Informe señala la urgencia de regular el uso de drones

Esta es el arma más usada por Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo.

Los aviones no tripulados se convirtieron en un recurso para todo: gobernantes locales los usan para vigilar las calles; algunos gobiernos para matar terroristas; otros para detectar inmigrantes y algunos más para espiar a sus enemigos. La razón del éxito de los drones no es otra que el poco riesgo que representa para quien lo opera (se hace desde un centro de mando), el bajo costo y las posibilidades de acceder a ellos. Casi todos los países ya han comenzado a fabricarlos y, los que no, tienen una amplia oferta.

Su uso se ha extendido tanto que incluso empresas como Amazon contempla una estrategia para repartir sus paquetes mediante aviones no tripulados para ahorrar costos. Se están adelantando investigaciones para que los cultivadores lo usen en agricultura, tratando de usar menos insecticidas y disminuir los daños ambientales, en ganadería, para vigilar un gran número de ganado, en la lucha contra la delincuencia en las grandes ciudades… en casi todo. Sin embargo, la idea de tener miles de ojos en el cielo, revelando detalles “privados” de muchas vidas resulta un lado sombrío de los drones.

La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, en sus siglas en inglés) realizó un informe a finales de 2011 en el que afirmaba que los drones supondrán una amenaza para la privacidad de los ciudadanos si las fuerzas armadas permiten su generalización. Un informe del Stimson Center acaba de señalar otro lado malo de esta herramienta. Según señalan los expertos, los ataques estadounidenses con drones (muy comunes en Yemen para luchar contra Al Qaeda; Pakistán y otros países con células terroristas) crean un “peligroso precedente” que puede ser imitado por otros países y provocar conflictos.

Estos aparatos manejados a distancia son una herramienta útil y están ¡aquí para quedarse”, reconocen los autores de la investigación, pero recomiendan que el presidente estadounidense Barack Obama debe levantar el velo que cubre a estos ataques, endurecer las normas para recurrir a ellos y verificar su utilidad.

“El creciente recurso a drones armados podría conducirnos a una pendiente resbaladiza hacia guerras continuas o más importantes”, insisten los autores, entre ellos el exgeneral John Abizaid, excomandante de las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente.
Los ataques de drones fuera del campo de batalla pueden "ser imitados por otros países" y alimentar la inestabilidad en varias regiones, señalaron al advertir que algunos países "no serían tan escrupulosos" como Estados Unidos en su uso.

En mayo, el presidente estadounidense había prometido levantar una parte del velo sobre los ataques de drones, afirmando que toda operación no debería "crear más enemigos que los que eliminamos en el campo de batalla". Pero aunque los ataques en Yemen y Pakistán se redujeron desde 2010, el secreto entorno a ellos no ha cambiado, lo que provocó críticas contra Obama.
El informe del Stimson Center llama a la administración Obama a adoptar una posición más transparente sobre el reconocimiento de ataques. Actualmente, los responsables estadounidense se limitan a reconocer la existencia de los ataques y no revelan los objetivos ni si había civiles entre las víctimas.
 

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