Israel compra máscaras antigás a empresas que las vendieron a los nazis

Las dos firmas fabricaron las máscaras que utilizaron los soldados nazis para protegerse cuando entraban en las cámaras de gas de los químicos que se utilizaron para matar a millones de judíos en Auschwitz.

EFE

Israel compra desde hace décadas máscaras antigás a proveedores que las fabricaron y vendieron para los nazis que mataron a judíos en cámaras de gas, informó el diario israelí Yediot Ahronot. (Vea: Conmovedoras imágenes del Papa Francisco recorriendo campos de concentración nazi)

El país compra las máscaras a dos empresas, una de ellas la alemana Drager y la otra la estadounidense MSA, que anteriormente era alemana y se llamaba Auer.

Según se ha descubierto recientemente, ambas firmas fabricaron máscaras que utilizaron los soldados nazis para protegerse cuando entraban en las cámaras del gas de los químicos que se utilizaron para matar a millones de judíos en Auschwitz y otros campos de concentración.

El diario asegura que las dos compañías son proveedores habituales del país y que incluso gozan de una exención de presentarse a concursos.

Sus equipos son adquiridos por el Ministerio de Defensa, el cuerpo de Bomberos, los Ferrocarriles de Israel, la Policía, el Servicio de Prisiones y otras instituciones.

El uso de sus equipos consta en una investigación del Museo del Holocausto de Jerusalén, Yad Vashem, asegura el Yediot.

El diputado Oren Hazan ha presentado una propuesta de ley para prohibir que el estado haga negocios con empresas que colaboraron con el régimen nazi.

Desde la Guerra del Golfo, en 1991, y hasta hace poco, Israel distribuía máscaras antigás a toda su población, por lo que las adquiría masivamente.

En 2013, la demanda pública de estas al Servicio Postal israelí (que se encarga de su suministro) llegó a cuadriplicarse, ante el temor de la población de una posible intervención de Estados Unidos en Siria.

En enero de 2014, las autoridades anunciaron el abandono de la política de distribución de estos artilugios, al considerar que se había producido un descenso "drástico" de la amenaza de ataque con armas químicas.

Se apuntó también a su posible ineficacia para combatir algunos agentes similares al gas nervioso y a razones económicas, ya que cada equipamiento tiene un coste de 100 dólares y la población es de ocho millones de habitantes.

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