Irak, en busca de la luz

Haidar al Abadi tiene 30 días para conformar una nueva administración que, entre otros desafíos, pueda hacerle frente al rápido avance del ejército del Estado Islámico.

Manifestantes muestran su apoyo al primer ministro Nuri al Maliki, quien deberá entregar el poder en un mes. / EFE

En un movimiento que busca destrabar el escenario político en Irak, el presidente iraquí, Fuad Masum (kurdo), nombró ayer un nuevo primer ministro: Haidar al Abadi (chiita), quien deberá formar en 30 días un nuevo gobierno con representación de todos los sectores. Durante este tiempo, el actual primer ministro Nuri al Maliki (chiita) continuará en el poder mientras se realiza la transición.

Esto quiere decir que durante el próximo mes Al Maliki, que aspiraba a un tercer mandato, continuará como cabeza de las fuerzas de seguridad, entre otras instituciones. Y es aquí en donde el panorama de Irak se oscurece un poco más, pues el actual primer ministro parece no tener mayores intenciones de abandonar el poder, más aún cuando ha estado tratando de cooptar desde 2006 cada gramo de autoridad bajo su oficina. Cosas como lo que hizo en 2012, cuando la Corte Suprema del país, bajo tremenda presión de Al Maliki, le entregó el control de la Comisión Electoral, además de otros órganos de vigilancia pública, al despacho del primer ministro.

El anuncio del presidente Masum es, hasta el momento, la señal más clara de la pérdida de poder de Al Maliki, en los círculos políticos de Bagdad y ante la comunidad internacional. Tanto Estados Unidos como Irán (país en donde se exilió el primer ministro durante la era de Sadam Hussein), han pedido la salida de Al Maliki, quien ha sumido a Irak en una profunda crisis de gobernabilidad que, en últimas, facilitó enormemente el avance de los militantes del Estado Islámico (EI).

Todo lo anterior no significa que Al Maliki abandonará el control del país, o al menos no del todo ni pronto. Bajo su orden, fuerzas especiales del ejército comenzaron a tomar el domingo posiciones claves alrededor de Bagdad, así como en la llamada Zona Verde, el centro del gobierno iraquí y sede de varias misiones diplomáticas extranjeras. Los opositores del primer ministro señalaron que el funcionario ha creado varios cuerpos de seguridad irregulares que responden directamente a sus órdenes.

Este escenario no sólo resulta potencialmente trágico, sino algo paradójico, pues el ejército, que no fue suficientemente fuerte para detener el avance del EI en el norte del país, ahora sí parece mostrar la fuerza necesaria para retener a Al Maliki como primer ministro.

Si la posición de Al Maliki es, en efecto, usar la fuerza para retener su cargo, la capital podría caer en una espiral de violencia entre los mismos chiitas, algo que a la larga sólo beneficiaría al EI. En el Irak de estos días, el avance del Estado Islámico parecería estar íntimamente relacionado con la crisis política de Bagdad, y viceversa. La designación de un primer ministro sirve, quizá, no sólo para destrabar la formación de un nuevo gobierno, sino también la relación con las potencias extranjeras, principalmente con Estados Unidos, cuya intervención militar ha estado ligada a la protección de posiciones de los kurdos, principalmente su capital regional, Erbil.

Un nuevo gobierno, quizá, podría incluir ayuda militar para el ejército iraquí, que básicamente pasó a defender los accesos a Bagdad después de perder poblaciones como Mosul ante el EI o Kirkuk, que hoy resguardan los guerreros kurdos conocidos como peshmergas. El Pentágono anunció el lunes que los ataques militares de EE.UU. sólo se limitarán a defender la ciudad de Erbil: “Los bombardeos efectuados hasta ahora sólo han tenido efectos temporales sobre EI, no hemos contenido la amenaza ni desbaratado el empuje”.

Haidar al Abadi, ahora designado como primer ministro, fue ministro de Telecomunicaciones durante la ocupación de Estados Unidos (que se alargó ocho años, entre 2003 y 2011) y se desempeñaba como vicepresidente del Parlamento iraquí luego de las elecciones legislativas del 30 de abril de este año.

Al Maliki aseguró que luchará en las cortes contra la designación de Al Abadi, aunque no resulta claro si tomará medidas adicionales para perpetuarse en el poder. 

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