Impunidad contra la mujer

Comisión paquistaní advierte sobre la tolerancia en ese país hacia los asesinatos por honor, un panorama similar al de Afganistán.

Este año, Afganistán intentó pasar una ley para que mujeres abusadas no pudieran defenderse legalmente. / Flickr: Afghanistan Matters

Para febrero del año pasado, la atención de los medios de Pakistán, y de varios otros lugares del mundo, se centró en una joven pareja de ese país que admitió sin mayores problemas haber matado a tres mujeres, incluida una niña de 11 años, después de que el hombre violara a las víctimas como forma de curación para el VIH: la idea básica detrás del crimen es que el sexo con mujeres vírgenes mata el virus.

Si bien este episodio recibió gran atención mediática, es apenas uno de los miles de casos de violencia contra la mujer que suceden cada año allí, de acuerdo con el más reciente informe de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP, por sus siglas en inglés).

El documento asegura que el número de denuncias oficiales por violación fue, para 2013, de 3.000, pero que la cifra con seguridad es menor que el número real de violaciones por cuenta del subregistro, muchas veces un producto de la presión familiar sobre las víctimas (en muchos escenarios, los violadores son los mismos familiares de las mujeres o incluso sus esposos).

La HRCP documentó casi 900 asesinatos de mujeres motivados por los llamados crímenes de honor: ofensas que, cometidas por una mujer, traen deshonra para un grupo familiar. Las ofensas pueden ir desde ser víctima de una violación, pasando por una relación extramatrimonial, hasta la negativa a participar en un matrimonio arreglado. “Este tipo de crímenes persisten por la impunidad de que gozan los asesinos”, dice el informe de la comisión, que también señala que el término violencia doméstica sigue sin una definición clara en el Código Penal paquistaní.

Durante 2013, al menos 56 mujeres fueron asesinadas en Pakistán por dar a luz a niñas, cuando la preferencia familiar se inclinaba por el nacimiento de niños. A esto se sumaron, según cifras de la comisión, los 150 ataques con ácido registrados en ese período y los 800 suicidios de mujeres con problemas en el hogar.

La situación de la mujer en Pakistán es un escenario que tiene un cruel espejo en otros países, como Afganistán, en donde este año estuvo a punto de ser aprobado un cambio al Código Penal que prohíbe que los familiares de un acusado en un caso de violencia doméstica testifiquen en su contra. Esto es particularmente nocivo, pues buena parte de la violencia contra las mujeres afganas sucede en el interior de la familia y así efectivamente se haría imposible juzgar y condenar a los atacantes. Al final, la reforma fue vetada por el presidente, Hamid Karzai, pero su reintegración a la ley debe ser decidida de nuevo por el Congreso, órgano que ideó el cambio en primer lugar.

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