La incoherencia de Íngrid Betancourt

Aunque promulga la paz y la transparencia, la política colombo-francesa apoya a Nicolás Sarkozy, candidato a la Presidencia de Francia con ansia bélica e investigado por corrupción.

Íngrid Betancourt durante su discurso de apoyo a Sarkozy en París. /AFP
Íngrid Betancourt durante su discurso de apoyo a Sarkozy en París. /AFP

En un encuentro político para el lanzamiento de la campaña de Nicolás Sarkozy, Íngrid Betancourt pronunció un discurso de apoyo a quien fue el presidente de Francia entre 2007 y 2012. Sarkozy no fue reelecto en el 2012 y ahora es el jefe del principal partido de derecha del país, Les Républicains, y busca un segundo mandato presidencial. En la sala del Zenith, en París, el domingo 9 de octubre, Íngrid Betancourt se refirió a Sarkozy como “un líder del mundo” y como el presidente que ella desea para su “querida Francia” (“douce France”), el único candidato presidencial que “tuvo el corazón y la voluntad de comprometerse para su liberación” (en el 2007) y que brinda una “segunda oportunidad” para los franceses. Afirmó que “lo que necesitaba yo en ese momento, Francia lo necesita hoy”.

En calidad de compatriota de Íngrid Betancourt, estas afirmaciones me sorprenden, me decepcionan y me chocan. Me parece incomprensible e inaceptable que la franco-colombiana use su experiencia como secuestrada de las Farc y haga un paralelismo entre las situaciones de sus países de origen (compara la crisis de Francia de hoy con el caos de la selva colombiana…) con tanta inconsistencia para apoyar a un candidato xenófobo, probablemente corrupto y belicoso. En efecto, el balance de Nicolás Sarkozy como presidente de Francia y ahora como jefe del principal partido de derecha del país está compuesto de los siguientes ingredientes:

La corrupción. Nicolás Sarkozy y sus consejeros más cercanos están bajo varias investigaciones, entre otros casos, el llamado “affaire Bygmalion”: es decir, la financiación ilegal de hasta 17 millones de facturas falsas vía una agencia de comunicación (Bygmalion) para su campaña en el 2012.

La guerra. En materia de política exterior, Sarkozy fue uno de los principales defensores de la intervención de la OTAN en Libia en el 2011, que llegó a provocar el derrocamiento de Muamar Gadafi. Independiente de lo que uno opine de Gadafi, esta intervención fue un fracaso total: desestabilizó Libia, que todavía no tiene un gobierno nacional legítimo, y se convirtió en un corredor de migrantes ilegales y la nueva base del Estado Islámico.

Además, las motivaciones del entonces presidente de Francia para esta intervención siempre estuvieron sujetas a sospechas, incluso porque Sarkozy había recibido con grandes honores a su homólogo libio en una visita oficial de cinco días en diciembre del 2007. Le Monde y Mediapart (periódico independiente y colaborador de La Silla Vacía) reveló la posibilidad de una financiación de Gadafi (se habla de 50 millones de euros) a la campaña de Sarkozy en el 2007. La investigación oficial se inició en el 2013, pero algunos interpretan la postura de Francia frente a Gadafi como un esfuerzo por eliminar las pruebas de la financiación oculta.

Nicolás Sarkozy también fomenta un espíritu de guerra dentro de Francia. Manipula el principio histórico de separación entre la religión y el Estado (“la laïcité”) para estigmatizar la minoría musulmana en Francia y, en general, a los emigrantes. Violó personalmente este mismo principio para afirmar su cercanía a la Iglesia católica y a los representantes de la religión judía. Durante la campaña del 2012, Sarkozy no dudó en aprovecharse de la islamofobia y nutrirse de ella para buscar los votos de los electores del Frente Nacional, el partido de extrema derecha de Marine Le Pen. Su estrategia fracasó porque chocó con la oposición de la derecha clásica y republicana, pero Sarkozy parece determinado a usarla de nuevo para ganar las elecciones presidenciales del 2017. En un contexto social y político tenso, marcado por los atentados en contra de Charlie Hebdo, en las calles de París y en la costa de Niza, el expresidente propicia la teoría de una guerra de civilizaciones y está dispuesto a sacrificar “los artificios jurídicos” —la protección de las libertades previstas por la Constitución— para aumentar la represión en el marco de la “guerra contra el terrorismo”. Sarkozy apoyó a los alcaldes (miembros de Les Républicains) que emitieron decretos municipales para prohibir el uso del burkini en las playas entre las mujeres musulmanas en el sur de Francia. Estas decisiones fueron declaradas ilegales por el Consejo de Estado.

La exclusión. Los valores y métodos de Sarkozy son similares a los populistas defensores del No en Colombia o del Brexit en el Reino Unido. Durante mucho tiempo, su modelo político fue el del emprendedor racista, xenófobo y sexista de Berlusconi (expresidente de Italia) y ahora admira el “habla franca” de Donald Trump. La ideología de Sarkozy es clasista. Las escuchas realizadas por su exconsejero político Patrick Buisson (Sarkozy también tiene “compañeros que no cuidan la comunicación”) revelan varias características del expresidente, de su esposa Carla Bruni y de sus colaboradores cercanos: el desprecio del pueblo, la arrogancia clasista y una obsesión obscena por el dinero.

Sarkozy se presenta como el guardián de la seguridad de los franceses, cuando fue uno de los grandes responsables de la desorganización de la policía nacional para enfrentar el terrorismo. Como presidente, promovió una visión excluyente de la “identidad nacional” francesa, promocionó “los beneficios de la colonización” del continente africano y ofendió a millones de personas al declarar en Dakar (Senegal) que el hombre africano se había quedado “fuera de la historia” de la humanidad. Se cree la voz de Francia cuando lo que representa es a su facción más privilegiada, y se presenta como un hombre nuevo y un gran salvador cuando ha sido parte de la élite gobernante desde hace décadas. Promueve medidas políticas ineficientes o dañinas, y niega su responsabilidad en la situación actual del país. Los periodistas se cansan de hacerle “fact-checking” a todas sus intervenciones públicas, porque son una acumulación de mentiras, imprecisiones y mala fe. Cuando la polémica sobre la promoción de un enfoque de género en las escuelas públicas emergió hace alrededor dos años, Sarkozy se pronunció en contra de la “teoría del género” y propuso por mucho tiempo la derogación de la ley de mayo del 2013, que autorizaba el matrimonio igualitario (“mariage pour tous”) antes de cambiar de opinión.

Así es el candidato de Íngrid Betancourt: desde muchas perspectivas, el “nacional-liberalismo” de Sarkozy (una mezcla de liberalismo económico y conservadurismo social e identitario) se parece al conservadurismo cristiano y finquero de Álvaro Uribe. Su campaña para las elecciones del verano del 2017 se va a parecer a la campaña “barata” del No en Colombia. No acabo de entender cómo Íngrid Betancourt puede llegar a ser tan contradictoria, apoyar un proyecto de sociedad en Colombia (transparencia y paz) y uno totalmente opuesto, corrupto y belicoso para Francia. Íngrid Betancourt reconoce que Sarkozy cometió “errores” en el pasado; sin embargo, según ella, el expresidente fue “capaz de cambiar”, concediéndole una amnistía moral mientras la justicia no termina de pronunciarse sobre las investigaciones que corren en su contra. ¿Qué le pasó a la fundadora del partido Oxígeno Verde, que promovía la transparencia y la política limpia? Ver mas en: (https://www.amazon.co.uk/Sortir-national-lib%C3%A9ralisme-Croquis-politiques-2004-2012/dp/281110691X)

Sarkozy no “salvó” a Íngrid Betancourt de su secuestro por las Farc: entre todos los actores involucrados, el Estado francés fue el que apoyó su rescate —como siempre lo hace con todos sus compatriotas secuestrados en el exterior—. Espero que, tal como cambió de postura frente al posconflicto en Colombia, Betancourt cambiará de candidato para la elección presidencial de Francia en el 2017. En Francia y en Colombia… Même combat!

* Ph.D en ciencia política del Institut d’Etudes Politiques (Sciences Po)/CERI. Profesora de estudios políticos de la Universidad Libre de Bruselas.