La huida de Katmandú

Las constantes réplicas en Katmandú, la capital de Nepal y el punto más afectado por el terremoto del pasado sábado, han provocado un poderoso miedo entre los ciudadanos que ahora llega al punto de la ira.

Una niña espera en la fila un autobús en Katmandú. / EFE

Ayer cerca de 340.000 personas esperaban salir de la ciudad hacia aldeas y ciudades cercanas en 250 autobuses proveídos por el Gobierno. Sin embargo, al ver que el transporte exigido no estaba en el lugar, un grupo de ciudadanos se enfrentaron a la policía e incluso asaltaron un bus que llevaba bidones de agua, enfrentados como están a la carestía de alimentos.

El Gobierno, a través del ministro de Comunicaciones, Minendra Rijal, ha aceptado que carece de la capacidad para responder a la tragedia y que espera la llegada de más ayuda desde China e India, sus principales aliados. La policía estimó que, hasta ayer, cerca de 66.000 personas habían huido de Katmandú, donde buena parte de las vías de salida se encuentran bloqueadas. El camino hacia Pokhara, la segunda ciudad en importancia de Nepal, fue reabierto. En esa dirección salen algunos autobuses atestados de personas en las puertas y los techos. Algunos otros, con ayuda de los países vecinos, han podido salir vía aérea, aunque el aeropuerto de Katmandú se encuentra congestionado.

El gobierno indio envió 110 buses para transportar hacia su país a cerca de 4.000 nepaleses y extranjeros y también ha ofrecido visas temporales para que aguarden el regreso a sus casas. El último balance señala que más de 5.000 personas fallecieron en el cataclismo y la ONU ha dicho que se necesitan US$415 millones de ayuda urgente en la zona.

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