Irán, a las urnas

Habla Hooshang Amirahmadi, uno de los 592 candidatos a los que las autoridades religiosas “recomendaron” no registrar su candidatura.

Hooshang Amirahmadi, de 64 años, es un ciudadano estadounidense-iraní que, por motivos de seguridad, no oficializó su candidatura a la presidencia de Irán.
Hooshang Amirahmadi, de 64 años, es un ciudadano estadounidense-iraní que, por motivos de seguridad, no oficializó su candidatura a la presidencia de Irán.

Los iraníes eligen hoy un presidente entre una lista de ocho candidatos previamente seleccionados por el Consejo de Guardianes de la Revolución Islámica. El favorito es Said Jalili, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, cabeza de las negociaciones nucleares con Occidente y muy cercano al ayatolá Jamenei, el “líder supremo” desde la Revolución de 1979. Los 592 candidatos ajenos a los intereses del régimen fueron descartados antes de los comicios.

El cuestionamiento de la democracia iraní es viejo en Occidente. Viene desde esa Revolución de 1979 que derrocó al sha, quien vendía petróleo a Washington, y en la que subió al poder el islamista Jamenei, quien rompió el vínculo entre EE.UU. e Irán —países que desde entonces mantienen amenazada la seguridad mundial—. La crisis de 66 estadounidenses retenidos en Teherán marcó la manera como EE.UU. —con su influencia en Occidente— comprende a los persas. Fueron 444 días en que los estadounidenses vieron por televisión la tortura de sus compatriotas, secuestrados por hombres de turbante y fusil.

Hooshang Amirahmadi es un ciudadano estadounidense-iraní que intentó aparecer hoy en el tarjetón electoral. Ya lo había intentado en los comicios de 2005, pero en ningún caso se le permitió oficializar su candidatura. Es fundador del Concejo Estadounidense-Iraní y ha trabajado por la normalización de las relaciones entre ambos países. Amirahmadi, entrevistado por El Espectador, dice que las diferencias entre persas y norteamericanos se deben a que las heridas del 79 no han sanado. Él pretendía “romper ese punto muerto en la construcción de confianza entre las naciones”, para resolver luego los dilemas sobre democracia, derechos humanos y armas nucleares. Por ahora, según el abanico electoral aprobado por las autoridades religiosas, las fricciones entre ambos estados seguirán igual.

¿Por qué decidió no oficializar su candidatura a último momento?

Mi candidatura no fue rechazada por el Consejo de Guardianes. Otro sector del Gobierno me recomendó que no me registrara. Dijeron que si me registraba tendrían que rechazarme, pero no querían hacerlo. Me lo recomendaron porque mi campaña era demasiado popular y podría salirse de control y crear desorden en el país. Estaban preocupados por mi seguridad, porque la situación no era favorable para mí con las fuerzas de derecha. “No estamos listos para su presidencia”, me dijeron. Me pidieron que esperara a las próximas elecciones. Acepté retirarme porque me pareció un riesgo muy serio, aunque nunca fui amenazado.

¿Se puede hablar de democracia en Irán?

No son unas elecciones democráticas. Están muy manipuladas, no son libres. Ningún candidato promete un cambio significativo. Hay algunas diferencias entre ellos, pero son diferencias entre la derecha y la extrema derecha. No hay un reformista. El criterio que usaron para seleccionar a los candidatos fue aceptar a los que son más seguros para la continuidad del régimen. No esperemos cambios importantes en Irán en el futuro cercano.

¿Las negociaciones nucleares entre Irán y el P5+1 están llevando a alguna solución?

No. El problema de estas conversaciones es que no tratan la cuestión central entre EE.UU. e Irán: la Revolución islámica. La cuestión nuclear pasa a ser el tema de actualidad, pero no está en el centro. Si se resuelve el problema nuclear, entonces pelean por Hizbolá y Hamás, o por los derechos humanos, o por Israel, y así sucesivamente. La cuestión fundamental es que EE.UU. aún no ha aceptado que Irán es un estado revolucionario; EE.UU. aún no ha aceptado la Revolución islámica. Al mismo tiempo, Irán sigue considerando a EE.UU. un país imperialista, a través del lente de la Revolución islámica.

¿Cuáles son las heridas de la Revolución que no se han curado?

La Revolución islámica iraní tenía dos objetivos: el derrocamiento de la dictadura del sha y el fin del dominio del imperialismo de EE.UU. en Irán. El primero se logró. El segundo se convirtió en una lucha continua entre la República Islámica y EE.UU. La lucha comenzó con EE.UU. tratando de moderar o cooptar a algunos líderes revolucionarios, lo que fue respondido por los estudiantes de la línea del imán tomando a estadounidenses como rehenes. EE.UU. respondió con sanciones y apoyó la guerra de Sadam Hussein contra Irán. Desde entonces, este conflicto se ha deteriorado cada vez más, con EE.UU. usando sanciones y políticas de desestabilización, e Irán tratando de vengarse dándole tiempos difíciles en Afganistán, Líbano e Irak.
Las acusaciones de EE.UU. han ido desde el apoyo al terrorismo hasta el desarrollo nuclear y los derechos humanos. Mientras tanto, Irán sigue culpando a EE.UU. de todos los males que se infligen a la República Islámica o al islam. Este conflicto ha destruido la confianza entre los dos países; la falta de confianza es el factor clave en la falta de comunicación.

Después de las sanciones económicas impuestas contra Teherán a raíz de las sospechas por su programa nuclear, ¿cómo está la economía iraní?

Entre los asuntos que los iraníes enfrentan a la hora de elegir su presidente, la economía es el más importante. Con una alta tasa de inflación, desempleo generalizado, crecimiento lento, baja productividad, caída de la moneda nacional, disminución de los ingresos y aumento de la pobreza, casi nadie es inmune al pésimo estado de la economía. Esto es lamentable, ya que Irán es en realidad un país rico, con grandes recursos naturales, mano de obra altamente educada, tierras de cultivo, diversos climas, acceso a recursos de agua estratégicos, y muchos otros atributos favorables.
La falta de adecuación entre los logros económicos de Irán y sus ricos recursos tiene en gran parte su origen en la mala gestión y las sanciones económicas. Entre los candidatos, ninguno está capacitado para liderar una economía tan compleja.
La crisis económica ha hecho que crezca el inconformismo en Irán.

¿Debemos esperar algo como una “primavera iraní”?

La gente está inquieta. Hay mucha tensión. Se puede decir que la primavera iraní está latente, escondida. Pero en Irán hubo una revolución hace 30 años. Me parece que después de eso, los iraníes no están tanto para manifestaciones o “primaveras”, sino para revoluciones completas.

¿Qué balance hace del gobierno de Mahmud Ahmadineyad?

Estuvo bien para la gente pobre. Les dio dinero y subsidios para vivienda, educación y salud. Puso más dinero en las manos de los pobres que cualquier gobierno anterior. Pero no funcionó para el desarrollo del país como un todo, ni para aliviar los problemas de la política exterior ni interna. Fue una fuerza que generó muchas divisiones.

El régimen iraní maneja una retórica hostil contra Israel. ¿Cómo cambiarla?

Entre Israel e Irán no hay disputas territoriales, ideológicas, religiosas, ni históricas. El único problema entre los dos emana de la Revolución de 1979, que consagró en su Constitución iraní el apoyo de “los oprimidos”. Se identificó entonces a los palestinos como un pueblo oprimido. Por lo tanto, mientras los palestinos no tengan Estado soberano, la relación entre la República Islámica e Israel seguirá siendo conflictiva. En mi opinión, la única solución al conflicto palestino-israelí es la de dos estados. Si eso fuera posible, la animosidad de Irán hacia Israel desaparecería.