La Iglesia nueva de Francisco

Esta semana sesionó la Comisión de Reforma del Vaticano, convocada por el papa para hacer reformas profundas de la Iglesia católica. ¿Hasta dónde irá su buena voluntad?

El papa sesionó desde el lunes con los ocho cardenales de la comisión de reforma. / EFE

Es claro que la opinión pública está hoy curiosa por saber cuáles serán las reformas que traerá Francisco a la Iglesia, de la que fue encargado por el Espíritu Santo y sus colegas cardenales en el cónclave. El grupo de los ocho cardenales, bajo la coordinación del cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, ha venido recolectando opiniones en los cinco continentes y elaborando ellos mismos el material que se discutió a lo largo de la semana en la biblioteca del Palacio Apostólico y que de ahora en adelante se hará en la Casa Santa Marta, donde estos consejeros residirán por petición de Francisco, a quien definitivamente no le gustan los lujos del Palacio y la lejanía de la gente.

Se habla de todo a nivel de “chisme”, sin someter a estudio asuntos vitales para el funcionamiento de la Iglesia y sus responsabilidades frente a la cristiandad y el mundo. Lo que se trae entre manos el papa Francisco va más allá, pues no es su intención remendar el sayo, sino elaborar un vestido y, por lo tanto, la reforma llamada de la curia irá a fondo tanto que la actuación sobre la Secretaría de Estado y la estructura del IOR o banca vaticana son importantes y vistosas, pero no las más importantes y definitivas.

Menos burocracia

Esa será sin duda la categoría del documento que ha comenzado a discutirse y que pondrá en evidencia el leit motiv del pontificado, que es el “servicio”. Por expresiones del papa, está orientado a dar cumplimiento y realización a ese valor: “El verdadero poder es el servicio”. Y para ello se impone una simplificación de la curia buscando hacerla más cercana a los que rodean al pontífice y por lógica a los obispos de todos los continentes y por efectos de reingeniería más pequeña, operativa y funcional. Por lógica, son muchos los que sienten su puesto y su posición en peligro y esta es una de las causas ya de algunos brotes de animadversión contra Francisco por parte de la burocracia que finalmente está en situación crítica.

Como todo gran documento vaticano, establecerá conexiones con el pasado, ya que es una institución que desde el siglo XII viene evolucionando y que en los grandes momentos de crisis ha sabido responder a enormes desafíos que se le han presentado a la Iglesia.

Se discuten ahora las líneas generales de las variaciones jurídicas indispensables de la nueva época que traerán necesarias revisiones en los códigos eclesiales y en los que habrá de empeñarse los grandes juristas que habitan en Roma y de cuya agilidad en el ámbito de las prescripciones nadie duda.

Uno de los puntos a discutir será sin duda el tema de la Secretaría de Estado, ya que monseñor Pietro Parolín, exnuncio en Venezuela que se posesionará el 15 de octubre, deberá acelerar la marcha con los funcionarios que han sido ratificados por Francisco. La filosofía que él encuentra ya fue dictada y es que debe actuar al servicio de la Iglesia universal. Francisco no le ha permitido, como ocurre en el mundo civil, la realización del dicho aquel de que “cada torero viene con su cuadrilla”. Aquí es Francisco quien viene nombrando, ratificando y ejercitando aquella vieja sabiduría de colocar a los suyos donde cree que van a tener un mejor desempeño y lo ha hecho silenciosamente, aun recobrando a muchos que se consideraban condenados a desaparecer sin ruido del escenario de las funciones eclesiales.

Verdadero “servicio”

La gran partitura es la certeza que “el verdadero poder es el servicio” y que ello define una Iglesia pobre para los pobres. No basta decirlo con palabras. Francisco habla más con los gestos. Se ha dicho que él poco escribirá con pluma porque está escribiendo en la conciencia de los hombres de buena voluntad.

Fue en estos días cuando sorprendió explicando la parábola del “buen pastor”, que deja las 99 ovejas en el redil y sale a buscar la oveja perdida. En un momento determinado se detuvo y expresó que el problema era más grave y era que en el redil se había quedado tan sólo una oveja y las otras 99 se habían escapado. Por ello ha clamado en el inicio de tareas de diseño de la nueva Iglesia en una definición que rige todo su hacer: “En lugar de ser tan sólo una Iglesia que acoge y que recibe, busquemos ser una Iglesia que sale de sí misma y va en búsqueda de los hombres y de las mujeres que no la frecuentan, que no la conocen, que no la han visitado nunca y que le son indiferentes”.

En la concepción del “servicio” hay preocupaciones urgentes. Dentro del Año de la Fe, en el marco de la Nueva Evangelización y en la celebración de los 50 años del Concilio Vaticano II, a lo que se añade la memoria sobre la encíclica Pacem in Terris; por ello Francisco insiste que el servicio de enseñanza de la fe, su celebración, su propuesta a todos los seres humanos de todas las culturas requiere cambios que son urgentes. Bien es sabido que por ello ha llamado al Ministerio del Clero al antiguo nuncio en Colombia Beniamino Stella, persona de enorme sentido social, de grande cultura y un cristiano actualizado en la búsqueda de esa nueva Iglesia que empezó a diseñarse en el Vaticano II y que hoy —con Francisco— comienza a darse una realidad cierta.

El papa ha dado además todas las señales de querer reducir ministerios y ha puesto especial cuidado en aquel que dirigirá la acción de los laicos, de la familia y del ministerio de justicia y paz, pues a miembros y consultores les prorrogó el cargo tan sólo hasta el 31 de diciembre.

La gran renovación ha llegado. Eclesiásticos y demás cristianos se hacen a la tarea de desempolvar los apuntes de hace 50 años y a releer los documentos del Vaticano II. Se trata de la renovación de la cabeza y de los miembros de la Iglesia, y Francisco exige que esa semilla sembrada por Juan XXIII dé ya renuevos de esperanza.

Otros desafíos

El papa quiere cortar por lo sano. Ha creado comisiones de evaluación y de control; sin preguntar a nadie ha llamado a gente que le ayude con consejos oportunos a clarificar sus dudas e inquietudes y a sistematizar la hoja de ruta de la Iglesia que él sueña. Se siente que está bien rodeado.

Se habla del desafío de hacer que la mujer participe más de lleno en la administración y en puestos directivos de la Iglesia; que los laicos asuman tareas desde el sacerdocio que les otorga el bautismo; que todos se hagan a buscar las respuestas que hagan del “bien común” una realidad cierta de responsabilidad para con el prójimo.

No es de extrañar entonces que en la Ciudad del Vaticano haya revuelo, exista nerviosismo por las cosas nuevas que buscan su puesto y de quienes difíciles para el cambio intentan impedirlo. Lo que sí se observa es que el papa se abre camino. El grupo cardenalicio de los 8 trabaja incesante con sus antenas puestas sobre el mundo y Francisco se hace a la tarea de establecer esas cercanías que hoy apasionan.

Francisco ha dejado trabajando la comisión de cardenales establecida formalmente por el quirógrafo de inicios de semana y ha ido a Asís a visitar a Francesco y su memoria. En la basílica superior ha encontrado el fresco del Giotto, donde el “poverello” está poniéndole el hombro a una de las torres de la iglesia de San Juan de Letrán —la madre de todas las iglesias del mundo— para que no caiga. Bien sabe el papa que esa es su tarea y que está convocado a hacer que el Evangelio sea una opción cierta de humanización en esta época naciente de globalización.

* Consultor pontificio y exembajador de Colombia ante la Santa Sede.

Sobre el nuevo secretario de Estado vaticano

Se cuenta que a la muerte de Juan XXIII discutían algunos cardenales sobre la sucesión y de las aspiraciones de Montini por llegar a ser secretario de Estado. “Hagámoslo papa porque él puede ser más peligroso ejecutando que decidiendo”. Y se convirtió en el gran papa que fue Pablo VI. Existe  la certidumbre que el secretario de Estado manda más que el papa y que éste sólo conoce lo que pasa los filtros de la Secretaría y que aun los obispos encuentran dificultades para acceder a la presencia y a la atención del obispo de Roma. Francisco cambió: ha tomado la opción de mandar, de orientar, de decidir y de estar enterado de todo lo que sea fundamental. Nombró al arzobispo Pietro Parolín, exnuncio en Venezuela,  persona de pensamiento abierto y que acompaña su actuar con una gran visión espiritual y que ha mostrado siempre la disposición de actuar sin perder la huella pastoral. Haber sido llamado sin ser cardenal ya indica que sus actos estarán marcados por su cercanía con el papa, quien lo irá moldeando.

Antecedentes claves de la crisis

A este punto nos condujeron episodios como los del IOR (impropiamente denominado Banco Vaticano) y sus problemas éticos con el tránsito de algunos dineros que han conducido a la cárcel a algunos directivos del Instituto para las Obras Religiosas. También el escándalo de los llamados “Vatileaks” y el robo de papeles con responsabilidad del mayordomo papal, Paolo Gabriele, tan publicitado pero ignorando los divulgadores que hubo un hurto masivo y más grave de documentos que un par de años antes fueron publicados en un libro bajo el título ’Vaticano SPA’ (Vaticano sociedad por acciones ) y a los que nadie puso cuidado en la prensa colombiana, expediente que prolongaba además cerca de 20 publicaciones documentales que siguieron al primer escándalo de documentos filtrados bajo el título “Lo que el viento se llevó en el Vaticano”. Que hay un fenómeno desarrollado de corrupción nadie lo niega hoy día y es la misma iglesia la que ha dispuesto investigaciones profundas y definitivas. A ello se unen las acusaciones por pedofilia que laceraron el legado de ese gran pontífice que fue Benedicto XVI y se añaden escándalos  que ignoran los servicios de la Iglesia en  beneficio de la humanidad.

 

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