La Iglesia y los Castro

En momentos complicados, el gobierno cubano ha recurrido a la Iglesia católica. Una historia de amores y desencuentros.

El papa Francisco a su llegada en papamóvil a la Plaza de la Revolución./ AFP
El papa Francisco a su llegada en papamóvil a la Plaza de la Revolución./ AFP

La visita del papa Francisco a Cuba coincide con el momento complejo por el que pasa el gobierno de Raúl Castro: en la isla hay inquietud porque, a pesar de haber restablecido relaciones con Estados Unidos y de promover algunas reformas, los cambios no se notan, la situación de derechos humanos no ha sufrido progresos evidentes, muchos disidentes siguen presos y la economía está en emergencia, en gran parte por cuenta del embargo económico, impuesto desde 1962.

“Tenemos la expectativa de que Dios nos pueda ayudar y que el santo padre cuando vaya al Congreso de Estados Unidos pueda abogar por nosotros para que elimine el embargo económico a Cuba”, le dijo a la AFP Yudelkis Geigel, de 32 años, quien aclaró que no era “ni cristiana ni católica, sino militante comunista”.

Lo mismo que le pidió Raúl Castro a Francisco, durante un encuentro ayer en el Palacio de la Revolución. El papa, a quien Castro le ha reconocido sus buenos oficios para lograr el restablecimiento de relaciones con EE.UU., no hizo alusiones políticas ni al embargo ni a la disidencia o el exilio durante la misa en la Plaza de la Revolución. Sí lo mencionó el cardenal cubano, Jaime Ortega, quien pidió durante este evento –el más esperado de la visita– por el proceso de renovación de relaciones entre los dos países y las reformas económicas que comenzó a implementar el presidente Raúl Castro en 2008.

La visita del papa en medio de la crítica situación interna, explican analistas, es parte de un proceso que siempre han hecho los Castro. “Cada vez que se vieron ante el abismo, los Castro, que fueron formados por jesuitas como Francisco, se pusieron en manos de la Iglesia. En enero de 1998, atormentados por las penurias derivadas del colapso soviético, recibieron a Juan Pablo II. En 1999, con el ascenso de Hugo Chávez, apareció un nuevo mecenas, pero el derrumbe del precio del petróleo acaba de clausurar esa etapa. Y los Castro regresaron bajo el manto de la Iglesia”, escribió, en el periódico El País de España, Carlos Pagni.

Castro necesita que el embargo sea levantado para sortear la crisis de la isla y el mejor aliado para lograrlo es Francisco, que será escuchado el próximo jueves por el pleno del Congreso de EE.UU., dominado por los republicanos. Con el acercamiento entre Obama y Castro, Francisco ya demostró que la diplomacia vaticana obra milagros. Por eso, muchos confían en que sus palabras cambien la opinión de los congresistas que se oponen a levantar el bloqueo. Coinciden los periódicos estadounidenses en que “las nuevas relaciones entre las dos naciones no tendrán ningún futuro mientras el embargo dure”.

Desde siempre la Iglesia católica se pronunció en contra del embargo. En 1969, en medio de unas tensas relaciones con la Revolución de Fidel Castro que había expulsado a cientos de curas, la Iglesia tomó partido a favor del régimen castrista y emitió una carta contra el embargo estadounidense. La Iglesia católica cubana sostiene desde hace muchos años el diálogo para favorecer la apertura de Cuba al mundo y del mundo a Cuba, usando una expresión de Juan Pablo II. Benedicto XVI también lo dijo: “El embargo es algo que hace que las personas sufran las consecuencias. No logra el objetivo de un bien mayor”.

El embargo estadounidense ha sido para el gobierno cubano una de las justificaciones políticas de control sobre la economía de la isla y sobre la población. El papa Francisco podría ayudar en el diálogo apoyando la petición de que se acabe el embargo, y al mismo tiempo, pidiendo que el gobierno cubano dé pasos hacia la libertad, para mejorar las condiciones de vida de la población. “El servicio sin ideología”, como se lo dijo a Raúl Castro y también a Fidel, con quien conversó durante 40 minutos.

En la historia reciente de las relaciones entre el Vaticano y Cuba, estas visitas han sido seguidas por concesiones del gobierno cubano, como la reintroducción del día festivo de Navidad en la isla, anunciada poco antes del viaje de Juan Pablo II. Benedicto XVI logró restituir el feriado de Semana Santa. ¿Qué logrará Francisco? Las expectativas son altas.