos, las políticas de tierra arrasada empleadas por Ríos Montt, aunque también fueran empleadas por sus antecesores. Él ideó un plan contrainsurgente que convirtió a la población civil, indefensa, en agua, y en pez a la guerrilla. Solía decir que el problema no era acabar al pez, pues era mejor quitarle el agua. Esa agua era la población. No se está examinando el conflicto armado interno, sino se están juzgando las atrocidades contra la población civil. Por eso los testimonios se refieren a niños, ancianos, mujeres embarazadas que fueron ejecutados. Los militares tenían la orden de cortar todo lo que pareciera siembra, el maíz, por ejemplo. Buscaban generar hambre en la gente, para que culpables o no, se acogieran a una amnistía, como si fueran enemigos. Los testimonios de la población víctima son verdaderamente espeluznantes.

¿Por qué cree que la represión contra el pueblo ixil fue tan dura como cuentan los testigos?

Primero porque la población de Ixil siempre fue muy conservadora de su identidad. Como han podido ver, la mayoría de testimonios se han llevado en sus propio idioma y no en español. Allí también habían surgido las luchas campesinas más fuertes, de las que mi padre fue uno de los grandes dirigentes. Durante esa época casi todos aquí fueron perseguidos, desde el abuelo hasta el último bebé. Había un odio muy fuerte, un racismo muy grande ligado a un plan contrainsurgente en el que hubo espacio para el terrorismo de estado. Segundo, que es una región con mucha riqueza natural, sobre todo energética y mineral. Ixil también era una zona en la que operó uno de los movimientos revolucionarios más connotados de Guatemala, que era el guevarista Ejército Guerrillero de los Pobres. Por eso allí Ríos Montt aplicó su política, a la que llamó “Fusiles y Frijoles”: Si la gente aceptaba cargar fusiles y entrar a la guerra, les daban frijoles. Reclutaron a muchos inocentes, era un asunto de sobrevivencia.

¿Cómo eran esos reclutamientos forzados de civiles? ¿Algunos de los reclutados después tuvieron que atentar contra su propia gente?

Con esa política de “Fusiles y Frijoles” confinaban a la gente y cortaban las siembras. Obligaban a la gente a venir y el Ejército apartaba a los que creía que eran líderes insurgentes y los desaparecía forzosamente. Otros iban a reclusión y otros podían quedarse siempre y cuando fueran patrulleros para la defensa civil. Les daban las armas, los entrenaban y estaban obligados a matar, era una situación de horror. Después de la guerra muchos de los victimarios civiles pidieron su resarcimiento por haber prestado servicio obligatorio a favor del Ejército y casi un millón fueron resarcidos. El gobierno de entonces tiene la absoluta responsabilidad de haber enfrentado a hermanos entre sí.

¿Cómo luchó contra todas estas acciones en medio de un contexto tan violento como el de entonces en Guatemala?

Yo fui a denunciar el genocidio de Guatemala básicamente en el año 83. Desde entonces comparecí año tras año en Ginebra, en Nueva York, en la Asamblea General, en la Comisión de Derechos humanos, en la Comisión de Protección a las Minorías. Año tras año hasta 1994. Más de una década de mi vida la dejé entre los corredores de Naciones Unidas, entregando informes, testimonios. Lo importante es que ahora están en un tribunal y que haya un juicio justo. Yo soñé verlos sentados en un tribunal y ese sueño ya se cumplió. Me siento muy contenta, porque creo que hicimos lo que teníamos que hacer. Que se haya iniciado el proceso es una bendición.

¿Usted cree que Ríos Montt fue la continuación de los políticas que mataron a su padre?

Sí, aunque el juicio que se está llevando en contra de Ríos Montt y del señor Mauricio Rodríguez Sánchez, quien fuera su jefe de inteligencia, se limita a lo ocurrido en el pueblo ixil. El conflicto dejó 200.000 víctimas y a ellos se les está juzgando actualmente por unas 5.000 víctimas. Está claro que hay una enorme cantidad de hechos que jamás volverán a darnos la dignidad que nos quitaron en aquellos años. Yo estoy denunciando el caso de la Mascare de la Embajada de España y estamos ya en la valoración de pruebas. Estoy aquí porque en mi vida juré que siempre lucharía contra la impunidad mientras viva. De todas formas yo tengo muy claro que no me van a devolver los restos mortales de mi padre, los saquearon de la tumba y no sé dónde lo tiraron. No voy a encontrar los restos de mamá, que ya busqué en los cementerios clandestinos, o de mis hermanos Víctor y Patrocinio. Por eso digo que los juicios no son para nosotros, las víctimas. Son para los victimarios, para que ellos salden una cuenta con sus propios hijos y sus propios nietos, la manera en la que los victimarios antes de morir, quizá, puedan pedir perdón. Ellos tendrán a su favor todo: abogados, tranquilidad. Están sentados, vivos. Los nuestros fueron denigrados y aniquilados. La única ganancia aquí será nuestra verdad, la justicia más grande.

 

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