Intercambio de prisioneros en Ucrania

Se realiza la primera fase de un canje de 150 soldados ucranianos por 225 rebeldes prorrusos.

Un ucraniano, fiel al gobierno prooccidental, junto a su madre durante el acto de liberación de prisioneros de guerra en Lugansk, Ucrania. / EFE

El de Ucrania es uno de los conflictos que mayor tensión generaron durante 2014. Primero, las protestas antigubernamentales que crecieron desde finales de 2013 y terminaron con la huida en febrero del entonces presidente, Víktor Yanukóvich, hacia Rusia. Luego, la declaración de independencia y posterior adhesión de la península de Crimea a la Federación Rusa, con la cual el gobierno de Vladimir Putin empezó a pisar el terreno de sus vecinos. Después, la aparición en el este de Ucrania de milicias de separatistas prorrusos, con armamento supuestamente proveído por Moscú, que declararon sus propias repúblicas independientes en las regiones de Donetsk y Lugansk y sostienen una guerra con el gobierno central de Kiev, encabezado por el nuevo presidente Petro Poroshenko.

En casi un año de esta disputa territorial y política, que mantiene las relaciones entre EE.UU. y Rusia en su punto más bajo desde el fin de la Guerra Fría, se pactaron algunas treguas y firmaron los acuerdos entre delegados de Kiev y representantes prorrusos en Minsk, la capital de Bielorrusia, el 20 de septiembre, con la mediación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) y Rusia. Dicho pacto incluía un intercambio de prisioneros, la creación de una zona desmilitarizada de 30 kilómetros, el desminado de toda la zona de seguridad y la prohibición de la colocación de nuevas minas antipersonas.

Aunque no podía considerarse un acuerdo de paz ni un armisticio, lo pactado en Minsk pretendía consolidar el fin de las hostilidades. Pero todo lo escrito está aún por cumplirse. Desde septiembre los combates siguen y, según la ONU, los muertos ya son más de 3.000. Ucrania se ve hoy como un país que desaparece, o como el escenario de una futura “guerra a gran escala” —así lo ha advertido la Unión Europea— que podría tener resultados imprevisibles.

En la recta final del año, sin embargo, las partes parecían avanzar lentamente hacia la consolidación de algunos puntos de los acuerdos de Minsk. La semana pasada confirmaron un acuerdo para intercambiar 150 soldados ucranianos por 225 rebeldes, el cual, según Kiev, debía llevarse a cabo antes de una reunión ayer. La primera fase del intercambio empezó a última hora en la ciudad de Kostantinovka, unos 45 km al norte del bastión rebelde de Donetsk, e involucra a 30 cautivos de cada lado. El canje, visto por la comunidad internacional como un importante gesto humanitario en el marco del conflicto, fue presidido por el emisario de Kiev, Víktor Medvedchuk, y el ministro de Defensa de la autoproclamada república popular de Donetsk, Vladimir Kononov.

Entretanto, una tercera ronda de negociaciones programada para ayer quedó aplazada. Se trata de un encuentro crucial para debatir temas que llevarían cierta estabilidad al país antes del fin de año. Primero, se debatiría el alejamiento de las armas pesadas de la línea de frente para evitar que la población civil sea blanco de bombardeos. Segundo, el fin del bloqueo económico al territorio separatista, en donde Kiev ha dejado de pagar las prestaciones, incluidas pensiones. Tercero, la concreción por parte de Ucrania de un estatus especial para las regiones rebeldes.

De lograrse estos puntos, se podría empezar a aliviar la crisis humanitaria que atraviesa el país por causa del conflicto. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ha denunciado que más de un millón de personas han tenido que abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos, refugiados o demandantes de asilo.

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