Lo que Israel no niega

Un día después de la provocadora visita del líder israelí Ariel Sharon a la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, se desató la segunda Intifada del pueblo palestino contra Israel.

Muhammad al Dura en la imagen que recorrió el mundo, tomada el 30 de septiembre de 2000.
Muhammad al Dura en la imagen que recorrió el mundo, tomada el 30 de septiembre de 2000.

Los enfrentamientos armados que bulleron por toda la Franja de Gaza hicieron coincidir a tres hombres en una misma historia que conmovió al mundo. El 30 de septiembre de 2000, Muhammad al Dura, de 12 años de edad, fue asesinado por el fuego cruzado en la zona de Netzarim; Talal Abu Rahma, periodista de la cadena de televisión France 2, registró con su videocámara varios minutos de la impotencia con que Jamal, padre del niño, pedía socorro y abrazaba a su hijo detrás de un bloque de concreto mientras las balas zumbaban en derredor. La historia fue noticia y causó el repudio global contra el ejército israelí.

Hace unos días un informe del Ministerio de Defensa de Israel puso en duda la veracidad de esos acontecimientos. Según los avances del reporte firmado por los investigadores Moshe Yaalon y Yossi Kuperwasser (actual ministro de Asuntos Estratégicos de ese país), Muhammad al Dura no sólo habría salido vivo del incidente, sino que ni siquiera habría sido herido durante el cruce de disparos. El inquietante reporte, para el que fueron precisos varios años de investigación, está soportado por expertos del Instituto de Tecnología de Israel, quienes llegaron a varias conclusiones controversiales: la sangre en el abdomen de Al Dura sería en realidad un pañuelo rojo, los tenues movimientos en el brazo derecho del niño —que en ese instante se halla tendido en el suelo— serían prueba de que está ileso, e incluso afirman que los disparos no provienen del ejército israelí, sino de los propios palestinos.

El reporte no explica por qué, no obstante los hallazgos, Al Dura está muerto. Pero ese espacio de duda es suficiente para albergar las más absurdas suspicacias. El diario israelí The Jerusalem Post insinúa que se trató de una conspiración contra Israel. En sus artículos sobre el caso pueden leerse frases con doble sentido como esta: “Hoy, Al Dura debería tener cerca de 25 años y estar vivito y coleando (a menos que hubiese sido asesinado en un incidente separado)” (Muhammad Al-Dura: the Boy Who Wasn’t Really Killed, 05/12/13).

Más allá de que las pruebas demuestren o no que Al Dura fue asesinado, las razones por las que Israel dedica estos esfuerzos ingentes a controvertir esa hipótesis apuntan a la necesidad de borrar su nombre de la picota internacional. Al Dura se instaló en la mente de millones de espectadores que vieron en su historia un ejemplo de la brutalidad con que Israel respondía, por segunda vez, a las manifestaciones de la población civil palestina. Aunque el mártir llegó a ser usado por grupos terroristas como Al Qaeda en sus discursos de reclutamiento, nadie estuvo dispuesto a creer que la muerte de un niño inocente podía estar justificada. La imagen de Al Dura, desfalleciendo en los brazos de su padre, valió más que mil palabras. Y es posible que valga aún más que las mil páginas de un reporte.

Tal vez lo más preocupante de todo esto sea precisamente lo que Israel no niega. Khaled Diab escribió estas palabras, el 26 de mayo de este año, para el diario israelí Haaretz: “A diferencia de los judíos de antaño, quienes en realidad fueron víctimas indefensas, Israel posee un enorme poder y una determinación de acero para usarlo, como se refleja en el hecho de que Al Dura no fue un incidente aislado, sino que alrededor de un millar de menores palestinos fueron asesinados durante la segunda Intifada”. Las estadísticas de B’Tselem, el Centro Israelí de Información en Derechos Humanos para los Territorios Ocupados, confirman esa información: entre el 29 de septiembre de 2000 y el 26 de diciembre de 2008, 951 menores palestinos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad israelíes. Habrá que esperar hasta conocer el informe completo del Ministerio de Defensa de Israel para saber si, después de varios años de investigación, la escalofriante cifra disminuye a la —¿tranquilizadora?— cifra de 950 víctimas.

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