El protagonismo de Vladimir Putin en las elecciones de EE. UU.

Lo señalan de haber filtrado los correos que tienen al Partido Demócrata en calzas prietas, con el fin de ayudar al republicano Donald Trump.

El presidente ruso es, de acuerdo con la revista “Forbes”, el hombre más poderoso del mundo. / AFP
El presidente ruso es, de acuerdo con la revista “Forbes”, el hombre más poderoso del mundo. / AFP

Parece la Guerra Fría, pero no. El presidente ruso, Vladimir Putin, se ha convertido en el protagonista de las elecciones en Estados Unidos. Al mandatario ruso se lo acusa de haber filtrado los correos electrónicos que tienen hoy en vilo al Partido Demócrata y que demuestran que las directivas de esa colectividad hicieron todo lo posible para que Hillary Clinton venciera al senador Bernie Sanders y fuera elegida candidata presidencial.

Los correos han caído como una bomba en el Partido Demócrata. Tras el show de Donald Trump durante la convención republicana, se esperaba que la convención demócrata que empezó ayer fuera todo sonrisas. Pero la filtración ya cobró su primera víctima: la presidenta del partido, Debbie Wasserman Schultz. Y ahora amenaza con dividir a los demócratas de cara a las elecciones de noviembre, pese a que Bernie Sanders ha reiterado su apoyo a Clinton.

La candidata presidencial, en vez de casar una pelea con Sanders, salió a dar su propia versión de los hechos: que las filtraciones fueron realizadas por agencias de inteligencia rusas para favorecer a Donald Trump. Su portavoz, Brian Fallon, recalcó que entre el candidato republicano y Putin hay estrechos vínculos. Y aunque Trump se ha burlado de estas acusaciones, asegurando que son un chiste, es cierto que entre ambos hay una buena relación.

Durante años, Trump y Putin no han hecho otra cosa que elogiarse mutuamente: “Es brillante, muy pintoresco, tiene mucho talento. Un líder absoluto”, dijo el presidente ruso sobre el candidato republicano a finales del año pasado. Y Trump respondió que era “un gran honor ser halagado de esa forma por un hombre tan respetado dentro de su país y más allá”.

Pero su afinidad no se reduce a los piropos que se dicen. Trump ha sido claro en que, de ser elegido presidente, le daría un vuelco a las relaciones entre Washington y Moscú, tensas por cuenta de las sanciones que Estados Unidos le ha impuesto a Rusia por su participación en el conflicto en Ucrania. De hecho, el candidato republicano ha sumado a sus filas a personas estrechamente vinculadas con Rusia.

Uno de los hombres fuertes de su campaña, Paul Manafort, es un viejo conocido en ese país. El asesor republicano ha trabajado en reiteradas ocasiones con empresarios cercanos al Kremlin y durante años fue asesor del expresidente ucraniano y aliado de Putin Víktor Yanukovich, quien fue derrocado en 2014 por un sector de la población que estaba en contra de que Ucrania se acercara a Rusia y se alejara de la Unión Europea.

Algo similar ocurre con Carter Page, otro de sus asesores. Page, al igual que Manafort, tiene estrechos nexos con empresarios rusos que han ayudado a Putin a mantenerse en el poder y ha sido un fuerte opositor de las medidas tomadas por el gobierno de Barack Obama en contra de Rusia. El mismo Trump ha hecho multimillonarios negocios en ese país, como el Miss Universo celebrado en Moscú en 2013.

En esa ocasión, Trump preguntó, a través de su cuenta de Twitter, si la gente creía que Putin iba a ir a Miss Universo y que si esto lo convertiría en su nuevo mejor amigo. Putin al final no pudo ir, pero le dejó un valioso regalo. La pregunta sobre si van a ser los mejores amigos sigue en el aire.

Pero al candidato republicano y el presidente ruso no sólo los unen los negocios. Ambos comparten una visión del mundo que riñe con la de la Unión Europea y, sobre todo, con la del actual presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Trump ha dicho, por ejemplo, que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es obsoleta y que, en el caso hipotético de que Rusia invadiera un país miembro de ese grupo, Estados Unidos no debería defenderlo, a menos que esa nación haya cumplido “con sus obligaciones para con nosotros” , en referencia a la cuota que cada miembro debe pagar para el mantenimiento de la organización.

La Casa Blanca tuvo que salir a calmar las aguas y decir que estas palabras mostraban “la falta de preparación” de Trump. Y es que sus declaraciones cayeron como un baldado de agua fría para los miembros de la OTAN que ven a Rusia como su principal amenaza, debido a la carrera armamentista que este país emprendió hace unos años.

Sin mencionar las duras palabras que Trump ha tenido para dos importantes miembros de este grupo: Francia y Alemania. Recientemente, el candidato republicano dijo que, de ser presidente, restringiría el acceso de franceses y alemanes a Estados Unidos, debido a que esos dos países, dijo, han permitido el ingreso de terroristas a sus fronteras.

Hacia el otro lado, hacia el Pacífico, las declaraciones de Trump han sido mucho más favorables con Rusia que con las otras dos potencias regionales: China y Japón. El candidato republicano ha dicho que es necesario revisar los tratados de libre comercio con estos países y se ha opuesto a nuevos tratados.

Igualmente ha apoyado las medidas tomadas por Putin en Oriente Medio, donde Rusia se ha vuelto protagonista debido a su intervención en Siria. Sin mencionar que, con el apoyo que le dio al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, tras el intento de golpe de Estado en su contra, Putin convirtió en aliado a alguien que hasta hace poco era un enemigo acérrimo.

En resumen: Putin se vería beneficiado con la llegada de Trump a la Casa Blanca y, en la otra dirección, el republicano tendría en el presidente ruso a su principal aliado. Pero todo esto sólo es una muestra de la importancia que ha adquirido Putin en el mundo: no hay evento, no hay crisis, no hay nada en el mundo en lo que el presidente ruso no tenga que ver de alguna manera: desde el conflicto palestino-israelí, pasando por la crisis en Venezuela, hasta llegar a las elecciones en Estados Unidos.

El FBI ha dicho que va a investigar las acusaciones del Partido Demócrata. Sin importar si son ciertas, Putin ya se ha convertido, calladamente, en protagonista de las elecciones en Estados Unidos, algo no visto desde la Guerra Fría y los años del teléfono rojo.